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DESVERTEBRADA: Haciendo vaca

Por Oscar Domínguez Giraldo, diario El Colombiano, Medellín

Humberto De La Calle Foto El Colombiano

Con la paupérrima, franciscana votación de mi candidato De la Calle en las elecciones del domingo 27, me dolieron desde la silla turca hasta el esternocleidomastoideo.

Es más: olvidé las migajas de latín que me quedaban del seminario donde estudié, cerca de Manizales, ciudad donde De la Calle hizo cursillo para ateo.

No incurriré en la blasfemia de decir que Dios tomó represalias contra el pazólogo de Manzanares porque el hacedor de estrellas no interviene en política. Pero las dudas me asaltan.

Lo sucedido nos tiene haciendo vaca para pagar la deuda adquirida por el hombre que nos regaló la accidentada paz con las Farc. Lo espera la práctica de un deporte que Chaplin definió así: El golf consiste en pegarle a una pelota pequeña sin tocar la grande.

Gandhi llamaba a la vaca “poema de piedad”. Y Les Luthiers la incluyeron en su reportorio en su famoso acertijo: “Tiene cola y cuatro patas y cuando muge hace mú”.

Mi aporte a la que “hace mú” delacallista no será en vil metal porque el palo no está para cucharas. Haré vaca con consejos efímeros como refugiarse en los hoyos.

O volver a los incisos, al columnismo y dedicarse a los nietos, la verdadera reencarnación, como dijo su paisano el arquitecto Simón Vélez.

El hombre de la guadua es uno de los que le habla al oído al otro apaleado insigne e insomne, Germán Vargas, quien disfrutará del cariño de sus mascotas.

A los perdedores les regalo este pensamiento de Savater: “No sé lo que es triunfar, pero llamo “triunfo” a lo que venga, así sea un fracaso”.

Uno más, leído en una vieja revista mientras esperaba turno para que me intervinieran algún diente: “Lo que las victorias tienen de malo es que no son definitivas, y lo que las derrotas tienen de bueno es que tampoco lo son”.

Al hecho de perder los dientes Voltaire lo llamaba “morir al por menor”.

Yo moría al por menor, oyendo los resultados de las elecciones mientras disfrutaba episodios de la película Boccaccio 70. Los números que molían radio y televisión eran de no te lo puedo creer.

A la par que veía cómo la voluptuosa Sofía Lora le embolataba sus encantos al sacristán que ganó la rifa que la incluía a ella como premio gordo, los números me llevaron a hacer fuerza para que el profesor Fajardo, rebasara a Petro. Tenía lista la voltereta. Esperanza inútil.

La votación por De la Calle, a años luz del liberador umbral, nos dejó entre la rubia la morena, entre Duque y Petro. Habrá que tirar la moneda al aire. Espero que caiga “por el lado de la soledad” para votar en blanco.

A los vapuleados en la jornada comicial les espera la opción de asilarse en esta reflexión de Arthur Rubinstein: “La felicidad consiste en aquel humilde vivir diario”.

 


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