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Eje 21: Anhelo de paz

Por Jorge Eliecer Castellanos M.

udea.edu.co

En el Club El Nogal de la capital colombiana, el periódico El Tiempo y la Universidad del Rosario invitaron recientemente al expresidente de Costa Rica Óscar Arias Sánchez, premio Nobel de Paz (1987), a disertar sobre la paz en Colombia. Roberto Pombo, director del poderoso diario capitalino y Arias tuvieron un conversatorio sobre el exitoso proceso de paz de Centroamérica, que le valió el premio Nobel al exmandatario. También intervino el jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana, Humberto de la Calle Lombana, al lado de los excomisionados de Paz colombianos, Camilo Gómez, Horacio Serpa, Rafael Pardo y Carlos Holmes Trujillo, quienes hablaron de sus experiencias y de las actividades que no harían.

Vale la pena destacar que en el encuentro, Óscar Arias quien fue presidente de Costa Rica y en 1987 ganó el premio Nobel de Paz por sus esfuerzos en la reconciliación en Centroamérica, sostuvo enfáticamente que: ‘Las Farc deben entregar las armas”, al tiempo que puntualizó que la guerrilla colombiana no alcanzará el poder con las armas”. Su exposición fue amplia y clara y las declaraciones contundentes como corresponde a su experimentada trayectoria. Las lecciones son básicas y también debemos tenerlas en cuenta.

Óscar Arias, es un excepcional líder latinoamericano quien ha estado vinculado a muchas empresas pacifistas, pero, ante todo, es reconocido en el mundo como un incansable buscador de la paz y para ello dicta conferencias en todas las latitudes de panera permanente.

Entre otras afirmaciones del expresidente, reseñamos que al ser interrogado sobre sus observaciones sobre la búsqueda de la paz en Colombia que indicó que: “Sé que en La Habana hay una negociación que tiene ya más de dos años, que definieron cinco grandes temas y que han avanzado bastante sobre tres de ellos. Yo he venido en esta ocasión para hacer una reflexión sobre la importancia de que los colombianos alcancen la paz cuanto antes; la verdad es que esta sociedad no se merece más de 50 años de lucha, con el dolor y las heridas que esa lucha ha dejado. He venido para hacerles ver cuán importante es que el pueblo colombiano pueda silenciar las armas cuanto antes”. A renglón seguido señaló: “ Es sumamente importante que las partes entiendan que en toda negociación uno logra lo que puede, no lo que quiere. Es necesario que ambas partes lleguen a la mesa de negociación con el ánimo de que tienen que verse a los ojos, crear una empatía, generar una confianza que al principio es inexistente y tener la humildad para saber ceder cuando hay que ceder, porque en una negociación para alcanzar la paz no hay verdades absolutas; la disposición para transmitir es quizás lo más importante de toda negociación”.

Sostuvo sobre la paz y el perdón, con base en la experiencia de Centroamérica que: “Ese es uno de los puntos más álgidos de toda negociación. Así fue en Centroamérica y en Sudáfrica. Ese equilibrio entre justicia y perdón es algo que solo los colombianos pueden definir, y uno de los temas más controversiales en ese proceso de paz más polémicos y en el que los negociadores tendrán que dedicar mucho tiempo porque es el asunto más difícil”.

Otro tema sensible de la negociación es qué hacer con las armas. Ya nos estamos aproximando al debate. Al respecto dijo que: “Si existe la voluntad para llegar a un acuerdo de paz, no hay justificación para que las Farc mantengan sus armas. Deben entregarlas. Me parece que las armas deben ser entregadas y, como hicimos en Centroamérica, simbólicamente las quemamos. Yo fui en Nicaragua a un acto simbólico con Violeta Chamorro en el que abrimos un hueco, quemamos las armas y las enterramos. La señal que queríamos enviar al mundo era que Nicaragua, desde ese momento en adelante, iba a vivir en paz. Debo decir que las negociaciones entre las partes en conflicto en Centroamérica tomaron algunos años después de que el plan de paz fue firmado, en agosto de 1987. Esa firma fue el comienzo de una negociación que tuvieron que tener los gobiernos con las guerrillas en sus respectivos países. El Frente Farabundo Martí, en El Salvador, la contra nicaragüense y las guerrillas en Guatemala, ese fue un proceso que tomó varios años. Al final serán ustedes los colombianos los que decidan cuánto tiempo más les habrá de tomar hacer la paz, porque pienso que el tiempo que ya se han tomado es demasiado extenso”.

Cuando se le pregunto que la paz toma tiempo, expreso que: “Así es. Es evidente que es más fácil hacer la guerra que hacer la paz. Para alcanzar la paz hay que quererla, ansiarla con toda el alma. A ustedes después de cincuenta años de lucha les llegó el tiempo de ansiar la paz con toda el alma, pues en tiempos de la Guerra Fría uno podía entender que hubiese guerrillas marxistas, leninistas, pero no hoy; hoy es un contrasentido. America Latina nunca ha sido más democrática que hoy. Una democracia tan consolidada como la colombiana no justifica que todavía haya grupos armados ilegales queriendo continuar la lucha por alcanzar el poder. Ellos saben que eso nunca lo van a alcanzar. El mundo está pendiente de que las conversaciones de La Habana sean exitosas y se alcance la paz en Colombia lo más pronto posible”.

Entre otros aspectos así respondió Arias Sánchez, quien nos deja unas lecciones claras sobre la búsqueda de la paz, las cuales tenemos que aprenderlas y ponerlas en práctica para conseguir este esquivo bien tan anhelado por los colombianos durante varias décadas.

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