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EL CAMPANARIO: Desmontando la historia universal

Por Tomás Nieto

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El título corresponde a un libro de los académicos norteamericanos Ed Rayner y Ron Stapley que engancha desde la portada al lector proclive a verificar hasta la saciedad distintos episodios de la historia reciente del planeta tierra.

El binomio le antepone esta advertencia a su dispendiosa tarea investigativa: “Este es un libro que desmitifica las falacias tradicionalmente aceptadas de la historia contemporánea”.

A cuatro manos, estos magos de la averiguática despojan de la paternidad de la radio al inventor italiano Guglielmo Marconi, pese a que su telegrafía sin hilos le significó el premio Nobel de física en 1909.

Imagen editorialrudolfsteiner.com

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Sin rodeos, Ed y Ron plantean su duda en cuatro palabras: ¿Utilizó un invento plagiado? Y descorren así el tupido velo:
“Un especialista en electrónica empleado de la Nasa en Houston ha revelado que Marconi utilizó un descubrimiento de sir Jagadis Chandra Bose, solitario científico que trabajaba en un modesto laboratorio de Calcuta: una comunicación científica enviada por Bose y publicada en 1899 describe el mismo dispositivo que empleó Marconi en su transmisión realizada dos años más tarde”.
O sea que los tres breves pitidos enviados desde su emisor instalado en la playa de Poldhu Cornualles, Inglaterra, en 1901, que consagraron al sabio nacido en Bolonia, Italia, en 1874, le habían sonado antes al verdadero descubridor.
La dupla concluye que “Se ha demostrado que no fue correcto atribuirle a Marconi el prestigio de ‘padre de la radio’ contemporánea”.
De los albores del siglo XX vamos de las manos de Rayner y Stapley a las postrimerías de la II Guerra Mundial para tratar de establecer quién fue el verdadero autor de la denominación de “Cortina de Hierro” que se le impuso a los países de la Europa comunista.
Preguntan los dos estudiosos ¿cuál fue el origen del “telón de acero”? y a renglón seguido fundamentan así su respuesta:
“El 4 de marzo de 1946, Winston Churchill pronunció un importante discurso en Fulton, Missouri, Estados Unidos. Fue entonces cuando aludió a un “telón de acero” que se había abatido sobre Europa, refiriéndose al muro ideológico, y en la práctica físico, que separaba rígidamente la Europa comunista y la occidental. Se ha aducido que ese discurso marcó el verdadero comienzo de la Guerra Fría. Sin embargo, el dicho del “telón de acero” no fue una invención de Churchill”.

Aquí está la gran revelación sobre el origen de esa figura que comenzó a esfumarse tras la caída del Muro de Berlín:
“La primera vez que se usó fue probablemente en un artículo escrito por Goebbels en febrero de 1945, y ciertamente lo utilizó y en el mismo sentido apuntado el conde Schewerin-Krosigk, último ministro de Asuntos Exteriores que tuvo la Alemania nazi, en una declaración radiofónica, cuando la última esperanza de los nazis consistía en poder romper la alianza entre los occidentales y los rusos. El mismo Churchill empleó la expresión en un mensaje de junio de 1945 al presidente Truman. Y como Churchill no era de los que desaprovechaban una buena frase –venga de donde venga- volvió a citarla en su discurso de Fulton y fue entonces cuando tuvo la repercusión internacional que le valió la continuidad”.

O sea que la frase no fue del Gran Churchill sino del enfermizo ministro Goebbels, el más fanático de los miembros de la guardia pretoriana del diabólico Hitler.

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