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Ejemplo de entereza

Por Carlos Alberto Ospina M.

Reinaldo Rueda Foto Carlos Alberto Ospina

 

 

Despedir a alguien que no conocemos y aprendemos a querer a través de los actos y las obras materiales, duele, puesto que lo haces tan tuyo, que es imposible ignorar su partida. El silencio implícito en la mirada, dice mucho de lo que él calla, hasta cierto punto, que es inevitable especular en el porqué de su partida. Mientras, más explicaciones y justificaciones, fuera de lugar, ofrece el presidente del Atlético Nacional, Andrés Botero, menos increíbles son las razones por las cuales, Reynaldo Rueda, deja las huestes del equipo paisa. Las organizaciones, cuando se ven en calzas prietas, recurren al viejo truco de la sobreexposición mediática con el objetivo de echar tierra sobre el cadáver del desacierto administrativo.

 

Botero Phillpsbourne, enfrenta una crisis de profundas repercusiones. Por un lado, no genera la empatía ni la credibilidad de su antecesor, Juan Carlos De La Cuesta. Por otra parte, el supuesto retiro voluntario de Reinaldo Rueda Rivera, siendo el vallecaucano, un rotundo ganador, no tiene carta de presentación ante propios y extraños. El reemplazó, Juan Manuel Lillo, de una lista de 11 candidatos, es un técnico de media petaca, quien ha dirigido más equipos de segunda, excepto Millonarios y otros de inferior categoría; aparte de llevar dos años sin dirigir y de no tener trofeos que mostar. Algunos dirigentes creen que pueden manejar y conducir la opinión a su amaño, pero están muy equivocados. El público en general y los hinchas en particular, sin conocer las intimidades del Club verdolaga ni los términos del convenio de confidencialidad entre las partes, no le creen al Presidente, Botero, cuando afirma que “Lillo, es el gurú del fútbol… pueden mirar en Wikipedia… Juan Manuel, conoce más del Nacional, que yo”. Afirmaciones hechas en la rueda de prensa del pasado miércoles 21 de junio de 2017 en Guarne-Antioquia.

Reinaldo Rueda y su equipo técnico.
Foto Carlos Alberto Ospina

La personalidad, el talante y el carisma de un profesional sale a flote, cuando puede mirar a la cara y decir: “¡Me voy!, porque los valores y los principios del respeto, la solidaridad y la lealtad, son indeclinables. Es en lo que cree este cuerpo técnico y es lo que le inculcamos a los jugadores”. ¡A fe! que lo logró, Reinaldo. Pasó de ser profesor y director técnico, a constituirse también en un maestro de la discreción, la humildad y la coherencia moral. El pasado 28 de abril, día del aniversario de los 70 años del Atlético Nacional, el cisma se dejó venir. “Fue un día de contrastes. Afortunada o desafortunadamente me citaron a una reunión al mediodía con la Junta Directiva, la plana mayor de Postobón y de la Organización Ardila Lulle. ¡Y bueno!, ese día me salió del corazón o de la cabeza, no sé, de dónde me salió eso. Les pedí disculpas, porque no quería seguir haciendo parte del diseño del equipo y que era el momento de hacerme a un costado”, dijo, con los ojos llenos de nostalgia, Reinaldo Rueda. ¿Qué era lo imprescindible que los directivos tenían que decirle a Rueda, que no podían esperar a la mañana siguiente a la celebración del aniversario? Nadie, por poderoso que sea, cambia la tranquilidad y los éxitos, por el descrédito y el desaliento. Casos se han visto que, para evitar el daño a la imagen corporativa y a la reputación del conglomerado empresarial, se opte por vagas explicaciones o lacónicas despedidas. Aquello puede acontecer en el marco de la confidencialidad debida o las cláusulas de rescisión, con retención a bordo, que incluya una eventual indemnización económica a favor de mutis por el foro. Ésta cacofonía gramatical, simboliza la ley del silencio o la función de idiota útil, chivo expiatorio, que algunos empleados representan al momento de su retiro. Rueda Rivera es un hombre noble, sincero, coherente e integrador, tanto así, que afirmó: “En la vida hay que cerrar ciclos. Son muchos los factores que te pueden llevar a ello. Pasa en todos los ámbitos y es de noble reconocerlo. Eso fue lo que manifesté el 28 de abril. Por el bien del equipo, de los muchachos, de todos nosotros, el cuerpo técnico, lo mejor era cerrar este ciclo”.

La capacidad de leer entrelíneas y la suspicacia que despierta el retiro de un triunfador, permite inferir la probidad de un hombre que no doblega la cerviz: “En nuestro caso, cerrar este ciclo es una decisión estrictamente profesional. Para mí, el trabajo de equipo es fundamental. Mis empleados y mi cuerpo técnico, son muy esenciales para mí. Son mi prioridad, porque con ellos llevo 12 y 20 años… Yo busco hacer trabajo en equipo y grupos humanos”, sentenció Reinaldo en la conferencia con los medios de comunicación. El sentido de la decencia, la oportunidad, la agudeza y el carácter del técnico caleño, se ratifica en el buen juicio al respecto de las divergencias al interior del club: “Cuando regresé el 1 de marzo, después de 42 días de incapacidad médica, tuve la sensibilidad para percibir que algo había cambiado. Entre marzo y abril fue una situación muy fastidiosa, y le manifesté esa inquietud a los directivos”, refiriéndose a la solicitud de prescindir de su preparador físico, Carlos Eduardo Velasco, debido a las diferencias conceptuales, técnicas y metodológicas en relación con el Centro de Alto Rendimiento y el proyecto macro de la institucional deportiva. Aspectos, que generaron una ambigüedad contractual conforme a los objetivos del cuerpo técnico y las aspiraciones de varios directivos y asesores verdolagas, entre ellos, Juan Pablo Ángel. A un caballero, todo honor. Reynaldo Rueda Rivera, aunque ha sido vertical acerca de las razones de su salida, nunca aprovechó la coyuntura de la desazón e insatisfacción generalizada para crear un ambiente hostil hacia persona alguna, no por provecho propio, sino por mesura e integridad. “Lo mejor y más conveniente para el equipo es que siga su camino y que todos nos oxigenemos. Me quiero ir, mejor, debo irme. Acá, ganamos lo que, ni el más optimista, había imaginado. Lo más lindo del Nacional es el respeto y la Institución está por encima de todos nosotros”, expresó, Rueda, al finalizar su ciclo en el equipo antioqueño.

 

Reinaldo Rueda Rivera, tuvo y posee, sobre el tapete varias ofertas internacionales desde la Selección de Emiratos Árabes, pasando por su similar del Paraguay, hasta dos ofrecimientos de equipos de primera línea en Suramérica. A todos ellos, hace un mes, les respondió que analizaría las ofertas después del 18 de junio, una vez concluyera la Liga. “No voy a salir corriendo por dinero. Voy a cumplir mi palabra hasta el último momento”. Por esto, la intensidad de sus lágrimas al saber que sería la última celebración en el Atanasio Girardot, el tamaño de su grandeza, la dignidad de su rostro y la dimensión de su obra, merecían mayor gratitud institucional. En cambio, los jugadores y los asistentes al estadio, no fueron inferiores a la excelencia moral de Reinaldo. Los primeros, a pesar de estar al corriente desde hace 45 días, de que su técnico se iba, dejaron el alma y la piel en la cancha. Los seguidores, corearon su nombre a manera de alabanza eterna, y demostraron que una persona puede despertar tanto amor, congregar y unir a miles de hinchas por medio de una pasión, el fútbol, siempre y cuando, lo mueva la nobleza de espíritu y la rectitud de sus actos.

Reinaldo Rueda y su entereza
Foto Carlos Alberto Ospina

Reinaldo Rueda Rivera, su Majestad del fútbol, ejemplo de entereza profesional.

 

Enfoque crítico – Pie de página. Sí el punto de quiebre de la salida de Reinaldo Rueda del Atlético Nacional fue el condicionamiento a la continuidad de Carlos Eduardo Velasco, la imposición de otro modelo de trabajo, el Centro de Alto Rendimiento y el proyecto de marca internacional; tuvieron la opción de implementar una formula elemental de conciliación de intereses, conceptos y metodologías. Verbigracia, el preparador físico inglés se podía encargar del CAR y las divisiones inferiores, sin involucrarse de forma directa en el trabajo del cuerpo técnico de Reinaldo; pero sí, articulando procesos de formación, de acondicionamiento y sinergias, las cuales serían insumos del Rey de Copas. La Organización Ardila Lulle conoce muy bien la política de objetivos vs. resultados. Rueda Rivera, los superó con creces.

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