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ECOPETROL amenaza con irse de Colombia

Por Octavio Quintero, El Satélite

Juan Carlos Echeverri, presidente de ECOPETROL. Foto static.iris.net.co
Noticias Caracol-TV, en su sección “El código de Caracol”, reveló en su edición de este martes 25/07 en la noche que el pozo Gorgon-1, anunciado por el presidente Santos el pasado 03 de mayo como “el más grande descubrimiento de gas natural en los últimos 28 años para Colombia”, resultó seco.
Por supuesto, no es buena noticia para Colombia, que en materia petrolera se debate entre la vida y la muerte. Los expertos aseguran que si en los próximos cuatro años “no se nos aparece la virgen”, el país tendrá que importar petróleo a partir del 2022.
Según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el combustible que mueve la economía y abastece gran parte de las arcas del Estado está en vía de extinción… Ese hecho tiene al gobierno en una búsqueda desesperada, incluso cuando los bajos precios han hecho caer las inversiones de las multinacionales petroleras a la espera de mejores tiempos.
A nadie en sano juicio debe alegrar el fiasco del presidente Santos, pues, lo que está en juego es la suerte del país en su autonomía energética. Pero no sobraría observar que en asunto tan delicado y de tan alta precisión como la exploración petrolera, llevar al presidente de la República a incurrir en semejante falsedad, resulta imperdonable, nacional e internacionalmente.
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Expertos que somos en cortinas de humo, la reacción a este ligero traspiés corrió a cargo del presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverri, quien en las últimas horas amenazó con dejar al país si a la estatal petrolera no se le permitía la nueva técnica de fracking en la exploración y explotación de nuevos pozos.

“Si no nos dejan utilizar los no convencionales nos iremos a Venezuela o Brasil o dónde nos dejen, pero Ecopetrol es una empresa de petróleo y por tanto debe dar utilidades y para eso estamos”, afirmó.

             
Señaló que en el caso de la petrolera, el objetivo principal es usar este mecanismo no convencional para buscar petróleo en zonas como el Magdalena Medio en donde, dijo, hay reservas por 1.000 millones de barriles, en el subsuelo.
Después del fiasco, todo lo que diga Echeverry habrá que ponerlo en cuarentena. ¿Qué tal que le demos vía libre el fracking y, entonces, ya no solo nos resulte “más dañino el remedio que la enfermedad” sino que, además, nos quedemos “sin el pan y sin el queso”.
¿Qué es fracking?
Fracking, en lenguaje petrolero significa fracturar capas de la tierra mediante agua a presión con el fin de extraer petróleo de donde nunca antes se había logrado. A diferencia de los yacimientos convencionales, comparativamente mucho más sencillos de explotar, con el fracking se trata de romper la roca madre de la tierra a km de profundidad… Para lograrlo, las empresas inyectan a presión grandes cantidades de agua mezclada con químicos para así extraer el petróleo o el gas atrapados en las rocas.
El sistema llega a Colombia procedente de Estados Unidos, país que logró su autosuficiencia energética gracias al fracking.
Esta tecnología es objeto de un fuerte debate en todo el mundo, pues a ese uso intensivo de agua se suman el riesgo de contaminar acuíferos superficiales y subterráneos con materiales radioactivos y gas metano y el aumento de la sismicidad en los lugares donde se aplica.
Reacciones
Las declaraciones de Echeverry prendieron de nuevo las alarmas en Colombia sobre la apuesta riesgosa de introducir el fracking en la exploración y explotación petrolera en momentos en que lo que se ve en el mundo es un total rechazo al sistema.
Primero fue Francia en prohibir la tecnología, pero una de sus principales petroleras privadas, la Total, se metió con el fracking en Argentina, incluso en zonas declaradas de reserva natural, y en este país suramericano tiene prendida la mecha entre el Sí y el No a la mundialmente discutida nueva tecnología de exploración y explotación de hidrocarburos.
El último país en dar un paso hacia la prohibición es Alemania que en el pasado mes de junio la coalición gobernante se sumó al rechazo. La propuesta irá ahora al parlamento y se espera que sea ratificada como política de Estado.
Inclusive en el mismo Estados Unidos, estados como Nueva York declararon una moratoria frente al tema y en las regiones que sí lo admiten se están multiplicando las evidencias de sus impactos negativos.
La imagen habla por sí sola. En Australia, el parlamentario Jeremy Buckingham subió a las redes sociales un video en el que se observa un rio en llamas como una de las tantas consecuencias del uso del fracking para la explotación petrolera.
Un reciente artículo publicado en la revista Science afirma que en Oklahoma, uno de los estados que permite el fracking, los sismos entre 2008 y 2013 han aumentado 40 veces con respecto al periodo 1976-2007. Otro estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Duke, reúne evidencias de contaminación de aguas subterráneas y superficiales por cuenta de fallas en los pozos y de la inadecuada disposición de las aguas residuales del fracking.
A pesar de estos precedentes, en Colombia hoy existen 13 contratos de exploración y producción para hacer fracking en yacimientos no convencionales ubicados en Norte de Santander, Santander, Cesar, Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y Tolima. De ese total, seis bloques hacen parte de los Proyectos de Interés Estratégico para la Nación (Pines), lo cual quiere decir que están entre las prioridades económicas del Estado. Por eso reciben tratamiento especial para que sus procesos de licenciamiento, consulta previa y compra de predios sean más expeditos.
Desde que el entonces ministro de Minas y Energía, Amilkar Acosta (un camaleón sabelotodo) dictaminó que “no hay peligro de que esto suceda en Colombia gracias al (…) trabajo coordinado entre las distintas instancias del Gobierno Nacional donde se partió de la base del conocimiento más avanzado para lograr un reglamento técnico que incentive a la industria, exija los mayores estándares de calidad, estimule las buenas prácticas  y proteja el medio ambiente”, Colombia es uno esos países asediados por los precursores del fracking, frenados solo por la población que ha impuesto el cumplimiento de la consulta previa en los municipios como requisito para las expediciones de licencias mineras.
Pero (siempre hay un pero), las consultas han sido colonizadas por la clase política populista que caza en los municipios votos de pueblo poco o nada informado sobre los pros y contras de la respectiva explotación minera que se propone.
El asunto fue tratado recientemente en Wall Street International (WSI) en un artículo de mi autoría en el que se resalta que “no ha habido una sola consulta donde gane el Sí a la explotación minera”, lo que deja ver el peso de la emotividad que despierta la protección del medio ambiente, frente a la racionalidad que debiera imperar.
Ver: Querer no es poder: las consultas populares y el medio ambiente
Conclusión
Lo bueno y lo malo del fracking será tema de discusión por algún tiempo más. De momento parecen llevar la delantera los de NO y, como “perdiendo también se gana”, lo que pudiera despertar este rechazo a la última técnica de explotación petrolera es a una mayor inversión de los país en la exploración y explotación de nuevas fuentes energéticas de tecnologías limpias: el aire y el sol, primordialmente.
Este es otro cuento del que  seguramente nos ocuparemos en próxima oportunidad.
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