Al instante

Eclipse; silencio de luz

Por Oscar Domínguez Giraldo

Foto Guillermo Angulo

Mientras “sucede” el eclipse de mañana martes les inflijo esas líneas sobre uno que ya pasó:

Hace unas horas, la luna mejoró su hoja de vida ocultándole el sol a la tierra. Suele ocurrir

en los eclipses parciales de sol. Y eso que la luna es 400 veces más pequeña que el sol.

En fenómenos estelares como el que se presentó hace poco, el sol se encuentra 400 veces más alejado de la tierra.

En los eclipses, la tierra le grita a la luna: apártate, no me ocultes el sol que me estoy bronceando.

La luna se hace la loca y solo oye como a los cuatro minutos, lo que

La coqueta tierra se pone furiosa con los eclipses porque le

interrumpen sus aeróbicos a plena luz del sol.

 

Su atención, por favor: a partir del jueves en la tarde, y mientras se vuelven a programar, los gallos – Pavarottis con plumas- cantarán la hora con retraso de minutos. Los gallos tienen puesta la hora con el reloj de sol del universo.

 

Para qué lidiar con tantas hidroeléctricas? Basta con entubar la energía solar en cables de alta tensión y sanseacabó!

En ese caso, la lluvia se tendría que ir a mojar a los pueblos.

 

En este combate celestial que es un eclipse, David (la Luna)

vence a Goliat (el sol) propinándole tremenda pedrada en mitad de su

vanidad.

A qué prácticas santas y no santas se dedica el astro rey o Luis

XIV del sistema, cuando sabe que nadie lo está viendo?

 

El eclipse es una obra de teatro montada por la naturaleza para

tomar del pelo a los animales que viven una noche hechiza, de mentiras.

 

Después de los eclipses, las gallinas se despiertan con los

rulos todavía puestos y con amnesia parcial. No recuerdan dónde

pasaron la última noche ni quién las revolcó en el corral.

 

El eclipse es un caso de travestismo espacial. Entrada gratis.

En los eclipses totales, el sol se vale de la luna para hacer

púdicos carrizos a lo Viena Ruiz: insinúa mucho pero de aquello,

nada.

 

En los eclipses reinan miti-miti la luz y la sombra. Tienen mucho de Rembrandt.

La tierra anda feliz contándole a los vecinos del mismo estrato

del sistema que la cuenta de la luz le llegará más bajita el próximo

mes.

 

Para estar a tono con la ocasión, durante los eclipses, la luna

compra los bloqueadores de sol que encuentra en el supermercado. Sabe

que se bronceará hasta donde su espalda pierde el sacro nombre.

 

Nadie sabe en qué se gasta el sol la plata que ahorra en energía durante los eclipses.

En los eclipses, la luz hace mutis por el foro del infinito.

Recemos por un eclipse eterno de la guerra: que se vaya aunque le vaya bien.

 

Será posible que los másteres en corrupción y los corrupticos de

primer semestre permanezcan en eclipse total a partir de las próximas

elecciones? (¿Los que hablamos mal de los corruptos estamos seguros de

que no tenemos rabo de paja y que despotricamos del prójimo para

despistar al enemigo?).

 

¿Para dónde se va la luz del sol cuando se va?

El eclipse es un caso de erotismo celestial, el pretexto para

que la luna y el sol se echen una canita al aire en el único motel colgante como un jardín babilónico: el infinito.

En estos casos de forzoso matrimonio astral, a la tierra no le

queda otra opción que la de dejar salir el voyerista (mirón) que lleva por dentro.

Ojalá el eclipse nos deje a los terrícolas el saludable tic de acostumbrarnos a mirar siempre hacia las estrellas, puntos suspensivos del universo.

Toquemos madera para que a este silencio de luz que es un eclipse, le siga el silencio en los fusiles

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