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DESVERTEBRADA: Manual del secretario privado

Por Oscar Domínguez G. Diario El Colombiano, Medellín

Palacio de Nariño

Las secretarias tienen mucho quien las mime. Con toda razón. Hace pocos días celebraron su fiesta. Los secretarios privados, sp, son otro cantar.

Se supone que los sp, como el ángel de la guarda, conocen la letra menuda, de edicto, de su mandacallar.

Para darse ínfulas, recuerdan que expresidentes como Valencia y López Michelsen nombraron secretarios privados a sus hijos.

El sp es la conciencia jurídica de su otro yo. Debe tener todos los códigos en el disco duro. Inclusive sabe si tal desliz incluye la casa por cárcel.

De pronto le recordarán cuándo es preferible tener buena salud y mala memoria. (Y le agradecen a Greta Garbo la receta).

Sabe si las flores que envió su jefe son para la principal o la suplente. Si la que lo llamó, o a la que llamó, es la misma de la epístola de Pablo. Si sale con la mujer del prójimo. O con el prójimo.

Conoce el gusto íntimo del jefe, en que motel viatica, cuánta plata tiene en el banco o en algún paraíso fiscal.

La sacará del estadio si inventa un mecanismo que le permita asumir el guayabo terciario del otro.

Tiene apuntadas en un papelito las flaquezas y fortalezas del mandamás. Sin alguno de estos ingredientes la vida sería un monótono paseo de olla.

Asiste a las conversaciones privadas, íntimas. Eso sí, debe que poner cara de que está en babia.

Se compenetra tanto del oficio que sufre crisis de identidad y muchas veces no reconoce al tipo que le devuelve el espejo en la mañana.

A veces lo asalta la sensación de estar viviendo varias vidas… Ninguna es la suya.

Como los meseros discretos, los sp están hechos para no ver, no oír, no repetir. De pronto, se regalan la licencia espiar por la cerradura. No todo ha de ser entrega.

Un buen sp le corrige las barbaridades gramaticales al que manda. Tiene vocación de ventrílocuo. Se alquila para pensar por el otro.

Sabe qué sobra o qué falta en el discurso que pronunciará ante las hermanitas descalzas.

Si el de arriba amaneció escaso de adjetivos o sustantivos le regala los suyos.

Mejor si tiene vocación de fusible. En cualquier momento lo cambian. Es un clínex en las manos del sátrapa de turno.

Si el jefe no encuentra la disculpa para que no lo echen de la casa por haber llegado con huellas de pintalabios, o con los calzoncillos al revés, sp lo sacará de apuros. O que pase por contabilidad.

Jefe y sp son hermanos, amigos, cómplices, almas gemelas, parceros. Casi se pueden intercambiar amigas, trajes, aberracioncitas.

Un sp fiel le inventará a su jefe enemigos que le cuestionen sus certezas.

El sp es el poder detrás del trono. El jefe queda atado a su subalterno de por vida porque al menor desencuentro aparecerán exhaustivas memorias.

(www.oscardominguezgiraldo.com)

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