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EL CAMPANARIO: Dos antioqueños cumplieron años al unísono con la Constituyente del 91

Por Orlando Cadavid Correa

El Cardenal Darío Castrillón Hoys Foto Max Rossi Agencia Reuters
El expresidente Alvaro Uribe y monseñor Castrillón Foto presidencia.gov.co

El expresidente Alvaro Uribe y monseñor Castrillón
Foto presidencia.gov.co

La celebración del vigésimo quinto aniversario de la promulgación de la Constitución Nacional del 91, coincidió con los cumpleaños de dos polémicos personajes antioqueños: el ex presidente Alvaro Uribe Vélez y el cardenal Darío Castrillón Hoyos.

Arribó a sus 64 años de edad el senador y jefe del Centro Democrático, el empecinado pregonero del NO a los acuerdos de paz de La Habana, mientras el presidente Santos, el partidario del SI, le ponía una gran carga de profundidad a la cruzada gubernamental en favor del monosílabo afirmativo, teniendo por escenario la casona de la vieja Convención de Rionegro, en el cercano oriente paisa.

Posiblemente con el propósito de molestar al jefe de la oposición, algún asesor palaciego quiso que el acto santista se realizara a poca distancia de la hacienda de Uribe.

TURNO PARA EL PURPURADO

El mismo lunes festivo se puso a 13 años de su centenario, en su apacible apartamento del Vaticano, al completar sus primeros 87 calendarios, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, cuya imagen de hombre de carácter firme y gran inteligencia se ha ido diluyendo con el tiempo hasta el punto de parecer una sombra perdida en la Ciudad Eterna.

El periodista Daladier Osorio Alzate, su amigo personal, recuerda que el ex obispo de Pereira y de Bucaramanga llegó a tener en las altas esferas vaticanistas un gran poder emanado no del Espíritu Santo sino de su capacidad combativa y controvertida.

POR HABLAR MAS DE LA CUENTA

En encopetados círculos eclesiásticos se cree que la pérdida de influencia en aquellas esferas cargadas de historia e histeria (¿por qué no?), comenzó desde el momento mismo que le reveló a la periodista bumanguesa Angela Patricia Janiot, durante una entrevista en vivo con CNN que había abierto sus brazos solidarios para proteger a un prelado europeo acusado de pederastia. ¿Por qué debo yo entregar a la justicia a un hermano del episcopado?, dijo, palabra más palabra menos, cuando la Janiot le cuestionó su conducta encubridora.

Obviamente esta actitud fue mal vista por todo el mundo. Y no era para menos porque el episodio se dio cuando El Vaticano comenzaba a apretarle las tuercas al círculo de pederastas y pedófilos que aún siguen manchando la imagen de una institución que, como la Iglesia católica, continúa perdiendo adeptos a pesar de los esfuerzos del muy admirado papa Francisco.

GABO LO ADMIRO

Castrillón , de cuya capacidad intelectual hizo gran elogio en su momento el genio macondiano Gabriel García Márquez cuando lo entrevistó para la revista Cambio porque el prelado medellinense era uno de los papables, se graduó como doctor en derecho canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, donde también adelantó estudios de economía política, ética económica y sociología familiar. Fue, igualmente, profesor de derecho canónico de la Universidad Libre.

PURPURADOS EN USO DE BUEN RETIRO

En confortables residencias del Vaticano llevan sendos retiros plenos de tranquilidad no solo el cardenal Castrillón sino también el dimitente papa Benedicto XVI. Se recuerda que ambos purpurados compartieron apartamento, a pocas cuadras de la embajada de Colombia. Con todo su tiempo disponible, el paisa visita con frecuencia en sus aposentos al alemán que pasó a la historia como el único pontífice que renunció a la alta dignidad hallándose en ejercicio de sus funciones de máximo líder de la Cristiandad.

TOLON TILIN

Daladier tiene en su disco duro este episodio: “Recuerdo, como si fuera ayer, el episodio cuando ocurrió el terremoto de febrero de 1967 y estaba hablando con él para un “Cinco reporteros y el personaje de la semana …” con el administrador apostólico de Bogotá. Era tan fuerte el remezón que a Castrillón, tan blanco como una hoja de papel, solo se le ocurrió decir: “Ego te absolvo a peccatis TUIS IN NOMINE PATRIS, ET FILII ET ESPÍRITUS SANCTI. AMEN”. Pero antes de terminar su “latinajo”, yo ya había abandonado presurosamente su oficina”.

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