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El Campanario: torres gemelas en Tunja

Por Tomás Nieto

wordmapz.com

Hastiados de las talanqueras que les impuso a través del POT el alcalde mayor Gustavo Petro, unos empresarios bogotanos de la construcción se fueron a trabajar a sus anchas, sin presiones, a la vecina ciudad de Tunja, lejos de los terribles atafagos de la invivible gran metrópoli capitalina y de la engorrosa tramitomanía distrital. La distancia entre las dos ciudades es de 118 kilómetros.
El arribo de varias firmas de ingeniería –que ha sido festejado por la comunidad– le ha salido de maravilla a la capital boyacense, en la que por primera vez en su historia se construyen edificios de 15, 18 y 25 pisos y todo el entorno de la Avenida Universitaria se ha constituido en un acogedor polo de desarrollo urbanístico que se merecía la histórica ciudad, considerada por los cronistas del pasado como la más noble y leal, fundada en 1539 por Don Gonzalo Suárez Rondón.

Unas Torres gemelas
Al paisaje que nos pinta en la parte norte de Tunja el periodista y amigo Jairo García Aguirre, quien lleva 14 años radicado allí, los ingenieros recién llegados levantan dos torres gemelas de 30 pisos cada una que, valga decirlo, no pretenden parecerse a las que demolió el terrorismo internacional, en Manhattan, pero que le dan una soberbia imagen al panorama tunjano. Estas obras le ponen a Tunja la cara de ciudad que se merece.
En los alrededores de las altas estructuras residenciales está el remodelado Estadio La Libertad, donde disputan los equipos boyacenses los partidos correspondientes a la Liga profesional de fútbol.
El sector norteño en saludable modernización recibe, además, la presencia de unas casas-quintas construidas en las montañas que circundan esa parte de la ciudad. Ojalá el progreso se extienda muy pronto a los demás sectores de la primera urbe boyacense.

Ingratitud desmemoriada
La piedra angular de este plausible despertar del progreso tunjano se puso hace más de 20 años cuando era alcalde de la ciudad Manuel Arias Molano, a quien sus conciudadanos atacaron sin piedad porque (gracias a su visión futurista) invirtió una suma millonaria en la construcción de la Avenida Universitaria (en la salida hacia Paipa) obra que con el paso del tiempo se convirtió en espina dorsal del excelente desarrollo que empieza a apreciarse en la municipalidad.
Cuatro lustros después, pero en tono menor, los tunjanos reconocen y celebran moderadamente el acierto de la decisión, pero nadie le brinda un aplauso a la gestión del ex burgomaestre. Así es la vida.

Otro fenómeno favorable
Otro ingrediente de progreso que tiene muy contentos a los habitantes de Tunja es lo fácil, cómodo y rápido que se ha vuelto el transporte terrestre hacia y desde Bogotá, gracias al doble carril de la vía que une a las dos ciudades hermanas.
Ahora el viaje tiene una duración de dos horas, circunstancia que ha motivado a algunos habitantes capitalinos a mudarse definitivamente a la capital de Boyacá, pues la capital del país se ha tornado francamente invivible. Mientras tanto, en Tunja, cero trancones.
El periodista García Aguirre tiene conocimiento de varios ejecutivos bogotanos que optaron por elegir a Tunja como lugar de residencia, ante las enormes congestiones, los nudos gordianos y la inseguridad que acusa permanentemente la “Petrópolis” llena de huecos. Su red vial es un verdadero desastre. Lástima!

Tolón Tilín
En Tunja, cero polución. Se nos iba quedando en el tintero otra ventaja que tiene para sus habitantes la vecina ciudad boyacense.
Como en su territorio no hay chimeneas en funcionamiento, porque su desarrollo industrial es casi nulo, no hay riesgo de que se contamine el medioambiente.
El aire tunjano es completamente puro. Mejor dicho, es aire sin estrenar, ventaja que resulta muy buena para la salud.

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