Al instante

El festival de las cortinas de humo

Editorial REDGES

¿La senado-periodista Paloma Valencia? Foto Revista Semana

Los ‘chachos’ del periodismo ni siquiera se han notificado de que tienen colega senadora en ejercicio

“Y un espíritu burlón, que entre las sombras había

 (…), se reía, se reía”: La musa del arroyo

El episodio de la senadora Paloma Valencia, al negarse a revelar la fuente que le suministró el vídeo que reveló contra Petro, apelando al secreto profesional de periodista, ha arrojado otra arista que refuerza la iniciativa de revivir la tarjeta profesional que dilucide, sin artimañas, el concepto que gravita en torno a la libertad de expresión y difusión de informaciones y opiniones a través de medios masivos de comunicación, impresos y radioeléctricos.

Independientemente de que se pueda o no ser senadora y periodista al mismo tiempo, lo que debe discutirse, al menos desde la óptica del periodismo, es, qué califica a una persona como periodista dentro de los medios de comunicación masivos, incluyendo las redes sociales, ahora que su influencia en la opinión pública es predominante.

Si la connotación de periodista se alcanza automáticamente por la mera actividad de ejercer libremente la función de expresar y difundir informaciones y opiniones a través de los medios de comunicación, entonces, todas las personas hoy en día, en virtud de los desarrollos tecnológicos y facilidades que nos ofrecen las redes sociales, somos periodistas y, en tal caso, todos podríamos invocar en cualquier apuro judicial el secreto profesional, tal como lo ha hecho la senadora Valencia.

En alguna época se intentó definir al periodista como la persona que habitualmente dedica su mayor tiempo a la labor de expresar y difundir informaciones y opiniones a través de medios masivos de comunicación. Una definición de este alcance, no limitaría a nadie en su “libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones”, pero sí distinguiría al que asume esa actividad como propósito de vida y, de paso, solo este profesional en ejercicio quedaría amparado por el secreto profesional como un derecho. Porque, si una persona como la senadora Valencia, u otra cualquiera, puede invocar el secreto profesional para elaborar, con base en subjetividades y parcialidades políticas, comentarios propios de su pensamiento y opinión, este derecho-deber, así utilizado, sería igual a las patentes de corso que se expedían a los caza-recompensas en los siglos XVI y XVII en la época de la Conquista de América.

En el caso de la senadora, ni siquiera se requiere precisión legal como la que se sugiere atrás. La misma Corte Constitucional ha definido el secreto profesional como aquella información que se consigue en el ejercicio de la profesión amparada por este derecho-deber, como los médicos, los abogados y los periodistas, entre otros. Nadie con razón discutiría que la senadora adquirió el video de Petro con fines políticos –no periodísticos–, y si insiste en ello, entonces sí puede caer en la inhabilidad que señala el mismo Petro:

La papa está caliente y en las manos de Paloma. Y, como señalara alguien en las redes sociales, miren dónde vamos: comenzamos asistiendo a un debate de control político en donde el acusado principal era el fiscal general; de ahí pasamos a un video en donde el acusado principal es Petro, y de aquí, estamos pasando un tema en donde la acusada principal es la senadora Paloma Valencia…

 “Y un espíritu burlón, que entre las sombras había (…), se reía, se reía”: La musa del arroyo.

Acerca de Revista Corrientes (3176 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas