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EL CAMPANARIO: El Obregón paisa, un ratón de biblioteca

Por Tomás Nieto

Elkin Obregón Sanin. Foto elcolombiano.com

La vida nos da sorpresas: El consumado escritor y caricaturista paisa Elkin Obregón Sanín descubrió en su buhardilla de lobo solitario, en el centro medellinense, que el fabulista bogotano don Rafael Pombo Rebolledo, el de “La pobre viejecita”, no fue el autor sino el traductor de los versos para niños que lo hicieron tan famoso.

La revelación por poco coincide con la culminación del año dedicado a la conmemoración del centenario de la desaparición del señor Pombo. Apareció a la cabeza de la columna que con el chispeante nombre “Caído del zarzo” publica mensualmente el maestro Obregón en “Universo Centro”, un gratificante modelo del llamado periodismo alternativo.

Escribió don Elkin: “A los cien años de la muerte de Rafael Pombo, casi todos los elogios apuntan a sus versos infantiles. Versos que en rigor no son suyos, simplemente los tradujo del inglés, y hasta creo que por encargo. Sus versiones son estupendas, pero son eso, versiones. Por cierto, fue además un gran traductor de poetas franceses, ingleses, norteamericanos, italianos. Todo se nos queda en alabar a Simón el Bobito. En realidad se llama Simple Simón. Y así, los demás”…

Este admirable ratón de biblioteca, llamado así porque pasa la mayor parte de su tiempo sumergido entre libros, dedicado a la lectura y a la escritura, fue mucho más allá en su recopilación de las que llamó “Inexistencias”, al meterse con una prestigiosa historia de amor:

“Muchos caen en eso, pero no escribió Jorge Isaacs una novela llamada La María. Se llama así, con artículo adelante, un hospital para tuberculosos en Medellín. El nombre, sospecha uno, se inspiró en la heroína de Isaacs, cuya muerte la leyenda popular atribuyó a ese mal. No lo dice el libro, sin embargo, donde no se especifica la enfermedad que consumió a la dulce judía, novia de Efraín y, en algún momento, de toda América. Me incluyo”.

Salta de Isaacs a de Greiff para hacer la corrección de un verso que ha hecho carrera: “Todo vale nada y el resto vale menos”, recitan los jubilados en sus bares y cafés, al calor del anís de Legrís, citando a León de Greiff. Nunca escribió esto el cantor de Bolombolo… “Todo no vale nada, si el resto vale menos”, se lee en su poema Balada de la fórmula definitiva y paradojal, dedicado a Jovica y Tisaza, compañeros panidas”.

Finalmente, el Obregón paisa consigna en su ameno artículo las que denomina otras inexistencias: “Aunque se lee algo parecido, “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos” no aparece en el Quijote. Ni aparece “Elemental, mi querido Watson” en los relatos de Sherlock Holmes; como tampoco se describe al genial detective ataviado con la gorra de caza escocesa a cuadros que luego le han adjudicado ilustradores y cineastas.

Tolón Tilín

Ingenioso de principio a fin, don Elkin le pone esta coda a su ejercicio: “Después de esas inexistencias, una existencia. Hace unos años le aposté a una amiga cinco mil pesos (de los de antes), que Borges no era el autor de esto, “Me duele una mujer en todo el cuerpo”, verso tan lamentable como antiborgiano. Perdí la apuesta. Sí, Borges lo cometió. También se mueren los médicos”.

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