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Duelo para el periodismo

Editorial Diario El Tiempo, Bogotá

El cobarde asesinato de Diana Turbay se produjo en confusos hechos -aún no aclarados-.

Se cumplen hoy los 25 años de la dolorosa cuanto lamentable muerte de la abogada y periodista Diana Turbay Quintero, entonces directora del noticiero ‘Criptón’ y de la revista ‘Hoy por Hoy’.

El cobarde asesinato se produjo en confusos hechos –aún no aclarados–, cuando ella se hallaba en las tenebrosas garras del secuestro ordenado por la demencia de Pablo Escobar Gaviria, quien comandaba ese grupo criminal y despiadado que se autodenominó ‘los Extraditables’.

El asesinato de la brillante comunicadora, hija del expresidente Julio César Turbay y doña Nydia Quintero de Turbay, en zona rural de Copacabana (Antioquia), fue otro de los absurdos de una estremecedora página que marcó a Colombia, donde valiosos y valientes personajes pagaron con su vida o con el calvario del secuestro la defensa de la moral y de las instituciones, a través del periodismo o de su posición política.

En esas humillantes condiciones del cautiverio estaban también, entre otros, Francisco Santos, jefe de redacción de EL TIEMPO; Maruja Pachón, Beatriz Villamizar y Marina Montoya, otra inolvidable mujer, a quien manos viles le quitaron la vida un día antes de la muerte de Diana. Es decir, hace 25 años este país vivía días luctuosos y tristes para el periodismo y para la sociedad entera.

Una sociedad que venía vestida de luto. Porque la insania y la infamia de los narcotraficantes habían matado ya, en 1986, a don Guillermo Cano, el valeroso director de ‘El Espectador’, a quien acribillaron, en una noche aciaga, por defender sus principios, como lo hizo Luis Carlos Galán Sarmiento, líder del Nuevo Liberalismo, asesinado en 1989.

“Te mataron por periodista. El arma asesina la activaron quienes te secuestraron (…). Tu batalla entre la política y el periodismo la ganó este último. Y te costó la vida”, escribió don Hernando Santos, director de este diario, en un emotivo editorial, a manera de carta, para despedir a Diana Turbay. Sí. Y ese periodismo, esa pasión suya, deben rendirles a ella, a las demás víctimas y a sus familias un justo homenaje, como es el que su nombre y sus ideales perduren para siempre; que la justicia impere. Y que la defensa de las instituciones y del bello oficio sea una bandera que no se arreará jamás.

EDITORIAL
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