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EL CAMPANARIO : Un travieso reportero de los años 70

Por Tomás Nieto

(ebloguer.com)

El locuaz periodista manizaleño Jaime Arango, (‘Turpin’), aquel que hizo famoso, por la radio, su “Buenos días, Colombia”, marcó impronta en sus tiempos de reportero feliz, en Bogotá, en los años 70.

En su singular estilo, este hipocondriaco incurable solía ir a contrapelo del principal de todos los cánones del oficio: rumor, runrún o chisme que le llegaba, iba al aire en la siguiente emisión, sin confirmación alguna. Si resultaba infundado, no había problema: rectificaba a placer, sin dársele nada. Con su buena labia persuadía a su víctima de turno para que no lo denunciara por injuria y calumnia, delito de dos puntas por el que ha habido pocos condenados en las cárceles de este lindo país de leyes.

Con su voz de clarinete bien afinado y su pluma corto-punzante, Arango formó grandes escándalos, a través de “Todelar”, con las orinadas del entonces Presidente Guillermo León Valencia, una madrugada, en los jardines exteriores del Palacio de San Carlos, al regresar de una noche de jolgorio, y del embajador en Montevideo, Luis Avelino Pérez, en las alfombradas escaleras de la legación diplomática, en la capital uruguaya. Estas urgencias motivadas por la incontinencia urinaria inspiraron divertidas columnas al gran Lucas Caballero Calderón, Klim.
Alguna vez, desde Maracay –una ciudad más caliente que Barrancabermeja— dijo a sus oyentes: “Me encuentro en el mismísimo infierno venezolano”.

Cuando oficiaba como cronista judicial de Diario de Colombia, el periódico del caudillo Gilberto Alzate Avendaño, obligó a un comisario a que volviera a colgar del árbol el cuerpo del suicida que se había ahorcado porque él y su fotógrafo habían llegado tarde a la diligencia de levantamiento o de desprendimiento, en el Parque Nacional de Bogotá.

Una tarde lo desplazó su director radial, Alberto Giraldo, al cubrimiento del arribo a Colombia del reputado presidente y arzobispo chipriota Makarios. A su regreso a la emisora, ‘Turpín’ informó sobre el tumultuoso episodio: “Estuvimos en el aeropuerto El Dorado recibiendo a Makarios, el prelado y político de Chipre. Fuimos de la partida algunos funcionarios de la Cancillería, varios periodistas, 100 lagartos y 750 aspirantes a lagartos”…

Formó gran alboroto una mañana, al propalar por “Súper” una versión, según la cual, guerrilleros urbanos habían secuestrado en su propia casa al notable economista Carlos Pérez Norzagaray, tesorero de la campaña presidencial de Alfonso López Michelsen. Entre asustado e indignado, el “plagiado” le telefoneó para rectificar la falsa especie y vaciarlo por tamaña ligereza. Imperturbable, Jaime trató de calmar al doctor Pérez con esta disparatada propuesta: “Está bien; yo digo que usted está a salvo. Pero para que quedemos bien los dos, usted no me desmentirá sino que dirá que se negó a irse en compañía de sus secuestradores”.

El ex presidente Darío Echandía residía en el mismo perímetro del centro-norte de Bogotá en el que funcionaban los estudios de la emisora de los Pava. Alertado por un amigo sobre una inusual agitación en el domicilio del ilustre patricio liberal, por la presencia de encapuchados armados, ‘Turpin’ salió disparado para el inmueble, y al encontrarse a boca de jarro en el portón de la casa con Echandía, le preguntó: ¿Qué le pasó, Maestro? No lo mataron? Con su fino humor chaparraluno, el estadista tolimense le dijo: “No, al que mataron fue a mi hermano Vicente, en la calle 32 con la carrera séptima, pero hace muchos años”. Y despachó al reportero caldense con tremendo portazo!

Coleccionista de rectificaciones de todos los tamaños y colores, Arango se la montó en sus comentarios radiales a la mentalista Regina Betancur a la que tildaba de “bruja” que esquilmaba a las gentes más ingenuas.

La noche de la muerte trágica de Jaime, quien se metió con carro y todo debajo de una enorme volqueta que estaba aparcada en una mal iluminada avenida bogotana (obstáculo que no alcanzó a divisar a tiempo), doña “Regina XI” pregonó a los cuatro vientos que “a través de sus poderes mentales, le había enviado energía negativa para castigar a quien se metía con ella”. (Pavadas de la mujer de Liska).

Tolón Tilín
Una mañana nos encontramos a ‘Turpín’ cambiándole llanta a su pequeño escarabajo alemán, en una calle del bogotanísimo barrio Teusaquillo y sin rodeos, nos dijo a quemarropa: “Qué hubo, Largo! Mañana cumplo años. ¿Qué me vas a dar de regalo”?

Respuesta de velocidad: “Un bozal para controlar esa lengua tan brava y un obispo de cabecera para que te confirme todas las noticias”.

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