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EL CAMPANARIO: Un anecdotario de todos los colores

Por Tomás Nieto

Imagen inmigracionyvisas.com

Sobrevivir en los “Esclavos Unidos”

Cuando el colombiano de a pie logra abrirse su propio espacio laboral en Gringolandia cree que ha coronado el llamado “Sueño americano” y se aferra de tal manera al “dios dólar” que consigue dos empleos: uno que desempeña en el turno de la mañana y el otro que cubre entre la tarde y la noche.

La idea del inmigrante es trabajar duro por un tiempo; girarle billete a la familia para su manutención; ahorrar mucho y regresar al país a montar algún negocio, sin haber tomado un solo día de descanso.

Finalmente, como el dinero no alcanza para el entable anhelado, termina haciéndose a un taxi en el que continuará matándose de domingo a domingo, entre las cinco de la madrugada y las seis de la tarde. Asiste toda la razón al violinista colombo-cubano Alfredo de la Fe cuando dice que los colombianos que se van hacia el Norte sobreviven sudorosa y penosamente en los que suele llamar “Esclavos Unidos”.

El relincho de Contrapunto.

En tiempos pretéritos, cuando la televisión no le hacía cosquillas a la radio, el periodista tolimense Jaime Soto abría sus emisiones de Contrapunto, desde Emisoras Nuevo Mundo, con el sonoro relincho de un caballo y a renglón seguido el locutor apuntaba, con cierta guasa, que no se trataba de Otto Morales Benítez, ni de Rodrigo Jiménez Mejía, dueños de las carcajadas caldenses más famosas del país. En su libro póstumo “El goce de la sabiduría”, escribió el notable intelectual salamineño: “Al enterarse de esto, Otto me llamó muy alarmado y me dijo: tenemos que impedir que Jaime Soto continúe con esa presentación. Y yo le respondí: al contrario; tendríamos que ponerle un sobresueldo a Jaime, pues aprovechando la enorme influencia que le otorga un medio de comunicación, nos está convirtiendo gratuitamente en celebridades”.

Papas a la Valenciana

Quemaba sus últimos cartuchos, en el Palacio de San Carlos, el presidente Guillermo León Valencia, en julio de 1966, cuando le tocó inaugurar unos silos de papa en Chocontá, municipio cundinamarqués que está a 75 kilómetros al norte de Bogotá. Narran Juan Carlos Iragorri y Julián Mosquera, los biógrafos del Hidalgo de Paletará, que a los asistentes al acto se les sirvió una sabrosa porción de solanáceas a la hora del almuerzo. Y que fue en ese instante cuando le dijo Iáder Giraldo, uno de los periodistas del llamado grupo “Los Gorilas”: – Presidente, no se le olvide que esa es la última papa que se va a comer… Y Valencia, muy sonriente, replicó:
– Yo ya tengo solucionado el problema. Pero usted, Iáder, ¿cómo conseguirá la papa de ahora en adelante?

Una promesa imposible

En la historia de la Feria de Manizales, en materia de ofrecimientos a la afición a la fiesta brava, la que se sobró verdaderamente, sin medir el alto riesgo del compromiso, fue la gente encargada de la parte taurina de la versión primigenia, celebrada entre el 21 y el 30 de enero de 1955. En los avisos de prensa y en los carteles fijados en todas las esquinas del centro de la ciudad se decía claramente: “La empresa garantiza la bravura de los toros”. Ni los empresarios más duchos que por décadas usufructuaron las postineras plazas de Madrid y de Sevilla se atrevieron a formular semejante promesa. Se ve que, equivocándose, también se aprende. Nótese, además, que -en la mayoría de las reseñas periodísticas- los toros y no los toreros son los culpables, cuando las corridas resultan un fiasco.

Catedráticos corchados

Los famosos eruditos colombianos Antonio Panesso Robledo y Joaquín Pérez Villa y el español De Garganta, quienes realizaban en la irrepetible radio antañona el famoso programa “Los Catedráticos informan”, fueron corchados una noche con un tema si se quiere frívolo, pero curioso: ¿Cómo se llamaba el emblemático perro de la RCA Víctor?

La pregunta se las formuló a los tres profesores el periodista antioqueño Rodrigo Pareja, y uno a uno los maestros reconocieron que ignoraban por completo el tema.

Admitieron, igualmente, que el asunto no era trascendental ni muy relevante, pero coincidieron en que su curiosidad primaba y que también ellos querían saber el nombre del archifamoso perrito que sabía escuchar la voz del amo. Este había sido bautizado por su dueño como “Nipper”, y la primera referencia que de él se tiene es un dibujo hecho por el pintor inglés, Francis Barraud. El colega Pareja se ganó unos buenos pesos que procedió a invertir en dos de sus más grandes pasiones: los tangos milongueros nacidos en los suburbios malevos y turbios y las infaltables carambolas a tres bandas.

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