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Don Luis de Castro y la dama de rojo

Por Rufino Acosta (paraver.co)

Luis de Castro, periodista (q.e.p.d.) Foto El Espectador

Era un personaje singular y un manantial de anécdotas increíbles. Por eso, sus amigos hablábamos del extraño mundo de Luis de Castro, como símil del de Subuso, célebre para la época.

Lo que uno menos se pudiera imaginar era facil que le ocurriera al recordado editor jefe de la redacción judicial de El Espectador de los Cano.

Recuerdo un episodio de película. Como era hombre festivo, cautivador y galante, tenía mucho éxito en el mundo femenino.

Se encontraba en una reunión social y en sus ires y venires, conoció a una atractiva dama que lucía un elegante traje rojo.

Don Luis, dueño de la palabra fácil y halagadora, no tardó en aplicar sus artes de conquistador irredimible.

Al creer que era correspondido y después de azotar baldosa como se decía entonces, no podía faltar la invitación para acompañarla hasta su casa o apartamento

Era noche de conquista, pensaba el galán. Pero, fiestero y charlador, le gustaba alternar con sus amigos, echar chistes y no quería irse tan pronto.

La convence de esperarlo en la esquina. Solo unos minutos más, salgo y nos vamos. Optimista.

Siempre se interponía alguien que le impedía salir, y él se asomaba para ver si la dama de rojo seguía a la espera. Iluso.

Cuando por fin logró evadir las talanqueras de los socios de parranda, vio con alegría e inocultable vanidad que el rojo seguía al alcance.

Llega jubiloso a la esquina, pero enseguida descubre que la potencial adorada ya se había ido. De seguro nunca lo esperó.

El rojo del encanto que lo entusiasmaba a la distancia sí estaba…pero era el del hidrante que surte a los bomberos.

Que vaina. Otra vez sería. Se trataba de un indomable soñador y jamás se lamentaba de algo.

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