Al instante

EL CAMPANARIO: La astucia del Padre Fabo

Por Tomás Nieto

El Cuervo Blanco Foto eldiario.com.co

 

Salió muy mal librado el recursivo Padre Fabo en cinco de las 379 páginas de El Cuervo Blanco, el libro de Fernando Vallejo, el irreverente escritor colombiano radicado en Méjico, en el que recoge vida, pasión y músculo del consumado filólogo bogotano Rufino José Cuervo, llamado con justicia el árbitro de nuestro idioma.

Portada editorial Alfaguara

Portada editorial Alfaguara

Para el biógrafo del autor del monumental Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, que por su óbito quedó inconcluso, el causante de la pérdida de una apreciable cantidad de documentos privados pertenecientes al fabricante de cerveza fue el sacerdote español, perteneciente a la comunidad de los Agustinos recoletos, que estuvo estrechamente vinculado a la capital caldense.

En las páginas 24 y 25 de su obra aparece la primera andanada contra el religioso que publicó en 1926 su magnífica Historia de la ciudad de Manizales:

”…Un informe del dieciocho de mayo de 1912 dice que desde la capital francesa (donde falleció don Rufino) se enviaron 28 bultos de libros en el vapor Guadalupe. Otro informe del veintitrés de mayo dice que llegaron a Barranquilla 60 cajas y los 28 bultos que venían en el Martinique y en el Guadalupe. El seis de julio la Biblioteca Nacional designó a Javier Tobar para que presenciara la apertura de los libros cuando llegaran. El veintitrés de agosto Eladio Gutierrez y José Ignacio Escobar, los albaceas de Cuervo en Bogotá, revisaron todas las cajas y bultos llegados de Paris y Barranquilla. El cuatro de septiembre la Biblioteca le entregó a Roberto Vargas cincuenta de los libros de Cuervo que venían sin empastar para que lo hiciera”.

A renglón seguido, el polémico Vallejo lanza toda su artillería contra el levita: “El trece de septiembre el sacerdote y filólogo español Pedro Fabo Campo sacó de la Biblioteca en calidad de préstamo el epistolario de Cuervo para realizar un trabajo encargado por la Academia Colombiana, y hasta allí llegó el milagro, aquí empezó el acabose. La infinidad de cartas que había recibido Cuervo en el curso de medio siglo y que conservó con sus sobres tal cual las recibió, las sacaron de los sobres, a los sobres les quitaron las estampillas o sellos y sobres y cartas por igual se empezaron a desaparecer: se los llevaba fulano, se los llevaba zutano, se los llevaba mengano porque eran familiares, amigos o admiradores de Cuervo”.

El antioqueño levanta así el dedo acusador: “En cuanto al padre Fabo, no venía de parte de la Academia: iba a participar en un concurso sobre Cuervo convocado por la Academia, que es otra cosa. Tres tomos se escribió a la carrera, de los cuales el tercero era una selección de las cartas conservadas por Cuervo, según él unas tres mil, y ganó el concurso, pues en este tomo están varias de las cartas desaparecidas. Por lo menos el maldito cura (sic) las transcribió y publicó”.

En las página 42, 84 y 137 de El Cuervo Blanco el escritor vuelve a meterse con el sacerdote que se ordenó en Colombia y fue en su época ameno cronista de la Manizales antañona, al que termina llamando sin consideración alguna “El desaparecedor de cartas”.

Tolón Tilín: Para su misión evangelizadora en América fue Fray Pedro Fabo del Purísimo Corazón de María, nacido en Navarra, España, en 1873 y fallecido en Roma, en 1933. Para sus quehaceres literarios, que suponían trabajos de campo periodístico como el puesto al descubierto por Vallejo, el agustino recoleto era sencillamente el Padre Fabo.

Ir a la barra de herramientas