Al instante

DESVERTEBRADA: Historias de locos bajitos (19)

Por Oscar Domínguez Giraldo, El Colombiano, Medellín

imágenesdeniños.com

Como la caridad entra por casa, y como estamos de mucha feria, les cuento, para entre nos, que está circulando el libro ¿Adónde van los días que pasan? que recoge muchas de las historias de los locos bajitos que he venido publicando en El Colombiano.

Al poeta Darío Jaramillo Agudelo lo tramaron tales historias, me sugirió volverlas libro, le di el atropellado sí de los recién casados. Luna-Libros, de Bogotá, se encargó del resto.

Darío escribió el prólogo. Este servidor se encargó del epílogo. Encuentran el libro en el Orquideograma de la feria, pabellón F-21.

Está disponible a treinta mil pesos, pero si les parece caro, se lo pueden llevar por treinta mil pesitos. En el pabellón de editoriales independientes hay otras ricuras, incluidas varias del santarrosano Darío y del caribe Alberto Salcedo, también editados por Luna-Libros.

Sugiero que compren primero el mío antes de que me agote. Luego pueden adquirir otros. No soy “egoisto”, como decía mi hija cuando estaba niña.

Para la tanda diecinueve de estas historias empiezo con algunas de mi nieta, Sofía Mo, quien a los tres años ha empezado a ayudarle a su abuelo a levantar pa los garbanzos:

Cuando llega la noche me pregunta: ¿Abu, dónde está el día? O: ¿Para dónde se va el día cuando llega la noche?

Diálogo entre la mamá y Sofía:

– Sofía, mañana vienen dos personas que amas mucho. ¿Adivina quiénes son?

– ¿Abita?

– Sí. ¿Y la otra persona sabes quién es?

– ¿Me contas?

– ¡Abu!

– Pero abu no es persona.

– No, ¿y entonces quién es abu?

– Es persono.

Después de haber leído un cuento de princesas y plebeyas, les quedó muy claro a mis hijas el significado de ambas. Lala tenía 6 años y un día le pedí el favor de que me ayudara llevando las servilletas a la mesa, a lo que me contestó: ¡Ay, mami, tu siempre la princesa y nosotras las plebeyas!
Sarita, niña de cinco añitos, me pregunta: ¿Don Orlando, cuántos años tiene usted? Le respondo: Sarita, ya no tengo años porque me los gasté todos. Se queda mirándome y luego contraataca: Entonces, dígame: ¿Cuántos años se ha gastado?

Manuel, cuatro años, oye en el carro la canción “Derroche” que dice por ahí que “a la noche se le fue la mano”. Manuel no podía entender por qué se le fue la mano y menos aún cuál mano.

Diálogo entre Manuela y Sebastián, de cinco añitos.

– Sebastián, yo ya sé cómo se hacen los niños

– Y yo sé cómo se evitan.

“Paz es cuando uno se perdona”, dice un bajito en el libro Los niños piensan la paz, presentado en la feria por el profesor Javier Naranjo Moreno. Otro niño, de ocho años, les aconseja los negociadores en La Habana: “Lean más para que conozcan mis palabras”.

(www.oscardominguezgiraldo.com)

¿Adónde van los días que pasan?

Darío Jaramillo Agudelo

Nada más delicioso y deslumbrante, más poético y disparatado, que las cosas que dicen los niños de este libro. Podría decir que es un libro de poesía, pero no diría todo. En todo caso, el lector gozará cada frase y disfrutará de la euforia que comunican estas palabras de niños.

Desde hace varios años, los privilegiados destinatarios de los correos electrónicos de Óscar Domínguez comenzamos a recibir una serie de preguntas, respuestas y comentarios de niños. Individuos que están estrenando las palabras que nombran la realidad y que, a la vez, están estrenando la realidad. Convertidas en memoria mediante la compilación de Domínguez, lo que resulta está cargado poesía, de humor y de desenfado. Y su lógica, anterior a toda cartilla, supera a todas las cartillas.

Domínguez tiene oído para recoger palabras que se potencian por el solo hecho de escribirlas. Domínguez es reportero y se pesca la pertinencia del comentario de sus hijos o de sus nietos. Así, con la paciencia del reportero, él ha encontrado joyas en la red, ha recibido mensajes de gente –mamás, papás, maestros– que le cuenta las cosas que dicen los chicos. Domínguez tiene el oído alerta y así recogió los materiales de donde sale este libro, que ahora se ordenan por temas. Ah, olvidaba decirlo, Óscar Domínguez, quien ha publicado muchas de estas historias en el diario El Colombiano, era el tipo para hacerlo por su memoria, por la atención que les presta a los niños, por su olfato en la red, pero, principalmente, porque él tiene la gracia de no haber dejado nunca de ser un niño.

Darío Jaramillo Agudelo

Epílogo con sombrero

Un niño es como tener un Quevedo, un Borges o un Gabo gratis en casa las veinticuatro horas al día… sin que haya que cambiarles los pañales. Constantemente producen poesía de pantalón cortico, entendida como esas metáforas que van soltando los “menudos” a medida que crecen.

Son hermosas y sorprendentes las imágenes que estos bulliciosos de oficio desgranan sin el afán de verlas publicadas. Tiran el poema y esconden la mano. La gloria literaria no es su fuerte. Prefieren una muñeca que llora a un Nobel de literatura.

Hay una época de nuestra vida en la que somos inmortales y geniales sin excepción: la niñez. Con una frase somos capaces de cambiar el curso de un río. Y ni cuenta nos damos.

Para decirlo con Groucho Marx, los niños tienen en común que suelen nacer a temprana edad. Picasso soñaba con ser niño cuando estuviera grande…

Rudyard Kipling afirma en su autobiografía: “Dame los primeros seis años de la vida de un niño; el resto te lo puedes quedar”.

“Desde muy niño tuve que interrumpir la educación para ir a la escuela”, contó el irlandés Bernard Shaw.

El humorista español Gila los bautizó “locos bajitos”. El niño que hay en Serrat le puso música y voz a la expresión.

Los niños molestan, luego existen. Por ello, desde siempre, las madres les dan el chupo a sus hijos para ahorrarse psiquiatra y poder dormir.

Viven siempre en domingo. Para ellos todos los días es 31 de octubre, día de las brujas. Son amigos de todos los dioses. Carecen de enemigos. Viven en FM. Dormidos, siguen despiertos.

Los adultos creemos que hablan solos. Falso: no escuchamos a sus interlocutores invisibles.

Los mejores días del Niño Dios los pasó cuando andaba de pantalón cortico, lejos del estrés que le producirían después escribas y fariseos, la oposición de la época.

Padres y madres recientes y futuros deberían imponerse la tarea de andar lápiz o grabadora en mano para dejar en cinta esos poemas infantiles que son best sellers inmediatos entre los suscriptores del directorio telefónico familiar.

Este libro es de doble faz: de un lado, comparte perlas infantiles pescadas aquí y allá y, del otro, pasa el sombrero para pedir la limosnita de historias parecidas.

Óscar Domínguez Giraldo

© 2015 Microsoft Términos Privacidad y cookies Desarrolladores Español

Ir a la barra de herramientas