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DESVERTEBRADA: Belisario, polígamo

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Para ser felices hay que tener una buena mujer y una buena exmujer. Dicen. Esta “ecuación” se cumplió en el caso del expresidente Betancur.

Abrió plaza casándose con doña Rosa Elena Álvarez, nacida cerca del parque de Belén. No era propiamente un Adonis el arrancado (desplatado) hombre fuerte de Amagá, pero como Dios aprieta pero no ahorca, lo dotó de una labia fenomenal.

En la encaletada y sustanciosa entrevista con Martha Ortiz, directora del El Colombiano, BB se declaró ducho en lealtades y les dio crédito a su primera dama y a la segunda, Dalita, la hermana veneca que invadió el Golfo de Coquivacoa de su viudo corazón.

El latín puso a Belisario en el camino de doña Rosa Elena. Por un verso cojo contra el profesor de latín, Bélico fue expulsado del seminario de Yarumal.

El verso que alejó a BB del papado y lo acercó a la presidencia lo recitó el Nobel García Márquez en un acto en honor de Belisario en la Casa de Poesía Silva: “Señor, te rogamos sin fin, que caigan rayos de mierda, al profesor de latín”.

El rector Aníbal Muñoz lo puso de patitas en la calle. Como BB siempre caía parado como los gatos, lo esperaba la facultad de derecho de la UPB.

Mujer definitiva para BB fue Rosario Rivera, la maestra que le enseñó a leer. A ella pensaba dedicarle sus memorias. Pero el Nobel Albert Camus, con quien se encontró en París, le contó que el premio se lo había dedicado precisamente a su maestra de primaria.

Alegando que la dedicatoria que tenía pensada no sería original, BB desistió de escribirlas. A lo mejor en algún recoveco del computador duerman esas necesarias memorias.

Cerca de la sede presidencial vivió su amor platónico: Elvira Silva, hermana del poeta José (Presunción) Asunción. ¿Otro amor imposible? Margarita Gautier, La dama de las camelias. Uno más: la reina del ajedrez que jugaba – precariamente- contra María Cano, La Flor del Trabajo.

Su mejor interlocutora fue María Mercedes Carranza, directora de la Casa de Poesía Silva. Ella lo presentó en la sociedad de los poetas vivos cuando Belisario salió del clóset y se declaró versificador.

Dueño de la nómina llenó los viceministerios de “dulces enemigas”. A  Noemí Sanín la nombró titular de comunicaciones.

Ejerció de casamentero. Cuando enviudó su padre, don Rosendo, se dedicó a conseguirle pareja. La encontró en Elvia Sánchez, prima de doña Otilia Cuartas, su madre. BB inventaba cartas del novio a la novia. Y al revés. El epistolario se volvió epístola de Pablo.

Tuvo traga mística, Santa Teresa de Jesús, de la que habló en un seminario en la UPB. Alternó con el padre Hernando Uribe.

Su nieta Paula lo despidió con un bello obituario. Sus bisnietas Lucía, Raquel y Eloísa perdieron un espléndido cuentacuentos en este polígamo que les guardó fidelidad a todas sus mujeres.

Ñapa

LOS PECADOS DE LA CARNE EN POLVO

          

La erótica anécdota la contó una vez  el expresidente Betancur en la Fundación Santillana durante el lanzamiento del libro gordo (biografía) de García Márquez escrita por Dasso Saldívar.

          

A pesar de su nombre, Dasso no es ningún europeo distante: es un paisa próximo de todo el metro que durante su bachillerato en el Liceo de la Universidad de Antioquia, no tenía ni veniales de su futuro biografiado.

           

Supo de él cuando un amigo, intelectual impuro de los que siempre andan con un  libro debajo del sobaco,  le prestó Cien Años de Soledad.

          

A partir de esa lectura que inició en el bus y que demoró seis meses para que no se le acabara la alegría de leer, se interesó en Gabo hasta el punto de que escribió una hermosa biografía de 600 páginas. Lo mejor que se ha escrito sobre el fabulista.

          

No demoremos la anécdota que contó Betancur tras agotar él y el consejero presidencial Juan Gustavo Cobo Borda, los adjetivos elogiando la biografía de Dasso que hace rato tiene segunda parte en pasta dura. Una delicia. (Me perdonan pero tengo el libro autografiado: “Para odg, amigo y cómplice de este y otros viajes, eterno abrazo, en La tienda del vino 25/8/14)”).

          

Según García Márquez, el realismo mágico europeo existe, está ahí, pero sus colegas del otro lado del charco no lo ven.

          

Cuando vivía en Barcelona, el escritor de Aracataca salió un buen día a la calle a conseguir carne en polvo, debilidad gastronómica de quienes no pueden aspirar a otras excentricidades culinarias. Es comida de solitario.

          

Gabo andaba de rueda suelta porque su esposa Mercedes se encontraba en Macondo huyéndole al invierno primermundista.

          

En ese periplo en busca de la carne en polvo perdida, García Márquez se encontró con una amiga. Para entonces, ya había comprado la carne.

          

La dama también andaba disfrutando del azar por cuanto su marido estaba de viaje. Producido el encuentro de los desencontrados, o viudos pero con sus respectivas “costillas” vivas, la chapetona desinhibida invitó a su casa al creador de Aracataca.

          

El hombre de Macondo dijo sí y tan pronto llegó a la casa ajena se desembarazó de la carne en polvo que fue a dar al congelador.

          

Y Gabo solo, la anfitriona sola, Mercedes en Macondo, el chapetón esposo quién sabe donde… ocurrió lo que tenía pasar entre una pareja sin votos de castidad.

          

El Nobel se lució de tal forma en el catre que lo visitó una amnesia parcial que lo hizo olvidarse de su carne en polvo.

          

Al día siguiente, contra todos los pronósticos y como sucede siempre en los cuentos sobre infieles, el español regresó a su base, ignorante de su nueva condición de “cornúpeta”.

           

Ya en casa con su dama, el esposo engañado, después de los besitos mentirosos en la mejilla que “ella no devuelve, o sí”,  de la inevitable pregunta sobre el estado del tiempo y bobadas aledañas, el hombre se dirigió a la nevera.

          

Buscando lo que no se le había perdido  encontró en la nevera, muerta del frío, la carne en polvo del futuro Nobel.

          

El súbdito del entonces rey Juan Carlos montó en cólera y, mostrándole el cuerpo del delito, o sea, la carne en polvo a su esposa, le dijo:       

– Me has engañado  con un hombre, joder!

          

Gabo le contó a Betancur que en eso consiste el realismo mágico que los españoles no ven.

          

El escritor dijo que con esa historia se habría podido escribir una novela titulada ¡”Los pecados de la  carne en polvo!”.

 

 

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