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DESVERTEBRADA: Tardía declaración de amor

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Dina Merlini con Patricia Ariza. Archivo particular

 Poeta Jotamario Arbeláez, salud.

Leí tu crónica sobre Dina Merlini, italo-paisa, primera nadaista, estudiante del tradicional Colegio María Auxiliadora.

De ella escribió tu colega Eduardo Escobar que “era bellísima, con todo el aire de las existencialistas francesas; siempre vestía de negro. Y era bravísima”. El varón domado la veía y caía electrocutado.

Ha ejercido como poetisa, teatrera, pintora, actriz, tropelera, beligerante activista de redes sociales. ¿Su credo?: “Fuimos bellos, vagos e irreverentes, sumidos en esa búsqueda interminable del hombre”.

Nos cuentas que vive en San Andrés. Mirando al mar, envejece bella, sonriente, vital, eterna, en el hogar San Pedro Claver. El diario El Isleño le preguntó por el nadaísmo. Su respuesta: “No se ha acabado y no se puede acabar porque es una concepción de la vida. Es una búsqueda fuerte de la vida donde no hay que pedirle permiso a nadie, ni sentirse con freno para nada”.

Felicitaciones, poeta, por el gesto de desprendimiento que anuncias en tu nota de El Tiempo: las regalías de tu reeditado libro, El cuerpo de ella, serán para Dina en su ocaso sanandresano.

Claro que como más vale pájaro en mano, lo mejor sería endosarle alguno de los obesos premios que te has ganado. Pero bueno, el pintor manda en su paleta, las bellas en su punto G.  y el poeta en sus versos.

Y vamos al grano:  Resulta que un amigo también leyó tu crónica. El hombre, Hugo Álvarez, sonsoneño, fue vecino de Dina, la Bardot paisa, en sus mocedades en el barrio La América, de Medellín, donde muchos hicimos la tímida primaria en el amor.

Vivían en la carrera 75, casa de por medio. Dina nunca supo que Hugo la amaba perdidamente.  Practicó la moda de amar y consumirse desde el silencio.

Y ahora, la lagarteada: Álvarez, arquitecto de UPB al que no se le ha caído un solo edificio, desea comunicarse con Dina 67 años después para darle un tímido beso por wasap, y confesarle su amor con estrepitosa retroactividad.

Si le regalaste eslogan a “nuestro” candidato Humberto de la Calle (“De la calle a Palacio”) espero que le facilites al decimero y coleccionista de música antigua el teléfono de su septuagenario amor.

(Entrados en gastos, dada tu condición de futuro ministro de Cultura de De la Calle, si el poeta Eduardo Escobar no te madruga, pídele a tu colega nadaista Humberto que la candidatura liberal se defina al cara y sello. 

Sería obsceno gastar 40.000 millones es en un asunto baladí como definir una candidatura. El resultado lo adivina hasta una gitana de primer semestre. Por culpa de la tal consulta, estoy que adhiero a Vargas Lleras sin coscorrones. O al exprocurador Ordóñez, si renuncia a su condición de pirómano de libros). od.

Jota, el hijo de Chucho, el sastre, respondió al rompe: “Dale al sufrido Hugo el numerito de la musa esquiva”.

Hugo habló por teléfono con su primero y eterno amor. De la charla salió un escueto parte:

“Después de 67 años tuve la dicha de hablar con Dina, mi novia de niñez. Mil gracias”.

Misión cumplida, digo yo.

Dina, la Bardot paisa.
Foto archivo particular


(En las fotos, Dina solita, en los años sesenta en Medellín, y en con Patricia Ariza, otra histórica entre las mujeres nadaistas que también tienen su historia extensa)
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