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El dificilísimo arte del tuteo

Por Oscar Domínguez Giraldo

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Apreciado doctor K, saludos. No recuerdo si cuando coincidimos como jurados de un premio de periodismo en Medellín, usted me saludaste de tú, o yo le hablé a usted de vos. Lo digo por su columna de ayer en El Tiempo en la que tú le canta la tabla a un fulano que apenas le prestó las yemas de las dedos a su educación. Mi confusión en tan pertinente es tal que asunto me obligó a escribir una nota que le comparto. No sin antes despedirme de tí. odg
EL DIFICILÍSMO ARTE DEL TUTEO

Caricatura de Gaturro
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Una de las grandes ventajas que tienen los españoles sobre el resto de los siete mil y pico de millones de mortales que contaminamos el mundo, consiste en que desde que la cigüeña los descarga en la tierra de la paella, tienen resueltos algunos problemas ortográficos. Por un chip exclusivo que llevan en la garganta saben, por ejemplo, cuándo una palabra se pronuncia con z o con c. Y así la escriben.

Los paisas se supone que nacemos con una virtud similar: “acigüeñizamos” con la habilidad de tratar de vos al prójimo. Desconozco si esa destreza nos viene de tanto escuchar música argentina. Al fin y al cabo, según el viejo tópico, en todo tango muere un argentino. O lo tratan de vos. Costeños y bogotanos son duchos en el arte de tutear. Y así sucesivamente.

Pero quienes desertamos hace años del terruño que nos vio berriar vivimos en una patria boba semántica que consiste en que se nos olvidó vosear y nunca aprendimos a tutear. Y ustedear, o sea, tratar de usted al vecino, es otro chicharrón imposible de manejar.

Alguna vez denuncié, sin éxito, que en Medellín e intermedias avanza una oscura conspiración contra el vos.

Para no gastar mucha ropa en la explicación, esa conspiración consiste en enseñarle a los niños a tutear. Quienes impulsaron el tuteo consideraban que el vos era algo de menor cuantía desde el punto de vista cultural. Y a tutear hasta al gato se dijo.

Por eso, en la Chibchombia de hoy cualquier paisa nos va bajando la caña y nos tutea como cualquier rolo de la Sabana. El vos de los paisas ha dejado de ser un atractivo turístico más.

Mis hijos, bogotanos ambos, me tutean con destreza hasta rara. Ese filial tuteo me hace cosquillas en la que los camajanes del Barrio Antioquia llamaban “la invisible” (el alma), porque en casa jamás se nos habría ocurrido tutear a nuestros taitas.

Corríamos el peligro de que nos suspendieran el huevo entero que nos daban el día del cumpleaños.

De mi parte, confieso que cuando mis vástagos ejercían el lúcido oficio de niños hice el esfuerzo de tutearlos para no crearles el conflicto de tener que escoger entre el tratamiento que oían en casa y el que recibían en el colegio, o en la universidad de la calle.

Pasado el tiempo y liberado de la obligación de tutear por convención, no por convicción, confieso que quedé impedido de por vida para tutear a nadie por física ignorancia.
Como me enredo, decidí irme por la nave del centro y entonces utilizo una babel idiomática en la que se confunden el tú con el usted, el usted con el vos y el vos y con el tú. Y todos con todos. Hombre con hombre, mujer con mujer…

El ustedear merece plato aparte porque ese género es todavía más difícil de batutear (manejar). Muchos paisas que roncamos laboralmente en Bogotá, somos apátridas en nuestro propio patio pues nos quedamos sin saber cómo tratar al otro. Con Dios el asunto ya está resuelto: le decimos “en vos confío”, y despachado el asunto.

La solución debería estar en la frescura con la que una embluyinada jovencita abordó una noche en plena campaña al entonces candidato a la vicepresidencia Humberto de la Calle:
– Humberto, ¿cómo estás?, le preguntó la bella sin reparar en los pergaminos del caldense.

“En mi juventud, haber tuteado a algún adulto me habría merecido una cueriza hasta rara”, comentó Humberto… perdón, el doctor De la Calle, quien me sugirió darme un champú de frescura y tutear a la manera de la suculenta sardina de la Universidad de los Andes que le prometió votar por él. Al pueblo que fueres tutea como oyeres.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/carlos-castillo-cardona/los-alas-y-los-alitas-columna-21-03-2017-69976

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