Al instante

DESVERTEBRADA: Muy agradecido

Por Oscar Domínguez Giraldo, diario El Colombiano, Medellín

Oscar Domínguez Giraldo, el autor.

He sido un privilegiado. Mi salud ha sido tan buena que me declaré candidato a ser el más aliviado del cementerio. Pero en febrero, hace cinco años, me dio cáncer. Después de dos operaciones en las clínicas Reina Sofía y Marly, de Bogotá, desapareció el inameno visitante. Quedé con una cicatriz que me delataría ante los sabuesos de Interpol.

En un correo que retomo parcialmente para recordarme compromisos adquiridos y con la ilusión de que pueda servir a otros en parecidas circunstancias, agradecí al doctor Santiago Escandón y a otros colegas suyos de Colsánitas que me dejaron cero kilómetros:

Al doctor Escandón, salud.

Le cuento que finalmente le escurrí el bulto a cualquier cirugía estética. La cremallera la asumo como una condecoración ganada en combate. Así marcharé al horno crematorio.

Ustedes me tienen disfrutando de familiares y amigos, mirando atardeceres, amaneceres, puedo abrir y cerrar una ventana, veo aterrizar aviones, crecer las plantas, puedo leer y escribir, lo que me ha permitido levantar para los garbanzos.

Además, asisto al crecimiento de tres nietos que tienen en este abuelo a su bobo propio. Hay un cuarto nieto en camino: un bebé cucarachero, uno de esos pájaros felices en su simplicidad que con su canto no le ocultan el sol a ningún colega. Vivir simple, sencillamente, sin estridencias, como ellos, es mi nuevo norte. (Luego vendría la última nieta, llona. Los nietos son la prueba reina de que existe la reencarnación, leí por ahí).

Cuando oí la palabra cáncer después de los exámenes que me hicieron en Colsánitas, me asusté. Hasta testamento les hice a mi señora y a mis dos hijos. (También le envié correo a mi hijo Juan. Lo incluyo a continuación).

Claro que la descripción de mis bienes cabe en media servilleta, pero bueno. No es mucho lo que tengo para dejarles, salvo unas ganas bárbaras de vivir hasta que san Juan agache todos sus dedos.

Sentí la angustia, el desconcierto, el estupor, el culillo –uno de los nombres del miedo-  de quienes padecen los rigores del cáncer. Me veía cargando gladiolos. Hasta alcancé a decirme que si tenía una segunda oportunidad sobre la tierra sería mejor, cambiaría radicalmente.

Hasta volví (¿¡) a creer en Dios. Ya aliviado, he vuelto a ser el mismo petardo de siempre, escéptico en sus ratos de ocio. Menos mal Dios se muere de la risa con  “ateos” de dos pesos como yo. Trabaja para todos, creyentes y no creyentes. “Perdonar es su oficio”, como dijo algún filósofo alemán.

Prometí darme más al prójimo en esta segunda oportunidad pero esta asignatura sigue pendiente. Espero no desocupar el amarradero sin hacerlo.

El cáncer me permitió entender mi fragilidad, me notificó que con un escueto soplo puedo abandonar la pasarela, y que más vale que siga confiando en ustedes. Como que no soy inmortal… 

EL CORREO  A JUANF

Enero 20 de 2013

(Correo enviado a mi hijo Juan Fernando, antropólogo, residente en Melbourne).

My Samurái, como creo haberte comentado, mañana es mi segunda visita al quirófano. Me opera un pastuso simpático  y sabio que apenas responde las preguntas que le hizo la multitud que lo visitó en su oficina, ametrallada de diplomas.

Pero después de ver la resonancia magnética casi saca ahí mismo el bisturí y me opera delante de tu sobrina Sofía Mo, sus padres Andrea y Josh, tu madre y este pecho que te ama. Es la multitud de la que te hablo. Yo no suelo hacer muchas preguntas para no dañarme el rato. De allí que lleve barra.

Tuvimos tiempo de discrepar sobre un tema literario: él dice que es en el libro “Yo, Claudio”, donde el emperador Adriano habla de Hermógenes su médico. Le reviré: no es en Yo, Claudio, sino en las Memorias de Adriano. Y le regalé el libro que tenía en edición proletaria, traducción de Julio Cortázar, que te recomiendo de paso.

No se lo regalé para lamberle y obligarle a que me cure de una buena vez, sino para tener un detalle con él. (Mentiras que sí es para que no me cosa muchos puntos y me saque lo que es, que no se le vaya a ir la próstata de paso. Nunca se sabe. U otra presa próxima y de pronto bien útil. Como un juguetico que utilicé para sembrarte en el buche de mamá Gloria. A ti y a la Cotela qué está hecha toda una mamá. “Mamá Jaguar” la llama tu cuñado, el yanqui Joshua).

No te pido que reces por mí porque optaste por el escepticismo como una forma de crecer. Pero no sé, tengo la sospecha de que los escépticos creen en todos los dioses. Acaparadores infames. Ya que no rezas, puedes tocar madera, o enviarme una libra y media de buena energía. A mí y al honorable cuerpo médico que se ocupará de estas carnitas y estos huesitos.

Por supuesto, tu madre  y su cofradía de IVI (Invitación a la vida)  también se dejarán venir con rosarios bien parviados, como los que nos rezaba tu abuela Genoveva, en nuestra cada vez más remota niñez que me hace decir con Borges: No soy viejo, pero hace mucho tiempo soy joven.

Tu hermana, la Cotela, no me promete rosarios pero alguna oración hará. Sofía Mo, tu sobrina, me viene curando con su sonrisa hace varias semanas. Es más efectiva que todos los bisturís de Colsánitas y la Clínica de Marly juntas. (Esta vez me operarán en la Marly). Estoy seguro de que Josephine y tus hijos Mateo y Patrick también están a distancia conmigo. A Sofía le dije que no me pienso ir sin antes invitarla  a ella y a sus primitos australianos, Mateo y Patrick, a chupar helados en Rio y en Melbourne y a comer en algún buen restaurante. El abuelo y la abuela  pagan la cuenta.

La idea que tenemos con tu madre es agarrar los puntos que me cosa Escandón y volarnos a Medellín adonde estamos viajando ya hace un buen tiempo. Nos espera la casa de la tía Susyn, donde viviremos mientras conseguimos cambuche propio. He hablado con algunos médicos paisas que tomarán el relevo, una vez salga de la jurisdicción de Escandón, la cuchilla más especializada del oeste en estos menesteres.

En Medallo serás bienvenido con tu mujer y tus mellizos. (A propósito, dile a Josepehine que le pida a su tía, la casi octogenaria madre Filomena, que me tenga en sus oraciones para redondear la gavilla).

Esta mañana estuve en misa. Llegué tarde la homilía en la que el señor cura se extrovirtió sobre el milagro de las bodas de Caná.

A mi regreso a casa para el gran desayuno preparado tu madre,  tu hermana me preguntó:

– ¿Y qué te dijo Dios?

– Por fin te volví a ver por aquí, no bandido. ¿No dizque estabas de mucho ateísmo?

Mejor me voy a dormir porque hay que madrugar a ponernos a tono con la ocasión.

Saludos, felicidades, te ama, tu taita (con copiecitas ocultas y no ocultas aquí y allá. Vale)

(El rollo sobre mi cáncer fue publicado en la revista Sanitas y en Papeles, mi blog www.oscardominguezgiraldo.com). 

 

Acerca de Revista Corrientes (1709 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas