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El arte de envejecer

Por Oscar Domínguez Giraldo (Revista Bienestar Sanitas)

Foto William Giraldo Revista Corrientes

Los colombianos nos jactamos de ser primeros en producción de esmeraldas; las orquídeas nuestras no tienen competencia; somos segundos exportadores mundiales de flores; somos imbatibles en pájaros exóticos (1815 especies) y en variedad de ranas. Por segunda vez tenemos Miss Universo. En las encuestas figuramos entre los más felices del mundo. Futbolistas, ciclistas y patinadores se encargan de treparnos el ego.

Pero no todo es color de rosa. Entre 96 países, Colombia ocupa el incómodo puesto 52 en calidad de vida para los viejos. Noruega, Suecia y Suiza suben al podio como los mejores países para envejecer. Lo proclama HelPage International, un organismo británico que publica anualmente el Índice Global del Envejecimiento. Los últimos datos disponibles ( octubre de 2014 ) tienen el respaldo del Banco Mundial, Organización Mundial de la Salud, la OIT y UNICEF.

Para efectos estadísticos no somos viejos. A nuestras espaldas, nos dicen adultos mayos, tercera edad. Hay otro calificativo exótico: “extraedad”. Ninguno de estos eufemismos atempera el parsimonioso camino hacia el ocaso. Ignoran los técnicos que los “damnificados” estamos a gusto con el voquible viejo. Tiene su encanto, su magia, como lo admiten veteranos entrevistados para este artículo y que siguen vigentes, lúcidos, innovadores. Viven su eclipse con las luces encendidas.

El más veterano, Monseñor José de Jesús Pimiento, nombrado cardenal a los 96 años cumplidos el 16 de febrero, le confesó al periodista Eduardo Durán Gómez su receta de longevo: “Una vida ordenada, metódica, con ejercicio físico todos los días y con una alimentación equilibrada. El no desprenderme del trabajo, de la actividad mental permanente y del deseo de poder hacer muchas cosas más, me ha permitido permanecer actuante”.

El encanto de los sesenta

La especie humana dura más todos los días. La ciencia se ocupa de aplazar la cita con el más allá. Los gobiernos trabajan por mejorar la calidad de vida pero no hacen lo suficiente. Hay consenso en que hace falta una gerontología digna.

Cada vez más, los viejos somos parte del paisaje. No todos tenemos la misma suerte. Hacen nube los “muebles viejos” que llevan la peor parte. Para muchos, la soledad, la enfermedad y la desatención son sus compañeros de ruta. El señor Alzheimer acecha desde la sombra.

Para nivelarnos, el mencionado informe de HelPage se refiere a los mayores de sesenta años. También el Censo General de Población y Vivienda del DANE de 2005, el último disponible, utiliza el mismo parámetro de las seis décadas. Algunos gerontólogos afirman que envejecemos desde los 49-56 años.

Aunque hay “viejómetros” para todos los gustos. Nacemos y empezamos a envejecer aseguran los hiperbólicos que nunca faltan. En su libro-biblia ya clásico sobre los catanos, “Envejecer no es deteriorarse”, Arturo Canal Ramírez, se remite a los autorizados gerontólogos soviéticos para quienes la madurez va de los 40 a los 60, la edad avanzada de los 60 a los 75 y la vejez, o cuarta edad, de los 75 en adelante. Para el fallecido tipógrafo “envejecer es un arte”.

Mientras usted termina de leer estas líneas puede nacer otra medición. Los gerontólogos de acera decimos que somos tan viejos como nos sintamos. “Envejecer es disminuir la gana”, sintetizó el filósofo de Otraparte, Fernando González, fallecido a los 68 abriles.

Un colega cucho que nos dejó, García Márquez, se deja de números y pontifica: “Una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”. Y su colega Nobel, José Saramago, dejó dicho: “Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento”.

ENVEJECER EN NORUEGA

En los dos últimos años medidos (2013-2014) Noruega y Suecia, se han relevado en el primer lugar como países óptimos para ennietecer, en su acepción de chorrear la baba por los nietos. Suiza, Canadá y Alemania, completan el exclusivo club de cinco los mejores. Nueva Zelanda, Islandia, Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, se mueven entre las naciones en las que envejecer en “menos pior”.

(laverdad-stage.coke.com)

Pareja  mayor  en Noruega (laverdad-stage.coke.com)

En Suramérica, a Colombia (52) la golean Chile (22, el mejor de la región), Uruguay, donde envejece feliz el saliente presidente Mujica (23), Panamá (24), Costa Rica (26) y México (32).

Veamos cuáles son los rubros que se tienen en cuenta para la clasificación de los mejores y peores para ejercer el oficio de anciano. (“¿Qué a qué me dedico? A ser viejito”, respondió un feliz matusalén criollo entrevistado para un programa de televisión):

— Seguridad de los ingresos, es el primer parámetro. Incluye pensión, ingreso per cápita, tasa de pobreza.

— Estado de salud es el segundo. Alude al bienestar médico, expectativa de vida a los 60 años y bienestar sicológico.

— Vienen enseguida empleo y educación para los mayores de sesenta.

— En bienestar social se evalúan relaciones sociales, seguridad física y el acceso a transporte público seguro.

En Colombia “todos nos llega tarde”, hasta el Decreto 36 del 14 de enero que garantizará una pensión vitalicia y por ende una vejez digna a un mayor número de beneficiados. A lo mejor, con medidas como ésta, el país mejorará el ranking en la medición que se hará para este año.

“El mecanismo cubre la incertidumbre proveniente de las variaciones del salario mínimo en las rentas vitalicias, con el objeto de reactivar la oferta de estos instrumentos en el mercado”, explicó en su momento el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

En materia de atención a la población que peina canas de pronto nos encontramos municipios como Envigado, en Antioquia, donde una treintena de ancianos viven con todos los mimos en el que fuera el Taj Majal de Pablo Escobar, la cárcel de La Catedral. Pero una sola golondrina no hace verano. Se necesita multiplicar por mil ese centro gerontológico. Y pasar hoja de vida…

“Gracias a las mejores dietas, mejor sanidad, los avances médicos y la mayor prosperidad, la población mundial es más longeva”, afirma Silvia Stefanoni, presidenta interina de HelpAge International.

Pero no hay que echar a vuelo las campanas. Stefanoni, agrega que, tal como lo demuestra el Índice, “hay una realidad muy presente de que millones de adultos mayores, siguen enfrentando condiciones de vida muy difíciles y una falta de acceso a los servicios esenciales”.

Crece la audiencia

Y más vale que Colombia mejore la atención a la “cuchedad” porque cada vez somos más los de la logia de veteranos. Bueno, aquí y en el resto del mundo.

Según la citada HelpAge International en 2014 había en el mundo 868 millones de mayores de 60, el 12% de la población mundial. En 2050, los viejos serán 2.000 millones, el 21% .

En Colombia, entre 1995 y 2000 los mayores de edad aumentaron a un ritmo del 2.8%, un porcentaje más alto que el crecimiento total de la población, 1.9%. Los duchos en análisis esperan que ese incremento se mantenga en las próximas décadas. Se estima que una vez cumplidos los sesenta, los colombianos vivan hasta los ochenta. (“A los ochenta, todo contemporáneo es un amigo”: Igor Stravinski).

En general, la esperanza de vida en todo el mundo se ha incrementado para todos en los últimos 50 años, especialmente para las mujeres, nuestras “dulces enemigas”, como las llamaba Don Quijote. En promedio, las féminas viven un 5.9% más que el varón domado, convencido de que tiene la sartén por el mango.

No es ningún descubrimiento original, pero cuando vemos una pareja en la calle, por lo regular la mujer, que se ha desgastado más por razón de su “oficio”, es la que cabrestea a su hombre.

La esperanza de vida ha sido mayor en la población urbana y en los grupos con mayor nivel de educación y con mayores ingresos económicos. Las diferencias se explican por las profundas desigualdades existentes en el acceso y utilización de los servicios de salud.

LEJOS DE MATUSALEN

Claro que por más que mejoremos, seguiremos lejos de las edades bíblicas que cita Moisés, el Gay Talese del Nuevo Testamento. Por ejemplo, la edad de Matusalén, según el Génesis, oscila entre 130 y 969. Varía la edad de papá Adán: 130, 800, 930 años. Noé tenía 601 años cuando abandonó el arca.

Monseñor Bernardo Merino, octogenario obispo anglicano, aclara que “la Biblia es una obra maestra del lenguaje figurado. Enseña con imágenes. El literalismo no es aplicable. Las fechas bíblicas han de ser recibidas con el beneficio de la edad”. (No en vano, para Borges, la Biblia es el mayor libro de ficción).

El pastor y teólogo Darío Silva (75 años), cabeza de la Iglesia Casa sobre la Roca, citando a Henry Morris, padre del creacionismo dice que “parece demostrable, que la tierra, antes del diluvio, estaba envuelta en una atmósfera lluviosa que filtraba la luz solar y producía un clima ideal que prolongaba la vida humana y animal”.

Lo cierto es que sesentones, setentones, ochentones, nonagenarios, centenarios, cada vez más hacemos nube. A esas edades, cabría decir que envejecer es cambiar de médicos, amistades, aficiones, intereses, atardeceres, libros. A estas alturas del partido nos enfermamos de aquellas presas con las cuales nos divertíamos antes leí por ahí en alguna lectura al azar.

Los “idosos” como nos dicen en portugués, vamos más al parque y a salas de velación a despedir familiares y amigos que a fiestas. Si en la juventud éramos inmortales, o nos creíamos que es lo mismo, ahora pensamos que cargar gladiolos en el cementerio está cada día más cerca. Se cumple al pie de la letra el “postulado” atribuido a Napoléon en el sentido de que el cementerio está lleno de imprescindible

Pero ojo, no hay motivos para el desespero. Decenas a lo largo de los años han hecho su mejor obra durante su vejez.

portada

  La poeta manizaleña, Marujita Viera, sigue emparentada con las musas a los 92 años.

Otto Morales Benítez, de 94 años, despachaba todos los días en su oficina de abogado en la torre de Colpatria, en pleno centro de Bogotá. En una visita de tinto le pregunté al abuelo riosuceño si le daba miedo envejecer. “En absoluto. Hay miedo cuando no se sabe qué hacer con lo que nos entrega cada etapa del existir”.

A sus 83 años, el fotógrafo Guillermo Angulo, cultiva orquídeas, escribe, viaja, ríe, lee, conversa.

Javier Darío Restrepo, a quien lo atropellan todos los premios de periodismo, a sus 82, anda de la ceca a la meca, impartiendo cartilla sobre ética. Él mismo es la ética en marcha.

(archivo odg)

Javier Darío Restrepo (archivo odg)

El padre Diego Jaramillo, a los 82 años es el mandamás de la Fundación Minuto de Dios, donde remplazó al Padre Rafael García Herreros. El mosaico de cara más grande del mundo será el del padre Rafael. Lo levantará en la ciudadela del Minuto el artista Iván Darío Gil, 68 años. (Gil dijo que “descubrió” que era viejo cuando le informaron que no tenía qué pagar por entrar a los museos).

El papa Francisco, de 78 noviembres, tiene patas arriba la Iglesia Católica. Y su vecino del Río La Plata, Pepe Mujica, un año mayor, ha hecho hasta para vender como presidente del Uruguay.

El quindiano Jaime Lopera Gutiérrez, de 78 años, en compañía de su esposa Marta Inés Bernal, no se cansa de escribir best sellers que se venden pirateados en los semáforos, estilo “La culpa fue de la vaca”.

Y para no alargar el chico, el Nobel Mario Vargas Llosa, de 78 marzos, se acaba de estrenar como actor de teatro en su obra “Odiseo y Penélope” que él mismo escribió.

Ojalá pudiéramos cerrar el ciclo con una frase bella que le he oído a mi madre, doña Genoveva, de 93 años: He vivido el invierno, el verano, la primavera y el otoño.

Con el sol a la espalda

Varias personalidades de “avanzada” edad respondieron para la revista Bienestrar tres preguntas sobre “el arte de envejecer”

– ¿Qué significa envejecer en Colombia?

– ¿Cómo se ha sentido en su estado de “adulto mayor”?

– ¿Cuándo se dió cuenta de que había empezado a envejecer?

Marujita Vieira, poeta (92 años)

– Envejecer en cualquier parte del mundo es ir quedàndose sin amigos. Por consiguiente los que nos quedan, como tù por ejemplo, son cada día màs preciosos.

Darío Jaramillo Agudelo, poeta (67 años)

– En términos demográficos, creo que la edad promedio va pa’arriba, con el grave problema de que pocos tienen seguridad social.

– ¿Estoy en ese estado?

– Creo que fue cuando me pasaron de calzones cortos a calzones largos, cuando cumplí por ahí 84 meses.

Jaime Lopera Gutiérrez (escritor, historiador, 78 años)

— Envejecer, en Colombia o en otra parte, es lo mismo: un proceso físico, otro mental y otro espiritual. El primero es genético y condicionado al metabolismo de la alimentación y el ejercicio. El mental es diferente y a veces viene acompañado por un conocido alemán. El tercero es el único que sobrevive a los dos anteriores porque involucra el mundo de creencias, valores y expectativas que se han tenido. Si hubiese un aparato de medición, con estos tres parámetros uno podría estimar su situación cada momento y para tales efectos en mi caso registro una paridad de siete en ellos.

— Como la velocidad de muchas cosas se reduce en el estado de adulto mayor (excepto las carreras para cobrar la pensión mensual), se tiene la sensación de respeto de los demás y de nuestra experiencia. En la elección de las lecturas, por ejemplo, uno procede por amigarse con los clásicos y darle menos importancia a la frivolidad. Adulto mayor es solo un reconocimiento estadístico, la procesión va por dentro. De todos modos, el afecto por la pareja y la familia se incrementan. En dicho período también se eleva este pensamiento del oponopono: “A veces es mejor ser feliz, que tener la razón”.

— Solo hasta hace muy pocos meses, con una punzante molestia en las vértebras, mi cerebro se desplazó hacia el dolor y ahí me di cuenta de que aquel director de orquesta no acepta rivales –por lo cual anuló mis disposiciones de reflexionar, leer y escribir. Eso me dio un poco de susto, como una secretaria embarazada por el jefe, pero la realidad estaba ahí sentada esperando que volviera en mí.

Monseñor Guillermo Melguizo (60 años… de sacerdocio)
— Depende: para gente privilegiada, que se preparó psicológica y espiritualmente, que está acompañada y es amada, y a lo mejor está jubilada, envejecer es disfrutar de la cosecha sembrada, es mirar hacia atrás con gratitud, y mirar hacia el futuro con esperanza. Para los pobres, los que no son amados, para los que no tienen seguro social, no tienen pensión, no tienen salud, es una época trágica, sin la más mínima esperanza. En Colombia falta mucho camino por recorrer en el campo social hasta lograr una gerontología digna.

— Soy un privilegiado de Dios, de los míos y de muchas personas que me aman. Me preparé para vivir en una organización privada: privada de sueldo, de secretaria y de chofer, y como soy providencialista, no me falta nada y no me sobra nada.

— Muy pronto se me hizo tarde, y cuando menos pensé, tenía setenta, y cuando llegué a los ochenta, no lo podía creer y me acordé del salmo 90: ” La vida del hombre son setenta años, y si es fuerte y robusto hasta 80 , por eso Señor, enséñanos a contar nuestros días para que adquiramos un corazón prudente”. Por otra parte, no me gusta decir cuántos años tengo porque hay mucha gente que se encarga de llevarle a uno la cuenta. Sólo me gusta decir que llevo casi sesenta de sacerdocio.

Gonzalo Mejía, médico gerontólogo, 63 años

— Envejecer en el paraíso, algo ahora muy común, para algunos muy triste.

— Feliz, no quisieras retroceder ni un día.

— Cuando empecé a salir con mi hijo Manuel, hoy de 14, y me decían, “que lindo el nieto”. Luego por muchas otras circunstancias, una muy clara fue cuando le pregunté a un trabajador de carretera por donde debía seguir pues ésta se abrió en dos y me dijo, sin dudarlo, “por ahí cucho”. y etc, etc….

Rodolfo Segovia Salas, historiador

a) Si es personal la experiencia, de ataque. Cuando me preguntan ¿qué estás haciendo?, respondo “lo menos posible”. Esto contesta la pregunta dos. Pero no estoy autorizado para hablar por todos los colombianos adultos mayores, quienes, en general, cuando no gozan de la protección de la familia extensa, no andan de picnic.

b) Me perdonarás lo gráfico de la respuesta, pero me di cuenta de que había comenzado a envejecer cuando el segundo me empezó a salir del cerebelo, en los días muy buenos.

Guillermo Mago Dávila, periodista-linotipista (86 años)

Guillermo Dávila (Foto aechivo odg)

Guillermo Dávila
(Foto aechivo odg)

 

-Cumplir un sueño de la niñez: ¡ser invisible! No te determinan. No te escuchan. Te ignora el Estado. Te irrespetan. ¡Solo los niños, nietos y nietas, tienen ojos y frases hermosas para ti!

— Ofendido por lo que a otros les sucede: el abandono y el olvido en que les han dejado; el maltrato que les dan en materia de salud.

— En cuanto a mi, le agradezco a Dios el permitirme superar los malos momentos y escuchar a quienes han dicho “hice lo que aprendí de ti y he triunfado!”. La magia me enseñó que la vida es un truco. !Siempre fácil! Tengo felices y gratos recuerdos. Gozo cuando no me importa la invisibilidad y también con la imbecilidad del prójimo.

–Cuando las bailarinas del cabaret me empezaron a decir Don Mago!

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