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Dos jugadas maestras por la paz

Por Hernando Gómez Buendía, Diario El Espectador, Bogotá

En la Corte Constitucional el Presidente Santos afirmó que “los acuerdos solo podrán implementarse luego de que el pueblo se haya pronunciado mediante el plebiscito”. Foto risaraldahoy.com

El presidente Santos necesita que el Congreso y la Corte se rebelen contra él. O por lo menos que aparenten rebelarse contra él.

La rebelión que necesita del Congreso consiste en que no pase el proyecto que convino con las Farc para “incorporar íntegramente a la Constitución el Acuerdo Final en un artículo transitorio, en el que tendrá que constar expresamente el Acuerdo de la Jurisdicción Especial para la Paz…”.

Transcribo esta jeringonza porque fue escrita con muchísimo cuidado. Pues el engendro que Santos tiene que evitar es eso de que el Acuerdo Final se incorpore “íntegramente” a la Constitución. Esto sería idiota, descocado y absurdo:

—Idiota porque el Acuerdo ya va en 132 páginas llenas de consideraciones, intenciones, mecanismos, constancias, y unos cuántos párrafos jurídicos como el que acabo de citar. Incorporar este larguero a una Constitución sería casi como colgarle la Biblia o El Quijote.

—Descocado porque ese articulito haría las veces de la Constituyente que las Farc han pretendido desde siempre; sólo que en versión mejorada porque, en vez de competir en elecciones, las Farc habrían redactado esta especie de Constitución paralela en condiciones de absoluta igualdad con el Gobierno.

— Y absurdo porque un artículo “transitorio” supone fechas precisas para perder vigencia, pero el Acuerdo de La Habana está lleno de objetivos intemporales y procesos de duración indefinida (¿O será por ejemplo que la “equidad en el acceso a la tierra” o las “políticas de nutrición” dejarán de regir el día X del año Y?).

Pero, claro, los señores delegados no son bobos, y si escribieron esa frase fue para dorar la píldora. Lo que buscan de veras —y ellos mismos se delatan— es incorporar “expresamente” a la Constitución la Jurisdicción Especial de Paz que minimiza o elimina el castigo de los guerrilleros y los demás actores del conflicto.

La “rebelión” del Congreso consistirá en constitucionalizar solamente el acuerdo de justicia, que sí consta en fórmulas jurídicas exactas y que sí puede tener vigencia transitoria: esto es lo bello de la maniobra. Lo feo es que quedarán “blindados” los victimarios, pero no los campesinos ni las víctimas.

La rebelión de la Corte consistirá en declarar inconstitucional la ley del plebiscito por la paz, o por lo menos el artículo 3 que lo hace obligatorio para todas las ramas del poder y no tan solo para el presidente:

—Si la Corte lo tumba del todo, Santos saldrá del hueco donde se metió al prometer un veredicto popular que las Farc no pueden aceptarle porque sería suicidarse.

—Si tumba apenas el artículo 3 está haciendo lo que debe porque un plebiscito no puede cambiar las leyes ni la Constitución. Y porque en todo caso el voto popular habrá perdido importancia si el Gobierno completa su maniobra paralela de incorporar lo de La Habana a la Constitución como un “acuerdo especial humanitario” así su contenido principal no sea humanitario.

¿Confundido con tanto trabalenguas? Pues esta es una versión periodística de las figuras que se armaron en La Habana y que si no merecen aplauso por mañosas, la merecen —y mucho— por ser tan ingeniosas.

 

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