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DESVERTEBRADA: El Luis Pentrelli de Dios

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

No voy a decir que hablo asistido por el Espíritu Santo, pero puedo anticipar que el papa Francisco, como un célebre jugador de fútbol argentino, Luis Pentrelli, toca y se va.

O sea, el tsunami Francisco hace su segunda visita de médico a Medellín (también estuvo en La Ceja), y regresa al Vaticano a seguir poniendo patas arriba la Iglesia de Pedro. Le pongo la chapa de tsunami porque su visita es de las que hace “estragos” antes, en y después de realizada.

Amerita  explicación el evangelio balompédico de Pentrelli, quien jugó con Nacional después de lucirse en Argentina e Italia.

Un periodista de El Gráfico le preguntó por su sistema de juego. Esta fue su lacónica respuesta: “Toco y me voy”. Un mandamiento que es táctica y estrategia al mismo tiempo.

El paisano del papa se deshacía pronto del balón y se iba a otro lugar a seguir siendo útil a su credo balompédico. Nada de engolosinarse con el cuero. (Y no le estoy echando vainazos a Juan Guillermo Cuadrado, relevado en el empate ante el Brasil).

Pentrelli no se quedó en Medellín. Tampoco Borges quien estuvo dos veces. Hablando del papa comentó sin ninguna poesía: “Es un funcionario que no me interesa”.

Por razones ajenas a su voluntad, se quedó con nosotros Carlos Gardel, de quien Borges decía que era francés. El propio Carlitos se declaraba uruguayo, pero como uno es de donde le llevan flores y cigarrillos al cementerio, Gardel es argentino.

Son recordados otros cantantes: Larroca, Raúl Iriarte, Armando Moreno, Agustín Irusta. Carlos Argentino Torres por poco se queda. Faltan datos.

Que no falte la trinidad femenina musical integrada por Lita Nelson, Gladys Viera y Leticia Estrada. Tita Duval, del Tambo de Aná, tuvo su cuarto de hora.

El gaucho más famoso que felizmente nos acompaña es don Leonardo Nieto, dueño del salón Versalles.

Música, gastronomía y fútbol es la pagana trilogía en la que han brillado los hermanos argentinos. El papa Francisco debería gastarles indulgencias plenarias. O reducirles la cuota de purgatorio.

Entre los futbolistas, deleitaron con su arte el Charro José Manuel Moreno, el más grande. Jugaba por amor al arte, no por el vil metal. Del Charro contó Eduardo Galeano que no aceptó jugar con el encopetado Peñarol para hacerlo en el modesto Danubio porque allí jugaban sus amigos.

Otros que se lucieron en el Atanasio Girardot fueron  Rossi, Larraz, Grecco, Corbata, Saco, Seghini, Contreras, Retamozo; Paternóster y Zubeldía, entrenadores, practicaban la obra de misericordia de enseñar al que no sabía. Y al que sabía.

Dejaron huella el Viejo Julio Arrastía, Luis Fernando Barros y Humberto Vilches Vera quien en dueto con doña Olga nos regaló a las tres gracias: Olga, Lucero y Virginia.

Canta y encanta Jorge Guillermo, en el Patio del Tango; el Che Paulino y su hermano Carlos les enseñaron a los hermanos Carolina y Luis Ovidio Ramírez a cantar “El último café” y “Nada”.

Para desquitarse de su mínima estatura, Roberto Lamas deja oír su voz prodigiosa en El Málaga. Es un as del fuelle el bandoneonista Oscar Pelayes.

Tantos argentinos se han amañado aquí que el peligro es que el papa Francisco se venga a vivir con nosotros, si renuncia dentro de 4 años cuando cumpla 85, como lo hizo su antecesor Benedicto XVI. ¡Bienvenido¡

 

mural Papa Francisco ag 29 y sep 3 de 2017

 

Ñapa

Simplemente, Francisco

Por Fray Augusto

Este papa gaucho que nos visita por estos días de la impresión de que fuera un compañero de ascensor, el señor del quinto piso, el que calienta banca en el parque como cualquier pensionado, que monta en metro  o en papamóvil de pedal.

Le quitó misterio al oficio de pontífice. Hace sentir que el papa es uno. Francisco, y perdón por la confianza, podría ser nuestro vecino en cualquier potrero donde se juega fútbol.

Con tranquilidad se le podría pedir que nos sirva de fiador. Es de los que prestan sal, huevo o chocolate al vecino al final de la quincena cuando no hay con qué envenenar una cucaracha en casa.

De pronto nos lo podríamos encontrar en la biblioteca pública leyendo periódicos y revistas gratis, o echándole los perros imaginarios  a alguna mina (mujer).  (Los papas no pecan ni con las ganas, pero a Francisco le alcahuetearía hasta el “mártirmonio”). Lo hemos visto llorar lágrimas de carne y hueso. Llora viendo pasar el tren.

Estábamos acostumbrados  a papas inspirados por el Espíritu Santo. Francisco parece asistido por Enrique Santos Discépolo y por Homero Manzzi juntos.

Francisco camina con el tumbao que tienen los papas sin ínfulas al andar. Es una jaculatoria que sonríe.  

Como todo argentino, Francisco es de beso fácil. Ser argentino es sinónimo de besar. Hasta los hombres se saludan de beso. En Colombia haces eso y te miran maluco.

Pobrecitos los que venden accesorios pontificios de esos tan  costosos que con el valor de unos zapatos, por ejemplo, se podría construir una urbanización de vivienda popular para pobres, no de espíritu, sino de chequera.

Con la línea que ha marcado  el papa que nos regaló la pampa, los cardenales han tenido que frenar sus gastos. Tienen la vanidad a raya. Están que se pasan a vivir a las cómodas y austeras sandalias del pescador para no desairar al jefe.

Es tan informal que en Rio un joven carioca rompió el protocolo y se dirigió al sucesor de Pedro como “padre Francisco”. Como si fuera el párroco de su favela.

Él propio Francisco contó que en una ocasión un niño le preguntó: “Padre, ¿y qué hacía Dios antes de hacer el mundo?”. Quedó viendo un chispero, pero aunque todavía no era papa, el Espíritu Santo vino en su ayuda y le sopló la respuesta: “Dios amaba, porque Dios es amor”.

A uno le provoca invitar al papa Pacho, perdón, Francisco, a comer un buen cuadril en casa. Pero no, de pronto acepta y se va toda la mesada pensional y cualquier rebusque adicional.

Me habría gustado ser un papa como él, descomplicado, fresco,  relajado, revolucionario, pero solo  estuve cuatro años en el seminario de los agustinos en Manizales. Fui llamado, no escogido.

Modestia, apártate, pero si sigo en el seminario el papa sería otro… Sucede que a veces Dios da en el clavo. O demuestra que hace lo que le da la gana. Por eso tiene a Francisco de paso por Locombia.

No creo que mis nietos australianos Mateo y Patrick tengan fibra de papas para llenar el vacío que dejó el abuelo. Tampoco a mis nietas Sofia e Ilona les veo fibra de papisas algún día. Por lo pronto, ni siquiera las féminas pueden ser curas. Veto que podría levantar Francisco.

No es sino que suelte la rienda y permita el casorio de curas,   los anticonceptivos, y considere que meterse un cachito de marihuana no es pecado. La sacaría del estadio como dicen los hinchas de su equipo, San Lorenzo de Almagro. (Nota ampliada;  fue publicada inicialmente en El Colombiano).

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