Al instante

Dos Columnas dedicadas al finado Otto Morales Benitez

Por Orlando Cadavid Correa

Otto Morales Benitez


DOS COLUMNAS DEDICADAS AL FINADO OTTO MORALES BENITEZ

Nota: El país fue sorprendido este sábado, 23 de mayo, con la noticia del fallecimiento del ex ministro y escritor caldense Otto Morales Benítez.

A propósito de este duelo, la Revista Corrientes rescata dos columnas que le dedicó el periodista Orlando Cadavid Correa al notable hombre público, en los últimos 4 años.

La carcajada más famosa cumple 90 años

El día que Dios repartió talento entre los niños nacidos en Riosucio el 7 de agosto de 1920, se quedó con casi todo Otto Morales Benítez.

El parvulito resolvió llevarle la contraria a los demás bebés: en vez del primer berrido, estrenó para sorpresa de todos la carcajada estruendosa que lo haría famoso en la política nacional; le echó tres vivas al partido liberal; se bajó de la cuna por sus propios medios, sin la ayuda de su papá, don Olimpo, y dio sus primeros pasos tan pronto doña Luisa, su amorosa madre, le puso el pañal para el debut.

En vez de proceder a formular la demanda inicial de bastimento al restaurante materno, pidió papel y lápiz porque empezaría de inmediato a escribir el primero de los 145 libros ottonianos que se proponía publicar en su fecunda existencia.

El recién nacido decidió aterrizar en la Ciudad del Ingrumá en una fecha que coincidiera, en la agenda de las efemérides patrióticas, con celebraciones tan significativas como la decisiva Batalla de Boyacá y la posesión de los presidentes de su país.

Acaparador de campanillas, el precoz Otto eligió las profesiones que desempeñaría en su dilatada existencia: Abogado, político, orador, crítico literario, ensayista, historiador, periodista, columnista, humanista, sociólogo, profesor universitario, diputado, representante a la cámara, senador, ministro de Trabajo y de Agricultura, comisionado de paz y miembro de las academias de historia y de la lengua de Colombia.

Experto en fidelidades, este caldense ejemplar se hizo querer en todas partes. Antioquia, por ejemplo, le demostró un afecto enorme. El riosuceño supo corresponder al amor fraterno que le brindó desde sus inicios la tierra de Suárez y Carrasquilla, en la que se formó como abogado y dio sus primeros pasos para convertirse en periodista y escritor.

En su juventud, Don Otto –como se identificaba en su correo electrónico– compartió sin sectarismos aulas y disciplinas a partir de 1939, desde la otra orilla ideológica, en la facultad de derecho de la Universidad Bolivariana, de Medellín, con Belisario Betancur Cuartas, el joven conservador laureanista de Amagá que sería, a la sazón, presidente de Colombia. La escuela de jurisprudencia de la Pontificia funcionaba en el centro de la urbe paisa.

Por encargo del director de El Colombiano, Fernando Gómez Martínez, fundó en asocio con “Bélico” (seudónimo de Belisario) uno de sus mejores amigos, el semanario literario “Generación”, que tuvo un gran nivel en el pasado y ahora es un híbrido producto de la modernización periodística que una parte de la clientela encuentra demasiado light.

He aquí dos pruebas de admiración maicera hacia el gran nonagenario: La Montaña le encomendó el prólogo para los dos tomos de Escritores y autores de Antioquia, obra de consulta que incluye entre los protagonistas a una buena camada de intelectuales caldenses… Un busto suyo vela por la paz cotidiana desde una de las esquinas de las acogedoras salas de lectura de la Biblioteca Pública Piloto, una de las más importantes de Colombia…. Sostiene una columna semanal en el diario El Mundo, en la que plantea temas de fondo relacionados con la literatura, la política y el porvenir de su país y de su partido, el liberal, del que fue secretario general en tiempos mejores.

Los presidentes Alberto y Carlos Lleras siempre quisieron verlo rigiendo los destinos de Colombia. Mientras tanto, López Michelsen decía socarronamente, a sus espaldas, que “Otto es un Belisario negro”. El presidente Betancur, más amante de las letras que de la política, lo ha nominado al Premio Príncipe de Asturias.

A las puertas de sus 90 años, son 125 los libros publicados y tiene otros títulos en busca de editores. El primero, titulado “Estudios críticos”, fue publicado por Editorial Espiral, de Bogotá, en 1948, año del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, a quien había acompañado por el antiguo Caldas (tres semanas antes del “Bogotazo”) en la que sería la última gira proselitista del caudillo por el territorio nacional.

La apostilla: Cuenta el historiador caldense Albeiro Valencia Llano que el día que Gaitán conoció a Otto Morales, en el Capitolio, le preguntó ¿de dónde había sacado esa sonrisa de Monalisa?

La otra columna para Otto

Otto Morales Rumbo a los 90

Por Orlando Cadavid Correa

Otto Morales Benítez -figura señera de la intelectualidad caldense- acaba de cumplir 89 años de edad. Está a una celebración más de la Batalla de Boyacá para coronar la cumbre de los 90 agostos y a once años del centenario, si el Altísimo le mantiene los raudales de buena vibra y energía que siempre le ha dispensado.

Nacido en casa de don Olimpo y doña Luisa, en su Riosucio del alma, el 7 de agosto de 1920, no se sabe si él hizo famoso a su pueblo o el pueblo lo hizo famoso a él. Vinieron después sus cuatro hermanos: William, Ligia, Ómar y Armando.

Su hoja de vida es tan extensa como su bibliografía. Hace tiempo batió la marca de los cien libros. “Cada vez que Otto se agacha, se le cae un libro”, dice el colega Óscar Domínguez, uno de sus biógrafos potenciales.

El palmarés del gran erudito es de respeto: Abogado, periodista, escritor, crítico, ensayista, historiador, sociólogo, político, orador, humanista, pensador, profesor universitario, diputado, representante, senador, ministro de Trabajo, ministro de Agricultura, miembro de las academias colombianas de la lengua, de la jurisprudencia y de la de historia y dueño de la carcajada más prestigiosa del país.

Publicó su primer libro (Estudios críticos), en la Editorial Espiral, de Bogotá, en 1948, pero es aventurado dar el título del último, porque en este momento debe estar a punto de un nuevo parto literario. O varios. Es su forma de trabajar. Casi toda su obra la dedicó a su prima hermana Livia Benítez, su amada esposa, que se le adelantó en el viaje al más allá. De ella decía con el poeta: “Estando los dos estamos todos”. Tuvieron tres hijos: Adela, la antropóloga, Olimpo, abogado como su padre, con quien comparte oficina en la bogotana torre Colpatria que frecuenta todos los días, y Daniel, quien murió muy joven en un accidente de tránsito mientras montaba en bicicleta, en una calle de París, donde cursaba estudios.

Otros títulos de la fecunda producción del notable hombre público que jamás ha puesto su pluma en remojo y que dedica religiosamente cuatro horas diarias a la lectura: Testimonio de un pueblo, Revolución y caudillos, El pensamiento social de Uribe Uribe, Muchedumbres y banderas, Aguja de marear, Cátedra caldense, Memorias del mestizaje, Raíces humanas, Señales de Indoamérica, Viajes por la patria, Riosucio, Caldas; Facetas míticas del diablo del carnaval, Historias económicas del café y de don Manuel Mejía, Guías hacia el General Santander, En torno a la obra de Rodrigo Arenas, Declaración personal y Latinoamérica, atisbos desde Mérida, Maestro Darío Echandía, El escritor Alberto Lleras, Colonización en la obra de Ernesto Gutiérrez Arango, El Maestro Arciniegas, emancipador cultural del continente, El ensayista Silvio Villegas y Líneas culturales del Gran Caldas.

Tuvo un dilatado recorrido en el periodismo: Además de director de Andiarios, fue colaborador de El Tiempo, La Pagtria, El Colombiano, Semana, El Correo, Revista Económica de Colombia y Revista de América.

Intentar resumir en el breve espacio de esta columna una existencia tan meritoria como la del riosuceño más famoso del mundo, es tarea tan difícil como la del pintor que debe cumplir idéntica misión en el precario espacio de una estampilla.

Militante en el Partido Liberal desde los bancos escolares, acompañó a Gaitán en la que sería la última gira política del caudillo… Siempre estuvo en el corazón y trabajó muy de cerca con los primos Lleras (Alberto y Carlos) que anhelaban verlo convertido en Presidente… Socarronamente, López Michelsen solía decir que “Otto es un Belisario negro”… Le renunció al Presidente Betancur a la Comisión de Paz al descubrir que “había enemigos agazapados que se oponían al proceso”… Su envidiable longevidad le ha alcanzado para asistir a los entierros de la mayoría de los jefes liberales de su generación… Sus copartidarios dicen que “Otto no tiene fecha de vencimiento”…

La apostilla: Invitado por El Colombiano como único orador de un acto académico convocado para celebrar otro aniversario del suplemento literario “Generación”, que él fundó y dirigió en llave con Belisario Betancur, cuando ambos estudiaban derecho en la UPB, de Medellín, en los tiempos de Monseñor Félix Henao Botero, se le iba yendo la mano en la duración del discurso y el auditorio empezaba a fatigarse. Cuando uno de los organizadores lo puso al corriente de la situación, Otto le dijo: “Ustedes perdonarán, pero en este recinto no hay reloj”. Y el encargado le respondió: “Pero sí hay almanaque, doctor”.

Ir a la barra de herramientas