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DESVERTEBRADA: El 22 (con historias de otras arqueros)

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Arquero de Aguilas Doradas, de Rionegro, uno de los pocos a los que Messi no le he hecho goles

Saludos mil y, por favor, jugadores de Senegal, no olviden llevar carro de Tomás de la Rue para que se lleven su buena goleda ya casi en su partido contra Colombia.

Desagradecido el arduo oficio de arquero. En momentos de vacas flacas es el trompo de poner. No hay que estar loco para ejercer ese destino, pero ayuda. Cuando el equipo gana, ganan todos. Pierde y la afición y la crítica matonean sin piedad al portero que tiene que renunciar a la calle, el supermercado, la iglesia, el cine, el motel, el VAR, perdón, el bar.

En los últimos meses la han pasado mal muchos de estos solitarios. (“El arquero es solitario por naturaleza y todo depende de uno mismo”, resumió Germán Burgos Adrián Ramón, exarquero de River Plate).

Hace unas semanas sufrió amnesia parcial de fútbol Loris Karius, el joven  cancerbero alemán del Liverpool que le facilitó dos goles del Real Madrid. Me provocó darle posada y prestarle el hombro para que depositara allí sangre, sudor, lágrimas y mocos.

En el mundial de Rusia han tenido el cristo de espaldas De Gea, de España, y Caballero, argentino. A Caballero lo remplazó Franco Armani, exempleado del Atlético Nacional, quien “nos clasificó” a octavos. Dios es argentino, debió gritar la tribuna gaucha enardecida.

Después de un revés, De Gea soltó una frase digna del filósofo Savater: “Para aprender a triunfar primero tienes que aprender a fallar. Seguimos”. Están en octavos.

El primer atrapabolas que conocí en los peladeros de Aranjuez fue “Chonto”. No el legendario arquero del Nacional, sino Gildardo Montoya, compositor de Plegaria Vallenata, Piel de Luna, Maldita Navidad…

Su hermano Darío, creador de Llegaron los gotereros, Buscando el marrano, Los velorios, recuerda que su hermano, quien madrugó a volverse  eternidad, no se cambiaba ni por Dios mano a mano cuando se colocaba entre los dos ladrillos que hacían las veces de portería.

Al Chonto de este cuento le hacía fiera competencia Vitatutas, apodado así por el arquero del Once Caldas de la época.

Ese cargo de la burocracia balompédica tan lleno de zozobras, tiene inmortales en sus filas. Como Lev Yashin, la Araña Negra, portero de la selección de la Unión Soviética en los años sesenta. Decir Yashin es decir Marcos Col quien le hizo un gol olímpico en el famoso 4-4 en Arica, Chile. Todavía seguimos viviendo de ese empate mundialista.

Otro inmenso cuidapalos, Amadeo Raú Carrizo, del River Plate, sintetizó así el drama de los de su logia: “El puesto de arquero es ingrato por excelencia porque los goles son como los pedos: a veces no los soporta ni uno mismo”. Carrizo, lo cuenta en el libro “Anécdotas del superclásico” (River-Boca), del periodista Alfredo Luis Di Salvio, daba consejos a los delanteros de su equipo como hacer goles.

Pensaba que un arquero debe intuir la jugada y luego tratar de inducir al atacante al error, “a que haga lo que uno quiere”.

El ya mencionado Burgos contó que “cuando me meten un gol en un partido, trato de olvidarlo rápidamente. Hay que salir rápido del gol mentalmente para estar dispuestos a seguir atajando bien”.

En tiempos de Carrizo, quien tapó Colombia, los árbitros eran ingleses. No hablaban ni pizca de español. Tampoco había suplentes.

Y para terminar, hace unas semanas me sorprendió el arquero de Águilas Doradas, de las inferiores del Rionegro. Lo vi en acción en la Marte 1 en una jornada balompédica dominical. Hacía años no veía a un jugador que viviera con tal intensidad su trabajo.

Gritó, ordenó, braveó, se estresó, rió, madreó, mandó, aconsejó, repartió agua, remplazó al entrenador y al dueño del equipo, pagó la nómina, lloró. Tapó un penalti y le cedió el puesto a un colega.

Llevaba el número 22.

Selfi del columnista en la Unidad Deportiva Marte

Por entre la cerca le pregunté su nombre para invitarlo a trago y viejas. Me miró sin contestar para no distraerse de sus quehaceres. Primero el oficio, la urbanidad y el ocio después. Lo espera la gloria. (Fotos odg)


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