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DESVERTEBRADA: El payaso es todo el circo

Por OscaR Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Payaso Imagen tiching.com

 

– Si Gardel hubiera muerto de un dolor de estómago..

– MInsalud Gavira, necesario como el agua, la luz y el olvido

 

Foto archivo particular odg

Payaso Carlos Álvarez, tambor mayor del Circo Medellín, salud. Estuve en la presentación de David Larible, el mejor payaso del mundo. Claro que ni él mismo se come el cuento. “La palaba mejor es para las competencias y el arte no es una competencia. Yo compito conmigo mismo y cada día debo ser mejor que el anterior. No tengo competidores, sino colegas”, dijo en alguna de sus enriquecedoras entrevistas.  En su presentación en el Teatro Metropolitano, ejecutó un excepcional acto de magia del que acaso ni se enteró: Logró que los aristócratas de gallinero termináramos revueltos con el blancaje de platea, incluido el expresidente del Éxito, Gonzalo Restrepo. Como no se llenó el teatro, a los de balcón nos “obligaron” a hacer bulto en platea. Daba pena que don David  se enterara de que en la más educada el payaso más teso de la aldea no atiborrara la sala. Don Carlos, que su circo de por los lados del cerro Nutibara no se cierre nunca. Si el violín es toda la orquesta, el payaso es todo el circo. Mientras haya circos habrá esperanza.

 

Banda “Malaga”.
Foto odg

Honorio “Mister” Rúa, mis respetos. No lo veía desde hacía sesenta años cuando pasaba en cicla por nuestra casa de abuelos en Santa Bárbara, rumbo a Minas, en las heroicas vueltas a Colombia. Sufría cuando Jorge Luque, de Cundinamarca, pasa primero que los encaravanados paisas. Lo volví a ver presidiendo un martes reciente la tertulia del bar Málaga. Trepado en su cicla y ahora con el sol a la espalda, lo veo igual de elegante, vital, sobrio, sonriente, disfrutando. El estrés no es su fuerte. En reciente tertulia, como sucede todos los años, los asistentes dictaron cátedra sobre tango y su carnal, Gardel. En todo paisa hay un ducho en estos temas.  Uno de los tertulianos dijo que si Gardel hubiera muerto de un prosaico dolor de estómago, y no en un accidente en el Olaya Herrrera, no hablaríamos tanto de él. Cuando me dieron la palabra me faltó aclarar que no soy  ningún experto en tangos sino uno que oía melodías en los cafés de Manrique, Guayaquil, Junín y Envigado, cuando apenas me aparecía el bozo. Repetí el comentario de Borges, próximo a aterrizar en el aeropuerto Olaya Herrera: Si muero en otro accidente de aviación seré famoso como Gardel. (En la foto, de izquierda a derecha, Orlando Ramírez, Orcasas, el médico Gonzalo Bisturí Mejía, de Manizales, Honorio Rúa, Oscar Domínguez y Rodrigo el Coco Ramírez)

 

Dr. Alejandro Gaviria, ministro de Salud, mi solidaridad. Usted es elegante y original hasta para enfermarse. Lo digo por la forma como asumió la noticia sobre el cáncer que le hace visita de médico. Dios, que cuida de sus ateítos, está de su lado. Me lo contó el cucarachero con el que comparto mi pensión. Lo necesitamos. Gente como su educación,  Carlos Raúl Yepes, el expresidente de Bancolomia, o el ya mencionado Gonzalo Restrepo, el que va al circo, son referentes necesarios como el agua, la luz, el perdón y el olvido. Señalan rumbos, no imponen. En vez de quemar libros los escriben para compartir sus vivencias. “Compartir es una forma de alcanzar la inmortalidad”, dicen los tibetanos. Ministro, no hay que hacer esfuerzo para creer lo que dice. No piensa en las próximas elecciones sino en hacer bien su tarea.  Mientras los médicos hacen lo suyo, comparto con usted y otros posibles lectores, la forma como enfrenté el cáncer que se atravesó en mi hoja debida. Favor hacer clic en www.oscardominguezgiraldo.com.

www.oscardominguezgiraldo.com
Esa incierta mirada atrás (El Colombiano, marzo 23-2017); Ñapa, Perfil del corrupto . Dura segundos, pero en esa mirada periférica …

 

 

 

Ñapa

Circo rico, circo pobre

Viendo la exposición del Circo del pintor Fernando Botero en el museo de Antioquia, en Medellín, recordé que alguna vez  coincidieron en Colombia, el circo más rico y el más pobre del mundo. Ambos están unidos por el cordón umbilical de la carcajada. Los separan los rendimientos económicos. Y la burocracia que maneja cada uno.

Uno es el famoso “Circo del sol”, canadiense, el mismo que agotó localidades y encantó. Su antípoda colombiano, pobre pero honrado a la hora de arrancar sonrisas, es el circo “Picardías”, de Medellín.

Al circo primermundista, le va tan bien que su dueño, Guy Laliberté, no se inmutó y pagó 24 millones de euros por un fugaz viaje alrededor de la tierra, desde donde contempló este circo que integramos más de siete mil bípedos como primerísimos actores.

Pedro Antonio López es el fundador, gerente,  creativo y afines de una multinacional del humor proletario que opera en los barrios populares de Medellín, el nada taquillero Picardías.

Un completo  informe de Teleantioquia nos datió sobre la vida y milagros del que puede ser el circo más pequeño del mundo y seguramente el más pobre en infraestructura.

Eso sí, a la hora de arrancar sonrisas y asombros a  la aristocracia de gallinero, nada tiene que envidiarle a la competencia.

Este pequeño gigante paisa del entretenimiento, requiere mínimo personal: papá, mamá e hijo,  la santísima trinidad de la diversión.

Picardías opera sobre la base de que la carcajada no tiene estrato social. Ríen el de arriba y el de abajo. La risa nos nivela por lo alto.

Pedro Antonio ha hecho disfrutar a tanta gente que ya perdió casi toda la dentadura superior. No importa: él aporta sus profesiones de payaso, mago, prestidigitador, tragador de cuchillos, trapecista, contorsionista, escapista, domador. Su  público se encarga de pelar los dientes de felicidad.

Es un circo sin animales… salvo los zancudos  y pulgas que hacen su agosto entre el proletariado que lo frecuenta.

Elkin Antonio, el hijo y clon, heredó  la magia del circo. Lo que no hacen padre e hijo, lo hace la mamá que también posó con su timidez para Teleantioquia que trató al Picardías como si fuera el Circo del Sol. ¡Buena esa, colegas!

Puede que Picardías no tenga carpa monumental, ni payasos sofisticados, ni magos que conviertan palomas en arco iris, ni despectivos tigres, ni paquidérmicos elefantes, ni trapecistas anoréxicos que ejecutan el salto mortal. Y enciman el venial. No importa.

Pedro Antonio y su séquito hacen olvidar esos lujos. La supervivencia de su pequeña empresa es el mejor truco.

Tiene ganas y necesidad de hacer reír. Y punto. De la publicidad, megáfono en mano, se encarga también la familia López. ¿Quién más?

La humilde tropilla trabaja por un salario en risas. Como no solo de risas vive el hombre, de pagar los escuetos honorarios del Picardías se encarga alguna junta de acción comunal.

La divisa del Picardías es: completa satisfacción o la devolución de su tiempo, de las sonrisas o de los aplausos. Como el terceto se entrega con pasión, nunca han  tenido que devolver nada.

En algunas funciones les toca hacer las veces de espectadores porque los niños no tuvieron con qué pagar la entrada gratuita. Eso así, de tirar la toalla nadie habla. Ni un paso atrás ni pa empujar una sonrisa.

El empresario Pedro Antonio, Bill Gates de la carcajada popular, sólo es rico en teléfonos. Tiene tres. No alcancé a apuntar ninguno. Contrátelo. El arte de los López lo espera. (Publicado en El Colombiano)

 

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