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DESVERTEBRADA: Desvarío sobre la vejez

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Los ancianos en el parque, un lugar para compartir. Foto blogspot.com

 

En mi despertar a la vida me encuentro en la fértil huerta de mi casa en Versalles, Antioquia. Me acompaña un espantapájaros de trapo. Ahora que estoy viejo y que me dedico a ennietecer, desde su eternidad de paja, otro espantapájaros, reencarnación del primero, sonríe en su rincón viéndome garrapatear estas líneas. Nos damos los buenos días y no “mancamos” el besito de las buenas noches.

Agosto es el mes dedicado a los viejos. Disculpas por robarle protagonismo a este mes con piel de viento, y a sus carnales las cometas que son como botellas arrojadas al mar del infinito.

En buena hora, el alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, inauguró en El Raizal, Manrique, el primero de 25 centros gerontológicos. Gracias mil en nombre del gremio de los que “hemos empezado a desaparecer”. Me propongo “aplicar” para alguno de ellos. Por si las moscas, ya tienen mi prontuario de vida con arrugas y pategallinas incluidas, el padre Gilberto Jaramillo y el hermano Elkin, benedictinos, mandamases del asilo de la antigua cárcel de la Catedral, Envigado arriba.

“Gerontocomio” prefiere llamar a estos parches el ginecólogo Alberto Betancourt quien a los 90 años y monedas disfruta de su vejez aprendiendo con curiosidad de niño… y leyendo a su amado Virgilio. En latín, no en prosaico español. Y cuando se encuentra con su amiga Elisabeth Weber, hecha en Nuremberg, Alemania, hablan en esa lengua “muerta” … de la risa.

Los adultos mayores en el parque Berrio. Foto blogspot.com

Los adultos mayores en el parque Berrio.
Foto blogspot.com

Algún cerebro no fugado asumió que decirnos viejos era un despropósito. Todo lo contrario: viejo es una palabra certera, tiene su música. Es una voz que se parece a lo que describe.

Desde que nos doraron la píldora ascendimos a adultos mayores, ancianos, cuchos, abuelos, miembros de la tercera edad. Uno que quería sacarla del estadio nos llamó los de la “extraedad”. Juro por mis cuatro nietos que escuché la expresión en jurisdicción del municipio de Jardín.

Una de mis nietas, Sofía Mo, de cuatro años, le ha pedido a su mamá que no envejezca. Como su progenitora quedó lela, como los búhos de León de Greiff, la pequeña le encimó la explicación: “Ser viejo no es inteligente”.

De pronto lo dice porque cuando me pide que le lea cuentos para dormirse, el primero que empieza a echar zetas soy yo. “Abu, no te duermes”. De un tiempo para acá me mira con curiosidad de paleontóloga. Soy un bicho raro en su pequeño mundo en el que manda Peppa Pig.

No entraré en polémicas con esta beldad de a puño nacida hace cuatro años en la olímpica ciudad de Río de Janeiro. Prefiero agradecerle que haya empezado a ayudarme a ganar los garbanzos con sus apuntes. Ya le contaré que su “abu” comencé a sentirse viejo cuando empezaron a cederle el puesto en el bus.

Diría que el envejecimiento, como el trabajo, “no lo hizo Dios como castigo”. Simplemente, quería demostrar que tiene la sartén por el mango, que hace lo que quiere.

Con sol a la espalda, confieso que he disfrutado este ocaso. Lo juro por mis espantapájaros.

Ñapa

ENVEJECIMIENTO LÍCITO

Foto youtube.com

Foto youtube.com

Para la revista Bienestar de Sanitas entrevisté alguna vez un grupo de personalidades a las que les plantée dos interrogantes:

– ¿Qué es envejecer?

– ¿Cuándo te diste cuenta de que habías empezado a envejecer?

Marujita Vieira, poeta (93 años)

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– Envejecer en cualquier parte del mundo es ir quedàndose sin amigos. Por consiguiente los que nos quedan, como tú por ejemplo, son cada día màs preciosos.

– No me he dado cuenta todavía.

Javier Darío Restrepo, periodista, 82 años

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– Envejecer en Colombia depende de cómo te miren: o como mueble viejo o como la almohada irreemplazable. Me he sentido almohada.

– Sentí la alegría de envejecer cuando mi nieto comenzó a decir: “Abuelo, una pregunta”.

Ricado Bada, periodista español (73 años)
* Envejecer, para mí, significa una incalculable pérdida de calidad de vida y que cada vez me gustan más las mujeres jóvenes.

* Me di cuenta de que había empezado a envejecer cuando tuve que renunciar a mi bicicleta.

Guillermo Angulo, fotógrafo, orquideólogo (86 años)

– Ser un estorbo, carecer de oportunidades, sentir que la posible experiencia y sabiduría (al contrario de lo que sucede en las culturas orientales) en nuestro país no se aprecian.

– Donde más se nota la vejez es en la tecnología. (No me incluyo). El celular se lo tiene que programar un nieto y buscarle las llamadas perdidas. Los viejitos nos reconocemos porque leemos la página de obituarios antes de la de anuncios de cine.

Carlos Enrique Ruiz, escritor caldense, (73 años)

– El envejecimiento no es cuestión de geografías. Es deseable envejecer en el sitio de donde se es.

– Más que la idea de la “vejez” me llegó la idea de la muerte cuando cumplí los 70 años, en el 2013; sentí en ese momento que “el camino es culebrero” (Crescencio Salcedo), de trayecto finito, con culminación cada vez más visible.

Dario Jaramillo Agudelo, poeta (68 años)

– En términos demográficos, creo que la edad promedio va pa’arriba, con el grave problema de que pocos tienen seguridad social.

– Creo que fue cuando me pasaron de calzones cortos a calzones largos, cuando cumplí por ahí 84 meses.

Jaime Lopera Gutiérrez (escritor, historiador, 78 años)

— Envejecer, en Colombia o en otra parte, es lo mismo: un proceso físico, otro mental y otro espiritual. El primero es genético y condicionado al metabolismo de la alimentación y el ejercicio. El mental es diferente y a veces viene acompañado por un conocido alemán. El tercero es el único que sobrevive a los dos anteriores porque involucra el mundo de creencias, valores y expectativas que se han tenido. Si hubiese un aparato de medición, con estos tres parámetros uno podría estimar su situación cada momento y para tales efectos en mi caso registro una paridad de siete en ellos.

— Solo hasta hace muy pocos meses, con una punzante molestia en las vértebras, mi cerebro se desplazó hacia el dolor y ahí me di cuenta de que aquel director de orquesta no acepta rivales –por lo cual anuló mis disposiciones de reflexionar, leer y escribir. Eso me dio un poco de susto, como una secretaria embarazada por el jefe, pero la realidad estaba ahí sentada esperando que volviera en mí.

Monseñor Guillermo Melguizo (60 años… de sacerdocio)
— Depende: para gente privilegiada, que se preparó psicológica y espiritualmente, que está acompañada y es amada, y a lo mejor está jubilada, envejecer es disfrutar de la cosecha sembrada, es mirar hacia atrás con gratitud, y mirar hacia el futuro con esperanza. Para los pobres, los que no son amados, para los que no tienen seguro social, no tienen pensión, no tienen salud, es una época trágica, sin la más mínima esperanza. En Colombia falta mucho camino por recorrer en el campo social hasta lograr una gerontología digna.

— Muy pronto se me hizo tarde, y cuando menos pensé, tenía setenta, y cuando llegué a los ochenta, no lo podía creer y me acordé del salmo 90: ” La vida del hombre son setenta años, y si es fuerte y robusto hasta 80 , por eso Señor, enséñanos a contar nuestros días para que adquiramos un corazón prudente”. Por otra parte, no me gusta decir cuántos años tengo porque hay mucha gente que se encarga de llevarle a uno la cuenta. Sólo me gusta decir que llevo casi sesenta de sacerdocio.

Guillermo Mago Dávila, periodista-linotipista (86 años)

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-Cumplir un sueño de la niñez: ¡ser invisible! No te determinan. No te escuchan. Te ignora el Estado. Te irrespetan. ¡Solo los niños, nietos y nietas, tienen ojos y frases hermosas para ti!

–Cuando las bailarinas del cabaret me empezaron a decir Don Mago!

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