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EL CAMPANARIO:Bebés agredidos en las fuentes bautismales

Por Tomás Nieto

En nombre del padre, del hijo.... Foto queesela.com

 

Si el buen humor es uno de los deberes del hombre, otro tiene que ser el contar entre los amigos con algunos que hayan sido víctimas de agresión impune, en las propias fuentes bautismales, por infame determinación de padres y abuelos, con la necesaria complicidad del cura y los padrinos del histórico momento que generalmente ocurre en la primera salida de su casa del inocente bebecito, cuya protesta tardará hasta cuando tenga uso de razón.

Resulta bien paradójico que la primera y la última salidas del hombre, de su vivienda, sean siempre hacia la iglesia, sin darse cuenta, porque lo llevan cargado a su bautizo o a su funeral. Este es el indestructible hilo invisible que va desde la cuna hasta el sepulcro, como escribió el maestro Silvio Villegas, en su bella “Canción del caminante”.

Arbitrariedades sacramentales

En nombre de la Santa Madre Iglesia y del sacramento bautismal se han cometido miles de arbitrariedades al ponerles nombres francamente horrorosos a unos parvulitos indefensos que al llegar a la guardería o al colegio empiezan a darse cuenta -por las burlas de sus compañeritos- de la cruz que tendrán que cargar de por vida porque en el momento de romperle la cabeza en la pila, nadie salió en su defensa o entre padrinos y tíos no hubo uno solo que se opusiera al desafuero de llamarlo Crótatas, Epaminondas, Tertuliano, Niceas, Minervino, Olegario, Custodio, Montegranario, Leovigildo o Gundisalvo.

Cada hombre poseedor de un nombre feo carga, además de una cédula para esconder, su alforja de pequeñas historias sobre los malos ratos que ha tenido por culpa del nombre que le dieron, pero siente un refrescante alivio o se quita un enorme peso de encima cuando sabe, le cuentan o descubre que tiene un tocayo en cualquier lugar del mundo. A partir de entonces aprende a sobrellevar con resignación cristiana el apelativo que le impusieron.

Una tocayería casi imposible

Hace algún tiempo el ex director del Diario del Huila, Delimiro Moreno Calderón, abandonó el imaginario mundo de los sin tocayo -tan socorrido por los bromistas para sus tomaduras de pelo- tras una ansiosa búsqueda en todos los directorios telefónicos durante más de cinco décadas.

El hallazgo de su homónimo -que con documentos en mano probó llamarse Delimiro Moreno Altamiranda- produjo enorme regocijo entre estos dos hombres que salieron mal librados de las pilas bautismales, cuando eran unos recién nacidos. El encuentro de la que siempre se consideró una tocayería imposible fue rociado con una alta dosis de whisky de la mejor marca. Los Delimiros quedaron de repetir celebración

Unas anécdotas para mandar a enmarcar

El parlamentario tumaqueño Justiniano Quiñonez vivía muy aburrido con su nombre de pila y un día, con la ayuda del periodista Humberto García pasó a llamarse “Yusti”, mediante diligencia legal practicada ante notario público

Es muy común escuchar en los pasillos del capitolio nacional a una acuciosa secretaria que dice a voz en cuello: “Doctor Telésforo, lo llaman al teléfono”. Ella es la secretaria del parlamentario Telésforo Pedraza. Casi nadie lo conoce o lo llama por su apellido. Es que con semejante nombre, ¡para qué apellido! ¿Y cómo olvidar al congresista Fulgencio Bogotá Chía, a quien apodaban “El doctor autopista”!

Diofanor Narváez, un vendedor de enciclopedias, perdonó -ya no le guarda rencor- al cura que lo bautizó, cuando supo que el religioso que le rompió la crisma se llama Macario Fredesmiro! No cabe duda de que el padrecito resultó vengativo.

Tolón Tilín

La familia del irrepetible poeta paisa León de Greiff lo llevó muy recién nacido (en julio de 1895) a hacerlo bautizar a la céntrica Iglesia de la Veracruz, de Medellín.

El cura encargado le preguntó a don Luis, el papá del poeta ¿cómo lo iban a poner? y le respondió:

“León, padre”.

El religioso reviró:

“No sea bruto, hombre, ¿cómo le va a imponer al niño el nombre de un animal salvaje y feroz”?

Respuesta del progenitor del futuro bardo:

“El animal es usted, padre; acaso no sabe que el actual Papa se llama LEON y lleva el XIII en números romanos”?

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