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EL IDIOMA: Un dicho, sujeto, labrantío, retozar

Por: Efraim Osorio (En La Patria, de Manizales) y SOFOCLES, (El Espectador, Bogotá)

El periodista Juan Gossaín (Colprensa-archivo)

El periodista Juan Gossaín atribuye el origen del dicho “tras de cornudo, apaleado” -“y ambos satisfechos”, agrega otra enunciación- a la tradición paraguaya de castigar a los cónyuges que, por dinero u otros beneficios, se prestaban a la infidelidad de la mujer, paseándolos viringos por el pueblo, con cuernos y cascabeles en la cabeza, montados en un burro, y tras ellos un verdugo azotándolos con un foete (El Tiempo, 5/6/2015). Otra cosa dice José María Iribarren en ‘El porqué de los dichos’: “El maestro Correas, en su ‘Vocabulario de refranes’ del primer tercio del siglo XVII explica así la historia burlesca que dio origen a esta expresión: “El ama dijo al criado que, en durmiéndose el marido, se fuese a ella tras la cama. Llegó el mozo y, teniéndolo asido por la mano, despertó al marido, y le dijo que el mozo la habría requerido y que ella se citó con él en el corral, que él se vistiese las ropas de ella y le fuese a esperar y le castigase. Fue el pobre hombre engañado… y estuvo esperando abajo. En terminando, el mozo bajó con un garrote y, haciéndose el leal, apaleó al amo, como si fuera el ama, diciendo: Bellaca; ¿a mi señor había yo de hacer tal agravio, ni vos traición? (El amo quedó apaleado, burlado y satisfecho de la fidelidad de la mujer y de la del mozo)”. Según la misma fuente, en el siglo XVI está registrado este dicho por Juan de Mal Lara, con esta enunciación: “Cornudo y apaleado, mandadle bailar”, porque el ‘poderoso’, además de ofender al marido burlado, lo obligaba a bailar.

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Estas feministas recalcitrantes están convirtiendo nuestro idioma en una colcha de retazos. ¿La prueba? -La siguiente frase de la congresista Ángela María Robledo: “…así como las mujeres han sido víctimas también han sido sujetas de cambio y…” (LA PATRIA, 9/6/2015). Así redactada, la sintaxis de la frase pide que el atributo sea un sustantivo, ‘sujeto’ en este caso, masculino gramaticalmente, variable sólo en número, porque es “el ser del cual se afirma o niega lo expresado en una proposición”. “…las mujeres han sido sujetos de cambio…”. El término ‘sujeto’ es variable en género y número sólo cuando es adjetivo o participio pasivo, por ejemplo, “las mujeres están sujetas a cambios y transformaciones”. Tratar de modificar esta doctrina no deja de ser un capricho equivocado y bobo.

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No hay ninguna posibilidad de que el columnista Jaime Alzate Palacios hubiese confundido los adjetivos ‘labrantío’ y ‘labrador’ en este lamento: “…debieron refugiarse en las grandes ciudades con sus pequeños hijos y sus perros labrantíos” (LA PATRIA, 13/6/2015). Lo aseguro, porque en ella no se refiere al ‘perro labrador’, “perro de muestra, originario de la península del Labrador, en Canadá” (Moliner), sino a cualquier perro, como “el mísero can, hermano de los parias”, del maestro Valencia (Anarkos). Tampoco puede decirse que un perro sea ‘labrador’ con la acepción de ‘campesino, labriego’ (“persona que se dedica a las faenas del campo”), significado que sí puede aplicarse a animales aptos para trabajar el campo, como los bueyes. El adjetivo ‘labrantío-a’ sólo se dice de las tierras laborables, con sus sinónimos de ‘labradero’, ‘labradío’ y ‘sembradío’. En resumen, no supe qué quiso decir el columnista con sus ‘perros labrantíos’.

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Los verbos intransitivos -lo he anotado en diversas oportunidades, pero no sobra repetirlo- no admiten complemento directo. El verbo ‘retozar’ (“estar una persona ocupada en juegos amorosos”) es uno de ellos. En su artículo sobre los inconvenientes que padecen los vecinos del Cerro de Oro (Manizales), el columnista Jorge Alberto Gutiérrez escribió: “…el vecindario se llenó de ‘intrusos’ que hasta retozan sus hazañas a plena luz del día…” (LA PATRIA, 15/6/2015). Sobra el complemento directo ‘sus hazañas’, pero falta el circunstancial para redondear la idea pretendida, así: “…retozan con sus parejas a plena luz del día”. Es necesario este complemento, porque el verbo tratado significa también esto: “Dicho de una persona o de un animal: Saltar y corretear alegremente. // Dicho de una emoción: Avivarse sin llegar a aflorar por completo”, acepción esta última que tiene esta frase de El Quijote: “…a ellos les retozaba la cólera y la risa en el cuerpo” (II-XXXII).

LA GAZAPERA DE SÓFOCLES

Insiste la Fundéu, Fundación del Español Urgente, entidad con excelente respetabilidad y credibilidad, en que la forma adecuada para llamar a la mujer que arbitra un partido de fútbol o cualquier otra cosa es «la árbitra». Estoy de acuerdo con la Fundéu en que las formas «la árbitro» y «el árbitro» son inadecuadas como inadecuadas son «la juez», «la concejal», «la coronel» aunque estén aprobadas.

El único argumento que ha esbozado la entidad lingüística es la malsonancia del conjunto «el árbitra». ¿Quién que en público se haya atrevido a decir «la agua» o «la águila» (hasta el corrector de Word me los corrigió) no ha sido abucheado por compañeros y profesores con el argumento de que esas expresiones son malsonantes e incorrectas? Aquélla es malsonante si cumple la norma, y éstas, si la incumplen. La malsonancia, entonces, es relativa.

Cuando empezaron a salir de las universidades médicas, abogadas e ingenieras eran nombradas en masculino porque en femenino eran malsonantes. Hoy en día son malsonantes si se las llama en masculino. Las poetisas, las sacerdotisas de la Iglesia anglicana y algunas disidentes de la Iglesia romana rechazan sus femeninos por malsonantes (las poetisas agregan el argumento de la denigración).

Como defensor de la «jurisprudencia» gramatical, me parece un desastre abrir la puerta para utilizar la forma «la» ante sustantivos que empiecen por «a» tónica. El uso hace perder la malsonancia y dentro de una o dos generaciones al decir «la agua» ni el corrector de Word se mosqueará.

Cuando se empezó a decir «gerenta» y «presidenta» también fueron calificadas de malsonantes, hoy en día son normales. Así, cuando me preguntan por qué no se dice «estudianta» ni «adolescenta», mi respuesta es: «Úselas y llegarán al Diccionario». Cuando me preguntan por qué no se dice «periodisto» ni «ciclisto», digo: «Ya existe “modisto” eso da curso a cualquier “-isto” que usted proponga.

fútbol femenino: arqueras, delanteras…(FUNDEU)

 

(vanguardia.com)

(vanguardia.com)

Con motivo de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015, se ofrecen las siguientes claves para escribir adecuadamente los sustantivos femeninos de las jugadoras que disputan un partido, así como los nombres apropiados para designar a las demás participantes:
1. La expresión la árbitra, con artículo femenino, es la adecuada, y no la árbitro ni el árbitro.
2. Tanto la jueza de línea como la juez de línea son expresiones adecuadas, así como la linier, opción también válida y recogida en el Diccionario académico, no así la liniera.
3. La entrenadora, si quien desempeña tal función es una mujer, se encarga de preparar al conjunto de jugadoras seleccionadas. Otra opción es la técnica, no la técnico. No resulta aconsejable, en cualquier caso, la míster, pues este sustantivo inglés tiene como referencia a un hombre.
4. Arquera, cancerbera, meta, guardameta o portera son, entre otros, los sustantivos apropiados para referirse a la jugadora encargada de defender la portería propia.
5. Defensora o zaguera son voces indicadas para designar a la jugadora cuya misión principal es proteger a su equipo de los ataques del contrario. El sustantivo defensa se utiliza para aludir tanto a la línea defensiva como a cada una de sus integrantes. La futbolista que recorre un costado puede llamarse carrilera o, si no se hace hincapié en su tendencia a subir y bajar la banda, la lateral derecha/izquierda, mejor que la lateral derecho/izquierdo.
6. Tanto la mediocampista como la centrocampista son femeninos apropiados para referirse a la jugadora que ocupa la línea media o medular.
7. La atacante es una forma adecuada de aludir a las futbolistas que ocupan la línea más ofensiva. El sustantivo delantera se emplea tanto en relación con la línea delantera como con cada una de sus integrantes. La que se sitúa en el medio se llama delantera centro. En el caso de la jugadora que ataca por las bandas, se aprecia una gran vacilación entre la extremo derecho/izquierdo, la extrema derecha/izquierda y la extremo derecha/izquierda, siendo esta última la forma acorde con la vigesimotercera edición del Diccionario académico.
8. Se llama capitana, mejor que la capitán, a la jugadora que encabeza un equipo deportivo.
Aunque muchas de estas denominaciones se han venido usando como comunes en cuanto al género (el/la portero), el uso actual tiende a priorizar las variantes femeninas especializadas (la arquera, la delantera), que en muchos casos aparecen ya desdobladas como en el Diccionario (el capitán/la capitana).
Esa tendencia se constata especialmente cuando estos sustantivos se escriben en plural (las porteras/delanteras, más habitual que las porteros/delanteros) o acompañados de algún adjetivo: la portera mexicana, más frecuente que la portero mexicana.
EN POCAS PALABRAS (Jorge Luis Borges)

Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.

¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.

Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?

Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.

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