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DESVERTEBRADA: Menú político

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

El menú de candidatos con opción Foto static.iris.net.co

Esta campaña presidencial en marcha tiene un ingrediente insólito: “Habemus” desde precandidato presidencial escéptico, hasta aspirantes católicos de amarrar en el dedo gordo.

Vamos bien si no se ha caído la estantería por el hecho de que el ateo Humberto de la Calle, quiera mandar durante cuatro años en el país “donde el verde es todos los colores”.

Como desea llegar a Palacio a lo bien, no haciéndole el cajón al titular, Ernesto Samper, veremos cómo baraja el exnadaista cuando le pregunten dónde irá a jugar su golf de chambón cuando tenga que consagrar la nación al Sagrado Corazón.

O en qué hoyo pagará escondederos a peso el miércoles de ceniza, para escurrirle el bulto al signo de la cruz que dibuja el cura convertido en Botero de brocha digital.

Hay tanto candidote que el menú ofrece reencarnaciones del folclórico Manuel Antonio Goyeneche que encantó en los años sesenta. El profesor proponía pavimentar el rio Magdalena, entre otras audacias.

Ya veo a muchos perdedores diciendo como él, después de elecciones: “Todos los que se abstuvieron votaron por mí”. Y podrán poner en sus hojas debidas lo que les faltaba: que fueron candidatos presidenciales.

Me arriesgo a una vaciada de mi hijo, antropólogo de los Andes, escéptico de tuerca y tornillo, si digo: Bienvenidos los ateos éticos e íntegros como él.

De mi parte, diría en voz baja que a veces me despierto aceptablemente escéptico, ateo de dias pares. Eso sí, a treinta mil metros de altura, recupero la memoria religiosa.

Entonces repito con el coronel Aureliano Buendía: “Dios es mi copartidario”. O digo erizado con Amparito Grisales: “Dios es mi manager”.

Que me perdone el que baraja y da las cartas semejante pragmatismo, perdón, transfuguismo celestial. No le podemos todo el transfuguismo a los padres de la patria.

Dios ha tenido su cuarto de hora de fama estos días en Locombia. El menú nos deparó la visita del “rottweiler de Darwin”, chapa que le pusieron al científico Richard Dawkins, el biólogo evolucionista más teso de la aldea global.

Sostuvo agitado y concurrido agarrón de mechas teológicas con el padre Remolina, jesuita como el papa Francisco, exrector de la Universidad Javeriana, quien nos aclaró que lo de Adán y Eva es puro cuento. Y no hubo baculazo de la jerarquía. Suculento banquete de tolerancia el que nos estamos dando en el campo religioso. Que se repita en el político.

Cierro la tienda recordando dos historias en las que Dios es actor principal:

1.- una niña le informa a su maestra que está dibujando a Dios. La profe le aclara que nadie sabe cómo es él. “Lo sabrás dentro de un minuto”, responde la menudita que sigue dibujando.

2.- José Luis, cuatro años, le tira línea a su abuelo: “Magia es sacar un conejo de un sombrero. Abuelito, ¿tú puedes sacar a Dios de un sombrero?“.

 

 

Cosecha de ateos (Publicada en El Tiempo, mayo 27/5/17)

 

Imagen archivo ODG

Crece la audiencia de ateos. Cada día salta otro al ruedo. Son tan encopetados los que salen del clóset teológico que ganas dan  de sumarse al colectivo.

Si hasta provoca comprar pedacito de tierra en el cementerio de Circasia, Quindío, donde la leyenda dice que los entierran parados para el largo viaje.

En un tiempo metían miedo los masones. El mero sustantivo provocaba huir despavoridos. Había que cambiar de acera si se aproximaba alguno. Hoy son parte del paisaje. Como los ateos. O los católicos, esa mayoría religiosa que en Colombia se pelean a mordisco limpio el Corazón de Jesús y el Niño Jesús.

Borges se las traía como ateo. Rezaba el rosario “porque se lo prometí a mamá”, le confesó alguna vez al teatrero español, Fernando Arrabal. Borges también dijo que un dolor de muelas era la prueba más contundente de que Dios no existe.

Al ateísmo lo puso de moda Alejandro Gaviria, ministro de Salud. Se quita el chicharrón de la boca para proclamar su pacífico ateísmo. No lo hace porque alguien tiene que llevar la contraria, como lo proclama el título de su libro, sino por convicción.

Gaviria se declaró “ateo manso”, de la misma cuerda de Héctor Abad, sobrino nieto del arzobispo de Medellín, Joaquín García Benítez. Y como los extremos se juntan, ateo nada manso es el escritor Fernando Vallejo.

Ateo de amarrar en el dedo gordo es Álvarez Gardeazábal, quien tiene listo el epitafio para su parcela en Circasia: Cóndores no entierran todos los días. (“Llego al ateísmo por racionalizar mis lecturas y compaginarlas con mi imaginación”, comentó).

Uno amigo de cuyo nombre no debo acordarme, me comentó: Yo no ando diciendo que soy ateo porque dios, que está en todas partes,  lo sabe y él verá si cuenta.

Humberto de la Calle no es ateo vergonzante, sino algo clandestino. Llegó al ateísmo por la vía del colegio de Nuestra Señora, de Manizales, donde estudió.  Está por ver cómo votarán los “locolombianos” en unas elecciones que incluya a un ateo en el menú de opciones.

Una vez se decanten las candidaturas, y si clasifica el exvicepresidente caldense, vendrá la artillería pesada contra el gremio de los descreídos. Alejandro Ordóñez, el  exprocurador de cargaderas afila la puntería. Ya le acusó las cuarenta a su tocayo el ministro. (Claro que más vale ateo mano en mano que cien exprocuradores volando y atropellando derechos de las minorías…).

El economista y columnista Salomón Kalmanovitz, de la tribu de Abraham, es de la cofradía. Lo contó en su columna de El Espectador.  Mauricio Pombo, también columnista de El Tiempo, y alemanólogo, se declaró ateo gracias a Dios y a sus mentores benedictinos que lo educaron en el respeto a las diferencias.

Los agustinos recoletos de Manizales trataron de desasnarme. Por eso creo que no me “luce” ser ateo.

A veces pienso que los ateos son acaparadores que creen en todos los dioses. Dios los perdonará, “es su oficio”. Dicen.

 

 

 

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