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El drama humanitario de los migrantes irregulares

Por Socorro Ramírez* (razonpublica.com)

La crisis de los migrantes en Turbo, Antioquia Foto eltiempo.digital

El gobierno de Colombia, igual que los demás gobiernos implicados, se ha limitado a deportar a estas miles de personas que atraviesan situaciones realmente dramáticas. Falta más cooperación entre los países que hacen parte de estas rutas.

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Migrantes extranjeros concentrados en el municipio de Turbo, Antioquia

Migración por Colombia
Durante el primer semestre de 2016, Migración Colombia detectó 9.377 migrantes irregulares en el territorio colombiano. Y este número crece cada día: en 2015 se habían registrado 8.855. Según su nacionalidad de origen, estos migrantes se dividen así:

Haití, 3.516;
Cuba, 3.010;
Congo, 457;
Ghana, 409;
Senegal, 330;
Nepal, 307;
Bangladesh, 229;
Pakistán, 162;
Somalia, 118;
India, 95;
China, 15 (se han reducido); y
Siria, 9.
Estos migrantes vuelan a Brasil o Ecuador y atraviesan Colombia con la esperanza de pasar a Centroamérica y México, para así llegar a Estados Unidos o Canadá.

-El número de migrantes haitianos ha amentado desde el terremoto de enero de 2010, con su expulsión de República Dominicana y debido a la incertidumbre reinante en Haití. Brasil les otorgó visado humanitario y, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre 2012 y 2015 el flujo pasó de 1.255 a 20.548 haitianos. También Ecuador, les dio permiso especial para ingresar y permanecer 90 días. Sin embargo, los problemas económicos de ambos países han impulsado la salida de haitianos de Brasil y Ecuador y su tránsito por Colombia.

-Igualmente, más de 40.000 cubanos han migrado en los dos últimos años por los problemas de la isla, aprovechando la posibilidad recién abierta de vender vivienda y de viajar, y movidos por el temor de que la normalización de relaciones con Estados Unidos lleve a suprimir o restringir la Ley de Ajuste Cubano, que desde 1966 les otorga residencia, permiso de trabajo, ayudas sociales y reunificación familiar a los cubanos.

Por los constantes naufragios de balseros hacia La Florida, en 1994 Washington decidió que los migrantes interceptados en el mar fueran devueltos a Cuba y que los beneficios fueran otorgados a quienes pisaran territorio estadounidense. La ruta por avión se dirigió hacia Ecuador, país que, en 2008, suprimió la visa; pero como en 2016 volvió a exigirla, la migración se enrumbó hacia Guyana y aumentó a través de Brasil y Venezuela, adonde llegan en intercambio, aunque luego algunos desertan.

Una precaria concertación

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Funcionarios de la defensoría del pueblo vigilan la situación de derechos humanos de los migrantes en Turbo, Antioquia.
Foto: Defensoría del Pueblo

Los altos comisionados de Naciones Unidas para los refugiados y para los derechos humanos han pedido a los gobiernos de los países de tránsito suspender las repatriaciones involuntarias y otorgar permisos de residencia a estos migrantes.

Pero ningún gobierno oye el llamado a proteger la integridad y derechos de los migrantes, ni da condiciones dignas y no discriminatorias como lo exigen las convenciones internacionales. La coordinación intergubernamental es precaria y se limita a acuerdos para deportar:

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) ofreció apoyo a Haití y varios de sus miembros recibieron haitianos y suprimieron visas a los cubanos, pero Unasur no ha procesado este problema migratorio.
Por su parte, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) ha ignorado el asunto a pesar de que cuatro de sus cinco cumbres han ocurrido en países que están en el centro del problema: Venezuela, Cuba, Costa Rica y Ecuador.
Tampoco la Cumbre de las Américas en Panamá tocó el asunto con el presidente Barack Obama o con Raúl Castro.
Mientras tanto, los gobiernos del país de origen o destino se han desentendido del problema y los países por donde transitan los migrantes los suelen dejar en manos de traficantes de personas, los deportan, endurecen sus políticas migratorias o tratan de descargar el asunto sobre sus vecinos. Por ejemplo:

-Nicaragua cerró su frontera con Costa Rica el 15 de noviembre de 2015 para impedir el ingreso de 8.000 cubanos

-Costa Rica, un mes después cerró su frontera con Panamá, dejando a más de mil cubanos represados. A quienes ya habían entrado los impulsó a salir a través de un puente aéreo con El Salvador, Guatemala y México.

– El pasado 9 de mayo Panamá cerró la frontera con Colombia, envió a México a quienes pudieran pagar su transporte y a los otros los retornó a Colombia, donde, además, siguieron llegando los que habían iniciado su periplo desde antes.

¿Qué ha hecho el gobierno de Santos?
Según el gobierno, Colombia no puede convertirse en destino de migrantes a quienes no puede mantener. Por eso:

Asumió el cierre de la frontera que hizo Panamá como combate de la ilegalidad;
Acordó con Ecuador deportaciones y control de pasos fronterizos irregulares;
Estimuló la coordinación con autoridades migratorias de Panamá, Costa Rica y en la Red Iberoamericana;
Ha aumentado los controles conjuntos de Migración, Policía, Armada y guardacostas;
Ha procesado funcionarios corruptos que facilitan el tráfico de personas;
Ha capturado 86 “coyotes” o traficantes de personas;
Ha pedido a las autoridades cubanas no tomar represalia contra los deportados;
Conformó un comité de lucha contra el tráfico de migrantes, y
Adoptará un documento Conpes sobre migración irregular.
Migración Colombia ha deportado 5.800 migrantes ilegales en 60 días. Igualmente, ha conminado a salir a los cerca de tres mil que se han agrupado en Turbo, departamento de Antioquia, cuyo gobernador pidió cerrar la frontera con Ecuador.

Desde agosto de 2016 Migración despliega un plan de choque, controla el puente Rumichaca para impedir que a los migrantes entren; con la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar han revisado en Turbo la situación de cada migrante. El gobierno ha reiterado que no les concederá refugio porque no lo han pedido (pues están en tránsito) y que judicializará a quien permita su asentamiento irregular, empezando por el dueño de la bodega donde se reúnen.

Además, le han exigido a cada uno recoger un salvoconducto para salir en forma voluntaria hacia donde puedan, y deportarán a los que se nieguen. El resto se envía al país por donde entraron en forma legal.

Como México no recibe más vuelos de migrantes, Colombia ha decidido no volverlos a facilitar porque atraería a quienes están en espera o en camino –que calcula en más de 40.000- y se haría copartícipe del tráfico de migrantes.

Sin embargo, al no insistir en el corredor aéreo humanitario ni darles residencia temporal, Colombia está dejando a los migrantes en manos de los “coyotes” para que los lleven por selva o mar. ¿No podría Colombia abanderar con los vecinos y con la participación de Estados Unidos una política conjunta?

Un largo drama
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Vista aérea del Tapón del Darién, la selva espesa que separa los territorios de Panamá y Colombia.
Foto: Torrenegra
Es muy poca la protección que los gobiernos le dan a los migrantes frente a los peligros que enfrentan en su marcha clandestina (robos, maltratos, muertes). Estos delitos son perpetrados por autoridades corruptas (civiles, policiales y militares) o por redes criminales de tráfico de personas contra las cuales no existe un frente común, pues combatirlas exige coordinación entre los países de origen, de tránsito y de destino.

En su marcha desde Suramérica los migrantes sin visas se ven obligados a pagar más de diez mil dólares y luego se ponen en manos de “coyotes” que los aprovechan para todo tipo de negocios ilegales. Estos migrantes reciben apoyo de las gentes por donde pasan y adonde llegan arruinados, enfermos o heridos, con mujeres embarazadas e hijos pequeños, a buscar comida, agua, hospedaje. Pero acaban hacinados y tratando de sobrevivir en condiciones inhumanas, con riesgos sanitarios y de salud.

En Colombia, pequeños poblados que han sido víctimas también de violencia, pobreza y marginalidad, tienen que crear condiciones de sobrevivencia para los migrantes, al tiempo que enfrentan crisis humanitarias o de orden público.

Los cubanos, a diferencia de los migrantes de otros países, tratan de permanecer en grupo para sobrevivir, presionar y tener mayor capacidad de negociación. Recientemente, le dirigieron una carta al presidente Obama pidiéndole que facilite un corredor humanitario. En esta tarea recibieron apoyo de escritores, artistas e intelectuales cubano-americanos, quienes también le pidieron al presidente Santos que los ayude “a proseguir su camino” y que “no se convierta en su carcelero ni en la persona que troncha sus sueños”.

Está en curso una demanda de estudiantes de derecho de la Universidad de Antioquia para que no los deporten, pues con ello se violan derechos de niños, mujeres embarazadas, ancianos y de otros que, al ser devueltos a sus países, enfrentarían graves riesgos. Además, desde el 27 de julio están en trámite una tutela y una solicitud de medidas cautelares ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Pero ante la posibilidad de la deportación, muchos migrantes se entregan a traficantes para que los lleven a Capurganá, en Chocó, y los pasen a Panamá, caminando ocho días hasta cruzar la espesa selva del Darién. Otros buscan, desde Turbo, atravesar el Golfo de Urabá en embarcaciones peligrosas e ilegales. Muchos mueren abandonados en la selva o en el mar. Además, al cruzar Centroamérica, las mafias les exigen cargar cocaína o contrabando a cambio de recursos para pagarles a ellos y a los ‘coyotes’ mexicanos, quienes exigen cinco mil dólares por el paso a Estados Unidos.

Y este drama no parece tener un final a la vista.

* Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic en este enlace.

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