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DESVERTEBRADA: Un caso perdido

Por Oscar Domínguez Giraldo, El Colombiano, Medellín

Imagen conlaorejaroja.com

 

Ante la imposibilidad de votar el domingo por los federicos para gobernación de Antioquia y alcaldía de Medellín, decidí crear mi propio movimiento político de garaje. Dejaré sentadas bases mínimas de mi plataforma “de cara” al futuro. Desde ya lanzo mi candidatura a la alcaldía de la Ciudad de hierro.

Para darle respiración boca-boca al incipiente e insipiente movimiento propongo un animado TOCONVEL: Todos contra Juan Carlos Vélez, y un festivo HEGCONLU: Hasta el gato contra Luis Pérez.

Como se trata de un colectivo serio, pobre pero honrado… en horas de oficina, es tarde para sugerirles a los candidatos Salazar y Rico, que se amangualen porque de otra forma “nos” vuelve hilachas el exdirector de la Aerocivil, serio, organizado, incapaz de convertirse en ventrílocuo de sus tutores ideológicos. Dicen.

Dejo el votico por Salazar-Rico apuntado en un papelito para otra ocasión. No sin ratificar que los federicos son un lujo. (Bajo el paraguas de este paréntesis celebro que el periodismo recupere a Salazar).

Como candidato presento mi declaración de renta. Así sea más erótico atravesar una cebra o jugar yo-yo que leer dicho documento.

En mi colectivo de “ciudaddehierristas” la sonrisa fácil, cautivadora, enigmática, a lo Mona Lisa, será una constante. Nada de darle solo una oportunidad cada cuatro años a los músculos faciales que encarnan la alegría.

Prometo – verbo mentiroso, el preferido de nosotros los “políticos”- gobernar con sonrisa de oreja a oreja. Ahora, si me levanto con el ánimo que de pronto me visita los sábados entre dos y tres de la tarde, veré películas de Chaplin o Cantinflas, o clásicas del oeste, para no meter las extremidades.

Pido disculpas a mis imposibles electores si no me aprendo nombre, grupo sanguíneo y adn de todos, el de sus parejas y demás amigos y familiares hasta la vigésima generación. La culpa es el señor Alzheimer que empezó a hacerme “bullying”.

Suena exótico pero el alemán se niega a liberarme de poemas como el Brindis del bohemio y el Seminarista de los ojos negros que siguen ahí, imperturbables, estorbando.

(Herr Alois: le prohíbo que borre de mi disco duro poemas necesarios de Borges y Lugones, Robledo Ortiz, Quevedo y Villegas, Alberto Ángel, Vallejo y la “Admonición a los impertinentes” de De Greiff).

En un gobierno mío, los periodistas podrán soltar el rollo sin cortapisas. No los haré perder su tiempo en los juzgados como les ha tocado a varios de ellos por cuenta de un colega ajedrecista, delgado como un alfil en tres torre. (“¿Su nombre? Sí lo sé, mas no lo digo”. Sus apellidos son Pérez Gutiérrez).

Olvidaba el eslogan del grupo: Lo imposible lo hacemos ya, lo posible lo dejamos para otro día. (Aunque pensándolo mejor, retiro mi candidatura. Como político soy un garufa, “un caso perdido”, dicho en ritmo de tango).

Ñapa

Verde que no te quiero azul

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Este daltónico hincha del Atlético Nacional quedó morado, magenta, mejor dicho, color Regina Once, desde cuando vio al equipo de sus entretelas sin su atuendo original “verde que te quiero verde”.

La última vez fue el sábado que ya no existe cuando la muchachada saltó a la cancha a propinarle insólita paliza al Júnior de Barranquilla en su patio. Los jugadores salieron todos de azul hasta las pantorrillas vestidos.

En principio, creí que había sintonizado mal el canal Win. Me puse bien las gafas de siete leguas y seguí viendo azul donde esperaba ver esperanzador verde.

Me sentí ninguniado en mi condición de verdolaga desteñido. Así vistan a los jugadores de azul celeste, un color que considero anticipo del cielo al que pienso ingresar sin excesivos méritos.

Soy hincha tibio pero en lo del color no rebajo pinta como dirían los fans bravos de “Corea”.

Con toda mansedumbre, disciplinados como testigos de Jehová o como niños de kínder que atraviesan la cebra agarrados del delantal del compañerito de adelante, la comunidad verde toleró que los dueños del balón optaran por ese uniforme alterno.

En las novelas de detectives cuando hay asesinado a bordo, el autor propone “chercher la femme”, buscar la mujer, como cuota inicial para resolver el misterio. En el tránsito del verde al azul veo un tufillo económico. Si se reflejara en rebaja en las entradas vaya y venga. Pero los directivos no fueron hechos para restar sino para sumar platica. Capitalismo salvaje.

Y es que “poderoso señor es Don Dinero”, diría Quevedo y Villegas quien se perdió la oportunidad de hacerle sonetos al fútbol por la simple razón de que el esperanto de las patadas es un invento relativamente reciente de los ingleses.

Poetas modernos escribieron sonetos como el de Vinicius de Moraes a un ilustre jugador del apabullado Júnior: el fallecido Mané Garrincha, el brasileño que inmortalizó esta frase en el reportaje que le concedió a Cepeda Samudio: “Yo vivo la vida, la vida no me vive a mí”.

“Ese no es mi equipo”, me decía mi subcosciente, o sea, ese otro yo que poco sale a flote pero que ahí está para que los siquiatras lo descifren y pasen factura.

El azul celeste espantó de tal forma a los jugadores del Júnior que se fueron a las duchas, terminado el primer tiempo, con cuatro goles en su morral.

La pela era tal que en el segundo tiempo, los jugadores del Nacional casi que se podrían haber dedicado a llenar el crucigrama.

Eso fue lo que hice. Entre bostezo y bostezo, horizontales y verticales, miraba con el rabillo del ojo a ver si empezaba el descuento que nunca llegó.

Ver al verde de azul es tanto como si el partido demócrata cambiara el burro insignia por el dinosaurio de Monterroso, hacer el tránsito del uribismo al santismo, o cambiar la novia por la sota de bastos.

Cuando este seguidor del Nacional, casi al final del partido despertó, el azul del Nacional todavía estaba ahí. Como el dinosaurio de Monterroso. (Publicada en www.capsulas.com)

El ángel de las piernas torcidas

Vinicius de Moraes

(Traducción de Ricardo Bada)

A un pase de Didí Garrincha avanza

con el cuero a los pies, el ojo atento,

dribla uno, dribla dos, después descansa

como midiendo el riesgo del momento.

Tiene el presentimiento y va y se lanza

más rápido que el propio pensamiento,

dribla otra vez, un-dos, la bola mansa,

feliz entre sus pies, ¡un pie de viento!

En su trance la multitud contrita,

en un acto mortal se yergue, y grita

un unísono canto de esperanza.

Garrincha, el ángel, atiende y oye ¡Goooooool!

Es pura imagen: G que chuta una O

dentro de un arco en L: ¡es pura danza!

(www.oscardominguezgiraldo.com)

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