Al instante

El ascensor del penalista y la barbería de Calderón

Por Osar Domínguez Giraldo

Imagen You Tube
Doctor Horacio Gómez, salud.
Creí que el episodio en el que casi  perecemos en un ascensor de los años de upa, no sería rebasado nunca. Ese día finalmente, llegamos a su oficina y pudimos despachar su prosa. Y su almuerzo en medio de libros llenos de códigos, fotos suyas y de sus ideólogos, entre otras yerbas.
Pero todavía nos sigue deparando usted sorpresas. Por eso le escribo ésta. Claro que la presente es para informarle que en breve recibirá una llamada de mi pool de abogados. Me prepongo instaurarle causa penal por el delito de daño en cosa ajena,  concierto para aniquilar invitados, y tentativa masiva de hambruna.
Los hechos: Está bien que nos haya invitado a las 12:30 a la embajada del Ecuador para asistir al lanzamiento de otro libro suyo. Y de su revista. Lleno hasta las banderas lo que habla de su poder de convocatoria.
Está bien que usted y otros ilustres invitados nos hayan apaleado con discursos más largos que un consejo de gobierno de su presidente Uribe.
Está bien también que nos haya repetido su discurso en el que cita hasta el gato.
Está bien que diga: menciono solo a fulanito pero no los puedo mencionar a todos porque me haría interminable.
Está bien que se olvide de esta promesa para ir diciendo: “Claro que celebro la presencia de doña Olga Duque de Ospina”. Ella, según supe, asistió a ver si usted le ponía la pata a sus famosos frisoles para los cuales no clasifiqué en esta encarnación.
Si usted miró bien a la ilustre opita, ella tenía la cara de quien viene convencida de que habrá almuerzo. La gente, al menos la que yo conozco, suele utilizar el mediodía para despachar el segundo golpe del día.
Muy bien que haya invitado a embajadores tan ilustres como el de Argentina, delgado como el “sesgo alfil” del que habla Borges en sus sonetos sobre el ajedrez. También el embajador de México se dejó de tequilas y aprestigió con su presencia la velada. Es más fácil que la i ande sin el puntito encima que falte el embajador de Marruecos a una tenida con la marca Gómez Aristizábal. Solo faltó que el embajador llevara camello.
Cómo será usted de convocante que el doble del presidente de Bolivia, Evo Morales, también fue de la partida. Me refiero, claro, al embajador de ese país. Tenía cara de estar en el lugar equivocado. Todo sea por la integración. Si usted le hubiera mirado bien la cara al señor embajador, habría entendido que también el hombre se había ido sin almorzar.
Esto para no mencionar la cantidad de personas de la tercera edad que atendieron su llamado. Con excepción de la estoica doctora Clarita, su eficiente arma secreta, los demás pasábamos tranquilamente de los 60 años.  Muchos tenían en el bolsillo el puré de pepas que suelen meterse ante del almuerzo. Pero ni agua les dieron para tomarse sus vitaminas. Menos mal no hubo bajas.
Hasta un personaje de Molière estuvo presente. Me refiero a Jean Claude Bessudo, quien encarna al señor Jourdain en El burgués gentilhombre. No me lo dijo, pero también esperaba verse ante algún plato repleto de eso que en español llamamos prosaicamente comida y en francés “nourriture”.
(Menos mal no estuvo el embajador ecuatoriano, “llamado a consultas por su gobierno”, porque si no se deja venir con otro ladrillo oratorio. Aunque, aquí entre nos, según supe, el embajador, muy diplomáticamente, viendo lo que venía, se largó para un restaurante vecino, y nos dejó a nosotros colgados de la brocha. Le confieso que faltó poco para que, en compañía del muy ilustre historiador don Fabio Roca, asaltáramos la cocina. Espero que usted nos habría sacado de la cárcel. Para algo su cuyabra y quindiana educación es penalista de postín).
En síntesis, doctor Gómez: estas líneas para decirle que eso no se le hace ni al peor amigo ni el mejor enemigo: nos invitó a hacernos morir de hambre. Menos mal, yo llevaba una presita encaletada porque me dije: de pronto el doctor Gómez sale con una de las suyas.
Si quiere desembarrarla, invite de nuevo a todos los damnificados y pónganos a tragar desde un principio.
Lo que usted hizo puede que tenga perdón de Dios. Yo no lo perdono, doctor Horacio.
Creo que lo pensaré  setenta veces siete la próxima vez que reciba una invitación de su señoría.
Nada cordialmente, y todavía pálido, del hambre,
Öscar Domínguez G.

Acerca de Revista Corrientes (2664 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas