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DESVERTEBRADA: El dinosaurio estaba allí

Por OscaR Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Los "ganadores" del NO. Foto eldiario.es

Cuando desperté de la siesta el día del plebiscito, el dinosaurio del NO estaba allí, en la pantalla del televisor. Los que dormíamos por anticipado el sueño del triunfo arrollador quedamos sin norte, sur, oriente, ni occidente.

Me fue mejor en el plebiscito del 57 cuando fui a matinal doble en el teatro Aranjuez.

“Esperemos los votos de la costa”, me dije, espantando las ultimas briznas de sueño. Recordaba al expresidente López quien expresó algo similar en otra coyuntura electoral.
Nunca llegarían los votos salvadores por López ni por el sí al acuerdo con las FARC.

Mientras los boletines de la Registraduría llegaban, visité mi siquiatra de pared, el espejo: Tenía cara de retrato hablado, de N. N. Idéntica cara lucirían después por televisión el presidente Juampa y los circunspectos negociadores.

Felizmente, por acuerdo gobierno-FARC, por lo pronto callan los fusiles. Santos fijó un primer plazo-ultimátum: hasta el 30 de octubre habrá cese bilateral. Luis Carlos Villegas, su ministro de defensa, más generoso, lo corrigió: el plazo se puede ampliar.

Lo que importa es la paz, aunque no “haiga” plebiscito. Solo así podremos decir con Confucio, citado alguna vez por Maturana, que perder es ganar.
El domingo 2 de octubre, un diablillo sectario “que me habita” tardó en aceptar el revés. ¡Pero si los uribistas habían aceptado por anticipado la derrota con el argumento de que el fraude estaba listo! No podían estar equivocados…

Y si dicen que estamos en el castro-chavismo, después de ganar el domingo habrá que darles la razón. (Si algún amigo viaja al exterior le pediré que me traiga de regalo papel higiénico, pañales, arroz, huevos, jabón, medicinas, dentífrico, porque en Colombia estos productos no se consiguen).

Un amigo devoto del no al que llamé a informarlo de “su” triunfo y felicitarlo, se resistía a creerme lo que le decía. Las ganas con las que lo felicité eran tan robustas como el sí del vicepresidente Vargas Lleras y del doctor Fico, alcalde de Medellín.

Analizando la reacción de mi amigo, asumí que los partidarios del no, querían votar pero descartaban el triunfo. Casi piden disculpas. Los veo encartados con la victoria. Como los ingleses con su brexit.

Cuando suceden reveses inesperados, se congestionan los consultorios de cardiólogos y siquiatras.

Para ahorrarme el vale de la prepagada, a la sobredosis de cidrón que me empaqué, le mezclé la película El extra, de Cantinflas, y La legión extranjera, con Laurel y Hardy. Entre todos me devolvieron la sonrisa.

Entrada la noche, para recuperar la serenidad, que no falten los nocturnos de Bach, perdón, de Beethoven, qué digo, de Chopin. Pueden ensayar la receta.

Los colombianos quedamos divididos miti-miti. Ahora a entendernos con un ganador esquivo que se hará rogar, como las bellas retrecheras. ¡Ave, triunfadores, bienvenidas sus luces! Los necesitamos como el cocuyo a la oscuridad. Menos mal los egos de Santos y Uribe decidieron mirarse a los ojos en Palacio, seis años después de mostrarse los dientes. Les tocó demostrar qué clase de líderes son. O si salen por la puerta de atrás de la historia.

Diría lo mismo de las FARC que volverán a poner presidente. Ya empezó la campaña: Marta Lucía Ramírez, Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes, Iván Duque, se estrujan para salir en la foto al lado del senador Uribe. En Bogotá, Pacho Santos, seguro del triunfo a pesar del escepticismo de los suyos, lamentaba estar a años luz de Llanogrande, donde se celebró la victoria.

Me fui a roncar lamentando que Dios hubiera tomado compensatorio el día del plebiscito. Aunque a lo mejor estaba en la costa fabricando huracanes… (En la foto, tomada en los años sesenta en el noticiero Todelar de la calle 48, en Bogotá, este aplastateclas borra alguna barbaridad que había escrito en su Olivetti).

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