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EL CAMPANARIO: Un acróstico dedicado al gran ausente de la fiesta brava: don Ramón Ospina

Por Tomás Nieto

Don Ramón Ospina con el capote torero Foto eje21.com

 

A partir de la desaparición física de don Ramón Ospina Marulanda, ocurrida el 15 de octubre de 2011, las temporadas taurinas colombianas ya no son las mismas.

Sin “El Insobornable”, la fiesta dejó de ser lo que era. El recordado paisa bonachón partió hace cinco años y no ha tenido sustituto en la radio, en los callejones de las plazas, ni en las amenas tertulias que motivaban los remates de corrida.

“Esa vaina, sin don Ramón a bordo, es otra cosa”, suelen decir con sus caras largas, los aficionados de hueso colorado, al salir de las plazas, pero no porque un tonto como Gustavo Petro haya cerrado La Santamaría sino porque es bastante notoria la falta que hace el gran ausente.

Corrida en Manizales Foto vapaturismo.com

Corrida en Manizales
Foto vapaturismo.com

La Feria de Manizales –la que hizo las ferias en América— perdió a su gran pregonero, en la Clínica Las Vegas, tras dos semanas de agonía. Tenía 83 años. Obedeciendo su última voluntad, sus cenizas descansan en la cripta de la Catedral Basílica manizaleña, cerca del nicho en el que reposan las de su amigo Pepe Cáceres.

Así es la vida. Dichosos los taurinos que comparten tertulia celestial con el “Rehiletero mayor” en los dominios del creador, en ese más allá que los poetas llaman el cielo, el éter o la bóveda celeste.

Semblanza de un diario

Ramón Ospina, el cronista taurino por excelencia Foto  blogspot.com

Ramón Ospina, el cronista taurino por excelencia
Foto blogspot.com

Lo dijo El Colombiano: Don Ramón era una verdadera leyenda en el mundo taurino. Debutó en la radio en la Feria de Manizales de 1953, al lado de su carnal Hernan Restrepo Duque.Fue la voz mayor de las más importantes ferias taurinas del país, en ciudades como Manizales, Bogotá, Cali y Medellín.

En los medios de comunicación laboró durante 55 años, especialmente en Caracol Radio.

La velación de Don Ramón, quien formó su hogar al lado de doña Eufemia Macías, se cumplió en Campos de Paz y sus exequias se realizaron el domingo siguiente, a las once de la mañana.

El acróstico del padre aficionado

El sacerdote José Pablo Escobar Sanz, capellán de la Plaza de Manizales, es uno de los millones de amigos y seguidores que durante 60 años le deparó la tauromaquia a don Ramón Ospina Marulanda, el gran ausente de las temporadas taurinas colombianas.

El religioso, que ofició el 6 de enero de 2012, en la catedral manizaleña, una misa de cenizas por el eterno descanso del número uno de la narración de la fiesta brava, le dedicó póstumamente este bello acróstico al irrepetible cronista del aire que hizo sus últimas transmisiones radiales a través de estos micrófonos de la Emisora Múnera Eastman Radio.

A Don Ramón

R aza brava la tuya Ramón; de caminar montañero; antioqueño de cepa.

A mable por el encaste caldense, de embestida radial sin peligro, noble y franca.

M anso en su querencia familiar. Casi fiero, si le profanan sus ritos taurinos.

O rador castellano y fino bajo el sol, poeta de seda y oro y con de trueno bajo la lluvia.

N arrador de leyendas de sangre y arena, insobornable en el corazón y en la palabra.

O rgulloso imaginario de la fiesta, ella es la vida de su corazón y sin ella su corazón se muere.

S e extasía con lo clásico y es exigente con los cánones, refinado y serio.

P rofeta del toro al mugir en la puerta, lo dibuja y lo recita; si es bravo o manso, si es bello y noble.

I nspirado pintor del torero, dibuja su traje y su capote, sus pases, su mando, su arte y su temple.

N unca olvida sus amores, su hogar, su _Medellín y su Manizales del alma.

A la que desde todos los redondeles, como a su novia, le lanza enamorado sus piropos de niño y sus besos de abuelo.

M uchacho de ferias también, con mirada de ángel a su bella Macarena en la blanca capilla.

A segurando eso sí, sus parranderos amigos de radio, que en remates es el diablo y el menos santo

R ecia y solemne contextura, picador seguro y en sus puyas, picante.

U n banderillero elegante, dejando en su sitio varios pares de versos a cada toro.

L as verónicas y los naturales lentos en sus relatos, también merecen los olés en los tendidos.

A ntes de darle como los toreros, un beso a cada puñado de arena en esta plaza de sus amores.

N unca en cincuenta años faltó aquí y le duelen las despedidas, cada vez más lentas.

D ando sensación de no querer decir adiós, porque es darle una estocada al corazón.

A migo Ramón, bonachón y sonriente, en este redondel, siempre seguirás siendo el rey

El Padre Escobar Sanz, gran aficionado de hueso colorado, redondeó así el postrer homenaje al maestro Ramón Ospina, cuyas cenizas descansan (como ya lo dijimos) desde el 6 de enero en la cripta de la Catedral de Manizales: Dios te lleve de la mano. Gracias del amigo al amigo. A este alumno, la hidalguía del maestro se le grabó en la piel.

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