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DESVERTEBRADA: Del Tibet a La Escombrera

Por Oscar Domínguez Giraldo (El Colombiano, Medellín)

(elespectador.com)

Empezó a convocar a los dioses del Tibet en el resistero del mediodía, cuando el quórum de principales se había esfumado. Al concertista, Miguel Ángel Bedoya Gil, de la unidad de víctimas de la Fiscalía, le importó un bledo el escueto auditorio y siguió adelante con su plegaria musical.

A su alrededor se sentaron esperanzadas fragilidades de “Mujeres caminando por la verdad”. Se ubicaron sobre toneladas de escombros depositados desde los tiempos de las múltiples operaciones “Orión” que se dieron. La ilusión de los familiares es encontrar los restos de sus seres queridos para decirles que el olvido no figura en su agenda. Y darles cristiana sepultura bajo el sol.

Sudoroso, Bedoya desplegó los cuencos originarios del Tibet y empezó a arrancarles silenciosos sonidos como para no despertar a las víctimas de las tantas violencias que ha padecido Medellín.

A la música de los cuencos se le podía agregar la letra de la canción de Rubén Blades: “¿Y cómo se llama a los desaparecidos? Con la emoción apretando por dentro”.

Antes de que los instrumentos hicieran oír su canto, se escuchó la voz del padre Javier Giraldo en su implacable homilía que estremeció hasta al ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, primer alto heliotropo en abrirse del parche. Asuntos urgentes lo reclamaban en Bogotá.

El severo discípulo de Ignacio de Loyola fue al grano, en medio de algunas interrupciones del sonido: “Este momento, queridos hermanos y hermanas, es denso en significado. En este acto de fe, expresado con profundos sentimientos sobre este suelo que esconde entre centenares de toneladas de escombros los cuerpos de numerosos hermanos nuestros convertidos en materia desechable por las dinámicas crueles de una civilización deshumanizada y de unas estructuras de poder que privilegian y sirven a los intereses más inconfesables, queremos afirmar enfáticamente nuestra fe en el valor sagrado de la Vida y repudiar, de la manera más profunda, la prácticas de la anti-Vida materializadas de manera tan patética en este espacio execrado, signo y símbolo contundente de uno de los pecados más horrendos que nuestra sociedad ha incorporado a sus costumbres y rutinas.

Gracias, queridas madres y familiares de los desaparecidos en esta Comuna horriblemente victimizada. Gracias por su lucha tenaz, enfrentada como el pequeño David al gigante Goliat de los capitales y estructuras de poder que nos dominan, para quienes la dignidad humana es un valor decadente y anacrónico que no se compadece con las dinámicas modernas de una civilización tecnocrática que necesita segregar, excluir y degradar para poder adaptarse al dinamismo vertiginoso del progreso”. (La homilía completa del padre Giraldo se puede leer en www.javiergiraldo.org)

Del padre Giraldo iríamos después a la poesía de los cuencos del Tibet. Para redondear el ceremonial, Bedoya Gil, quien ofrece conciertos en diversos sitios de la ciudad (busquen la programación en su página de Facebook miguelangelsonidosondas) , explicó que “estamos trabajando la reparación emocional”.

Los instrumentos sagrados del Tibet “nos permiten contactar nuestro ritmo y despejar nuestra mente para aclarar los sentidos y así poder entrar en unos diálogos. La sanación es un camino hacia la libertad”.

PaZCiencia

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Vamos al grano: no hay que hacer la paz, hay qué imponérsela a los alebrestados en armas de las Farc para que terminen de una vez con todos los desafueros que cometen.

Recordemos a los egipcios : “En la paz los hijos entierran a los padres, en la guerra los padres entierran a los hijos”. Nos estamos demorando para cambiar la ecuación.

Lo dice uno que no pagó servicio militar. Y lo digo desde mi estrato cuatro – según la cuenta de los servicios-, más cerca del tres que del cinco.

Los activistas de estos estratos no vamos a la guerra. Si nos tocara empuñar los fierros a los “privilegiados”, a lo mejor ya nos habríamos entendido.

Por lo pronto, hacen la guerra los del salario ínfimo. Y los “guerrillos” de la llanura que también tienen mamá, noviecita y gato que los extrañan. Apoyamos o criticamos la guerra desde la comodidad del bar, o en la impunidad de sofá doméstico, cuba libre en mano.

En la selva profunda ojalá pudiéramos infiltrarles un inspirador Gandhi. No pidamos tanto: suficiente infiltrarles a las Farc un Bateman o un Pizarro, líderes del M-19 que entendieron que Colombia es tierra estéril para llegar a Palacio echando plomo.

Con cierto escepticismo – el pesimismo de los optimistas- creo que no hay otra opción que ajuiciarse y firmar. El expresidente Mujica, de Uruguay, ha dicho en Buenos Aires: “Tengo que hablar con las Farc, hay dificultades, pero nunca hemos estado tan cerca”.

Y Sergio Ramírez, exguerrillero nicaragüense, escribió en El País, de Madrid: “… levantarse de la mesa, echar por la borda lo conseguido hasta ahora, se volvería una insensatez mayúscula”.

El camino está trazado. Como decía el sacrificado Gilberto Echeverri Mejía, no tiene sentido seguir en una patria boba en la que nadie gana la guerra.

Este pechito se acostó aliviado y despertó santista un domingo para votar por la paz. No me arrepiento así solo me queden tres lectores. Madrugo a desear que les vaya bien a Humberto De la Calle y demás alegres negociadores de ambas partes que se doran al sol de La Habana. Estamos en manos de De la Calle, exnadaista vergonzante, quien, de niño, fue sacado en un moisés de su casa: los enemigos políticos de su familia los querían lejos de Manzanares, su terruño.

Ojalá los negociadores coincidieran en Dos Gardenias. Escuchando inspiradores boleros en aquel parche habanero de culto, las partes se amacizarían.

No más Farc imponiendo presidentes: A Pastrana, con silla vacía. Le repitieron mandato a Uribe sin silla, y eligieron a Santos, sillas aparte. Conviene tener pazciencia y tocar madera ya que De la Calle es agnóstiio. (Anoche “soñé” que como Borges era ateo y Dios no se lo quería perder, le dio el Paraíso por cárcel. Lo mismo les pasará al descreído caldense y al resto de negociadores si se salen con la suya).

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