Al instante

DESVERTEBRADA: Don Otto no pensaba en la muerte

Por Oscar Domínguez G. (El Colombiano)

Otto Morales Benitez

Otto Morales Benítez era festivo como un 7 de agosto, día en que nació en 1920. No lo preocupaba la muerte. Tampoco tenía listo su epitafio porque “sueño con la eternidad”. No tenía guardaespaldas. Su hoja de vida, sin lapsus y muchas carcajadas, era su mejor seguro de vida. Vivió de una vez todas sus vidas.

Su afición de los últimos años era leer los obituarios del periódico. Después de constatar que no estaba el suyo salía a la llanura. Por eso Belisario Betancur, otro consumidor de obituarios, lo llamó “fúnebre amigo”.

“Abuelo endiablado” le decía una de sus nietas. Ennietecer, abuelear, eran dos de sus verbos amados.

Muchas veces lo entrevisté en su casa, cerca de su Olivettí Lettera 22, y en sus oficinas de Colpatria, que presidía un Cristo, regalo del escultor Rodrigo Arenas. Allí llegó hasta el final para camellar, otra de sus verbos sustantivos:

¿El verbo retirarse no figura en su semántica de cuasinonagenario?

– Sí, porque he logrado hacer lo que me he propuesto. El ala luminosa del amor —de mis seres del alma— y de mis amigos, me ha protegido con alegría y dándome alientos para la esperanza.

– Pecado que más le gusta cometer

– El de mis sueños.
– Virtud que más admira en los otros

– La verdad.

– Defecto que le gustaría tener…

– Tener plata para regalar.

– ¿Quién le gustaría haber sido?

– Yo, en la integridad de mi vida.

– ¿Qué es un amigo?

– El que me acompaña sin exigir ni esperar nada.

– ¿Los enemigos para qué?

– Ese es un desgaste inútil de la existencia.

– ¿Persona que más ha influido en usted?

– Son demasiadas personas a las cuales tengo que agradecerles mucho de lo que soy. Me invaden los nombres del amor, del afecto y de la lucha.

– ¿Lo que lo saca de quicio?

– La mentira.

– ¿Tiene con qué salvar su alma?

– Sí, con mi alegría espontánea.

– ¿De qué quisiera morirse?

– Soy optimista vital. Me gusta la existencia con sus dones y sus abatimientos. Nunca pienso en la muerte.

– ¿Qué le gustaría olvidar?

– Más que olvidar, que no persistieran los dolores colectivos de mi patria.

– ¿Por qué desea que lo recuerden?

– Por mis luchas, siempre a la intemperie. Siempre en defensa de una idea o de alguien. Es mi fortuna, tener sentido de la solidaridad.

 

Ir a la barra de herramientas