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DESVERTEBRADA: Un año para decir no

Por Oscar Dominguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

2018 Imagen pivot.com

Para despistar a su majestad el azar, este año no dejaré el cigarrillo ni el trago (ellos me dejaron); no haré dieta, no cambiaré el mundo así le falte un tornillo.

No aprenderé inglés mientras Trump madrugue a contaminar con sus trinos lo que queda del medio ambiente. Si me encuentro con su mujer, Melania, la bella de hielo, no me aguantaré las ganas de sugerirle que, cual Lisístrata moderna, le exija a su guerrero de peluche que se calle, o que de aquello, ni pío.

Eso sí, seguiré leyendo en español a Mark Twain, Sherwood Anderson, Gay Talese, Mailer, Capote. Ni bobo que fuera.

No adoptaré un enemigo, no violaré los pasos cebra. Caminaré ligero de equipaje.

No escribiré ficción. Qué más ficción que la realidad con la que vivo en matrimonio indisoluble.

Qué cuentos de convertirme en encopetado bestseller (¡esas uvas están verdes!). No es tiempo de cambiar de amigos, ropa, barrio, desodorante, motilado. Menos cuando las cuatro mechas que me acompañan siguen “cuesta abajo en su rodada”.

Seguiré madrugando por decisión implacable de mi reloj biológico. Espero no repetirme… demasiado. No renunciaré a tener la calle y el campo por cárcel.

Compraré lotería para aportar al fisco pero no miraré los resultados. Así me recorra un frío por todo el espinazo sospechar que fui rico a mis espaldas porque no verifiqué el billete ganador.

No seré perro de toda boda. Es mejor disfrutar del anonimato y de la cotidianidad, regalo de los dioses. Seguiré ennieteciendo.

No le pediré más dones al que crea galaxias para divertirse en su eternidad. Le sugeriré que deje los santos quietos. Tengo todo lo que quiero, como decía mi hijo Juan a los ocho años.

Procuraré seguir la dieta de los benedictinos de Guatapé: Regalarme, y regalar silencio.

Después de ser hincha vergonzante de Millonarios mientras coronaba otra estrella, estoy de regreso al Nacional.

“Así no cambien nunca de canción”, compartiré mis ingresos con los pájaros. Pero que no me pidan más de uno o dos plátanos al día. Con el incremento salarial concertado el palo no está para cucharas.

(Solo para entre nos, informo que encontré ahorcado un cucarachero a la entrada de la pajarera. Estoy activando al Sherlock Holmes que “me habita” y convocando a los ornitólogos para averiguar qué pasó).

No dejaré de votar enverracado en las elecciones con mis desolados amigos del sí al plebiscito. No le sugeriré a Marta Lucía Ramírez, candidata de Pastrana, que no le jale a la consulta en marzo porque la muele Iván Márquez, perdón, Iván Duque, el que dijo Uribe.

No olvidaré celebrar con 21 cañonazos que hace cinco años, el doctor Escandón, de Colsánitas, sacó corriendo el cáncer que me visitó.

Tener una segunda oportunidad es lo más parecido a una resurrección con anestesia. Cada día huele a segunda oportunidad. ¿O no?

Ñapa

Lo de Lisístrata fue así

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Los pragmáticos tiburones económicos del primer mundo saben poco de conjugar el verbo agradecer. Y eso que Don Quijote dejó dicho que el agradecimiento enaltece ante todo a quien lo da.

¿Qué es eso de andar cobrándole miserables 350 mil millones de dólares al país que lo dijo todo primero, y que nos regaló a Homero, Pericles, Solón, Aristóteles?

Sin olvidar a Platón quien hizo las veces de amanuense de Sócrates, grabadora de pedal (su memoria) en mano.

El teatro contemporáneo sería más pobre sin Esquilo, Sófocles y Eurípides; no sería igual el mundo sin Anaxágoras y Zenón, maestros de Pericles, el comediógrafo Aristófanes, el poeta Píndaro, los escultores Fidias y Praxiteles, los pintores Apeles, Polignoto y Zeuxis, el médico Hipócrates, los historiadores Tucídides y Heródoto, los oradores Demóstenes e Isócratas y un larguísimo etcétera que desfila por el documentado libro del viajero y exmagistrado Javier Henao Hidrón “Un viaje por tres civilizaciones”.

Pero hay otro personaje  con menos prensa que, solita, pagó anticipadamente la deuda: Lisístrata, personaje de la comedia de Aristófanes.

La ateniense patentó la fórmula para acabar con todas las guerras sin disparar un tiro. Su propuesta vale la plata de Bill Gates, Warren Buffett, Carlos Slim, Germán Efromovich y Óscar Domínguez juntos.

La fórmula es simple: cerrar las piernas. Lisístrata se lo planteó en términos menos prosaicos a sus colegas atenienses y espartanas: “Si en lugar de condescender, nos rehusamos, la paz es un hecho”.

Más claro no canta el gallo. De Lisístrata son estas palabras:  “Tenemos que hacer el ayuno del palito… Ningún hombre se acercará a mí con su arma enhiesta… Yo nunca al marido le habré de dar su gusto”,  ante el escéptico auditorio femenino.

Retrecheras al principio, las mujeres de los guerreros finalmente accedieron y la paz se hizo. Les toca a los economistas calcular el dinero que nos habríamos ahorrado sin tantas guerras en Locombia.

En tiempos del ministro de Defensa, Gilberto Echeverri, el general Bonnet Locarno resucitó la receta de Lisístrata. Echeverri, le contó en Washington la idea al general Mc Caffrey, a la sazón zar antidrogas, quien se opuso. El gringo sugirió lo contrario: poner a los guerrilleros a hacer el amor a toda hora para cogerlos cansados…

Sugiero que entre los más de siete mil millones de bípedos que contaminamos lo que queda del medio ambiente, hagamos vaca para pagar la deuda griega.

Encantado aportaré mi tajada así me quede sin el pasaje pa montar en el tranvía de Ayacucho. Lisístrata bien se lo merece, así el hombre siga inventado guerras que nadie gana pero que perdemos todos… (www.oscardominguezgiraldo.com)

 

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