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EL CAMPANARIO: Venezuela, escasez hasta para la afeitada

Por Tomás Nieto

La escasez venezolana se siente hasta en la afeitada

Es posible que algunos lectores hayan escuchado alguna vez, en la garganta sonora del inolvidable Juan Caballero, la vieja cuña en la que nos preguntaba si teníamos cuchillas Gillette para mañana y nos recordaba que en el baño no las podríamos comprar.

Se nos vino a la memoria el añejo comercial, salido del magín de un creativo bogotano, al conocer en detalle cómo se ha convertido en una tortuosa carga matutina para los venezolanos la escasez de elementos indispensables para la afeitada diaria.

El proyecto político bolivariano estatista, militarista y autocrático, se hunde y está arrastrando con él a toda la sociedad venezolana.

El drama frente al espejo

(elanuncio.com)

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Lo describe así Manuel Narváez (narvaezchacon@gmail.com) el autor de una columna que nos hace llegar el colega Oscar Restrepo Pérez, titulada ´Naufragio’:

“Cada vez con mayor frecuencia y con mayor intensidad, me asalta una desagradable sensación de naufragio. Cuando utilizo el menguante contenido de la lata de espuma de afeitar pensando en los amigos que ya recurren al jabón para atenuar el fuego de la hojilla. Cuando perfumo la lechuga con cuatro estrictas gotas de oro líquido de la última botella extra virgen que estuvo al alcance de mis posibilidades. Cuando el número de cédula o la huella dactilar, fungen como libreta de racionamiento virtual. Cuando leo sobre asesinatos como verificando un inventario. Cuando se estrecha y empobrece el horizonte de mis morochos.

Las dolorosas imágenes de los desgraciados africanos que arriesgan su vida en el Mediterráneo, apostando todo en el supremo esfuerzo por escapar de la muerte por la violencia rápida de la espada o por la violencia lenta de la inanición, profundizan esa triste sensación de naufragio”.

Críticas a los sepultureros

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Narváez repite que el proyecto político bolivariano estatista, militarista y autocrático, se hunde y está arrastrando con él a toda la sociedad venezolana. Mientras el agua inunda la bodega por un fatal boquete en la línea de flotación, el presidente ordena vistosos ejercicios en la cubierta y ofrece floridos discursos. Cuando en ocasiones parece tomar consciencia de la gravedad de la situación, actúa como un kamikaze en medio de la debacle del Imperio del Sol Naciente: al grito de ¡banzai! ordena, válgame Dios, profundizar la revolución.

¿Cómo harán para sobrevivir?

No sé cómo estará viviendo cada venezolano este proceso de empobrecimiento y destrucción. Entiendo que existen distintas sensibilidades. Entiendo también que existen perspectivas ideológicas que filtran y ordenan a la realidad de maneras diferentes. Pero el empobrecimiento colectivo es tan evidente que ninguna ideología, ni sensibilidad alguna, por encallecida que esté, pueden impedir reconocer la necesidad urgente de cambiar el rumbo, de detener esta marcha suicida”.

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