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EL CAMPANARIO: Cuando Otto regresó al periodismo

Por Tomás Nieto

Otto Morales, periodista

Cinco años antes de su partida hacia el más allá, el ex ministro e historiador Otto Morales Benítez decidió retornar al periodismo de opinion a través de las páginas editoriales de El Mundo, el otro diario de Medellín.  Leámoslo:


  • Atisbos  
    Explicación de mis notas
    Otto Morales
    (El Mundo, Medellín, dic. 4 de 2009)


    Otto Morales B

    Otto Morales B

    Por cordialísima invitación de la periodista Irene Gaviria, y de su padre Guillermo Gaviria, director de EL MUNDO, reinicio mis tareas de periodista con esta columna que tendrá como título general: “Atisbos desde el refugio”.Obedezco así a mi vieja vocación de hombre apegado a la prensa. A los trece años, realicé dos actos que marcaron mi vida. En mi pueblo, Riosucio, publiqué, en “La Unión”, semanario del boticario local, Juan Francisco García, mi primer artículo y pronuncié, en plaza pública, mi inicial discurso político, exaltando la obra de gobierno del liberalismo. De esos dos afanes mentales no he desertado.

    Viajé a terminar mi bachillerato en la Universidad del Cauca, en Popayán, la culta, y allí insistí en esa que era una vocación incipiente. Me abrieron las páginas de sus periódicos. Me incliné a escribir crítica literaria y nuevos artículos sobre el destino liberal. Con Luis Carlos Pérez y otros compañeros, creamos el semanario “Orientación Liberal”, para impulsar la candidatura del Maestro Darío Echandía a la Presidencia de Colombia.

    Más tarde, un grupo de liberales caucanos, fundaron el diario “El Liberal”. Lo dirigió, inicialmente, Paulo Emilio Bravo. Desde el primer día de aparición, tuve allí una columna. El Director, meses más tarde, debió asistir al Parlamento. A pesar de mi juventud, me encargó de escribir los editoriales. Fue un homenaje y un compromiso muy exigente. Para evitar errores, planeaba mis escritos con exceso de notas y los discutía con jefes del partido e intelectuales ya consagrados. Buscaba evitar mis imprudencias juveniles y eludir mis carencias de juicio político. Era una época muy hermosa, henchida de sueños y estábamos en la orilla de la izquierda liberal – el verdadero liberalismo – la cual no es posible abandonar. Por una razón, el partido obedece a su mandato de humanismo social, que le ha dado su carácter en las luchas nacionales.

    Después, vine a continuar mis estudios en la Universidad Pontificia Bolivariana. Mi profesor de Derecho Constitucional fue el doctor Fernando Gómez Martínez que, a la vez, dirigía “El Colombiano”. Él y don Julio C. Hernández, quien era el Gerente, nos encomendaron a Miguel Arbeláez Sarmiento y a mi la Dirección del Suplemento Literario “Generación”. Intentamos hacer una revolución cultural, pues asistíamos, en ese momento, al estallido universal de los “ismos” y, en Colombia, los grupos de “Los Nuevos” y el “Piedracielismo”, cambiaban los ritmos y mecanismos literarios de la poesía y la prosa.

    A la vez, durante varios años, en las páginas del diario, escribí una columna que llevaba el titulo general de ”Vientos Contrarios”. Pero lo esencial,  que recuerdo con alegría intelectual y humana, fueron las lecciones de periodismo que aprendí de Gómez Martínez: la generosidad espiritual; la claridad en la escritura; la limpieza moral; entereza para escribir la verdad, sin ceder a ningún halago; la seriedad doctrinaria para opinar y espíritu de justicia para juzgar a copartidarios y enemigos ideológicos.

    Vuelvo, pues, a mi oficio de tantos años. He escrito para “La Patria” y “La Mañana”, de Manizales; para “El Tiempo” y “El  Espectador” , de Bogotá. Para revistas nacionales y extranjeras. Estoy, pues, en mi mundo espiritual. Espero generosidad de mis lectores.

    Como siempre, mi prosa se inclinará, fácilmente, para exaltar a Antioquia – su grupo humano, su ciencia, su literatura, su defensa e impulso de la cultura a través de su excepcional vida universitaria y de sus importantes Bibliotecas, exaltadas y galardonadas en diversos países de su industria, de sus políticos que han ayudado a conformar el pensamiento nacional.

    Cuando me equivoque, aspiro a que haya comprensión mental para perdonar mis desvíos. Lo único que sí sé, es que no mancillaré ni la región ni la patria. Tampoco me doblegará el pesimismo sobre Colombia que algunos colegas quieren que cubra, como una loza funeraria, el destino nacional.

     

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