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Des-escalando el conflicto: la hora de las acciones

Por Andrés Dávila, Politólogo y doctor en Ciencias Sociales * razónpublica.com

El Presidente Santos ordenó el pasado 25 de julio el cese a los bombardeos aéreos a los campamentos de las FARC

El segundo ciclo

Después de haber vivido uno de sus momentos más críticos –el de los costosos atentados que perpetraron las FARC en los últimos meses – las negociaciones de La Habana parecen haber ganado un nuevo aire. Por eso – y tal vez aprovechando esta especie de re-lanzamiento del proceso- las partes han adoptado decisiones que nuevamente apuntan hacia el “des-escalamiento” del conflicto:

Las FARC declararon un nuevo cese al fuego unilateral a partir del pasado 20 de julio (con la advertencia de que si las atacan tendrán que defenderse).

El gobierno admite que el proceso ha tardado demasiado, de manera que los siguientes cuatro meses deberán estar llenos de gestos claros de paz y de avances en las negociaciones. Para refrendar su posición, el gobierno dispuso suspender los bombardeos (aunque con ciertas precisiones, como que solo el presidente puede ordenar este tipo de actuación).

Estas varias medidas y anuncios para “des-escalar” las acciones armadas son sin duda valiosos para el proceso de paz, sobre todo si tenemos en cuenta que ellos se suman a las decisiones de finales del año pasado en torno a la erradicación de las minas antipersonal y el reclutamiento de menores de 17 años por parte de las FARC.

El gobierno comprometido en serio con el des-escalamiento militar y además con el cambio que propuso el presidente en el uso del lenguaje.
Aquellas dos decisiones se tradujeron en esfuerzos reales para sacar a los menores de edad de la guerrilla y en una iniciativa tripartita para iniciar labores de desminado humanitario en regiones afectadas por la presencia (o sospecha de presencia) de los artefactos sembrados por las FARC.

De modo que este segundo ciclo de des-escalamiento – que ojalá conduzca más temprano que tarde a un cese bilateral y al final del conflicto armado interno- se superpone ahora a las dos decisiones que se habían anunciado previamente.

Los menores y las minas

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                                                                Foto: Delegación de Paz de las FARC en diálogo con delegación del Gobierno

Aun no se ha resuelto la discusión en la mesa de La Habana para que las FARC acepten dejar de reclutar menores de 18 años, como dispone la legislación internacional y nacional sobre la mayoría de edad. Además, se espera la confirmación clara y contundente que los niños, niñas y adolescentes menores de 17 años han sido desvinculados de las filas de las FARC y el compromiso definitivo de esta organización de no reclutar más menores de edad.

En lo tocante al desminado humanitario debemos recordar que el ejercicio más serio y significativo de des-escalamiento sufrió hace poco un duro golpe cuando un suboficial del Ejército activó una mina antipersonal y falleció como consecuencia del accidente. Al conocerse este incidente, algunos sugirieron que la solución estaba en hacer que los miembros de las FARC se hicieran cargo de esta labor, alternativa poco menos que viable.

En todo caso el desminado humanitario tuvo que suspenderse temporalmente en esta zona tan afectada por estos artefactos en el departamento de Antioquia, y estamos a la espera de las decisiones y medidas necesarias para reanudarlo.

Pero todo indica que ya se han revisado los protocolos y procedimientos de este proyecto y que las actividades de desminado humanitario se reiniciarán con mayores precauciones (como el uso de caninos) aunque manteniendo la división de tareas que exigen la complejidad y la naturaleza técnica de estas actividades.

Cambios en el gobierno

Dentro de la lista de hechos que abren nuevas alternativas al complejo y amenazado desarrollo de los diálogos, se destaca un conjunto de reacciones que conviene analizar.

En primer lugar están los cambios que hemos presenciado en varios sectores del gobierno. Allí se ha hecho sentir con fuerza la voz única del presidente, y han quedado atrás los alardes o salidas de tono de ministros, consejeros y asesores.

Es asombroso que esta discreción no haya sido rota ni siquiera por los miembros del equipo negociador, quienes (como en el caso de Humberto de la Calle) han estado sometidos a las críticas de lado y lado: de parte de las FARC por haber dado como un hecho que la guerrilla entregaría las armas, y de parte de un sector de la derecha que exige que se aclare si los negociadores tienen o no pretensiones presidenciales.

Se destaca también la voz pausada y desarmada del nuevo ministro de Defensa, quien encarna un claro y contundente cambio de discurso, de tono y de posición, en marcado contraste con el anterior ministro.

Como es apenas natural, el ministro Villegas ha hecho advertencias y señalamientos, pero no ha generado la confusa sensación de ser un detractor interno que pone en tela de juicio las decisiones presidenciales. Verdad que esta actitud puede tener costos políticos para el ministro, pero refleja coherencia con el cambio de rumbo que adoptó el presidente y en cuya virtud designó al nuevo ministro.

También se ha hecho evidente que la recién reconfigurada cúpula militar y policial ha mantenido posiciones muy prudentes y casi reservadas frente al tema de la paz. Como en el caso del ministro, los representantes de la Fuerza Pública se han limitado a despejar las dudas sobre las razones de los movimientos que han tenido lugar en cada una de las fuerzas y en el Comando General.

En resumen, el gobierno parece estar comprometido en serio con el des-escalamiento militar y además con el cambio que propuso el presidente en el uso del lenguaje. Pero además el gobierno mantiene una agenda llena de nuevos anuncios para que la opinión se ocupe de otros temas, y esta es, tal vez, la mejor forma de ganar tiempo mientras los hechos de paz hablan por sí mismos.

Por su parte, las FARC recibieron con expresiones positivas el anuncio presidencial y pasaron la página de las críticas que habían hecho a De la Calle. Sin embargo, advirtieron que no podrán repetirse hechos como los de los meses anteriores, después del primer anuncio de suspensión de los bombardeos.

Reacciona la opinión

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Ejercicios de entrenamiento para la desactivación de minas antipersona. Foto: Dirección Contra Minas

Tanto los principales medios de comunicación como la mayoría de los congresistas tuvieron comentarios favorables acerca de la importancia y las virtudes de las medidas y anuncios para el des-escalamiento, al mismo tiempo que hicieron llamados a avanzar prontamente en concretar el acuerdo definitivo.

Otras voces, como las de Jorge Restrepo (de Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto) y María Victoria Llorente (de la Fundación Ideas para la Paz), hicieron hincapié sobre lo novedoso de la estrategia y señalaron que esta vez sí parece una decisión blindada en varios sentidos. Y algunos, como León Valencia, ampliaron lo dicho por el presidente y llegaron a sugerir la existencia de un cese bilateral prácticamente acordado entre las partes.

Finalmente, los opositores de siempre repitieron su cascada de malos augurios y de peores interpretaciones. El senador Uribe descalificó el acuerdo en una serie de trinos donde mezcló los problemas de este anuncio con la situación económica del país y los problemas del gobierno en otros ámbitos, con una lógica sencilla pero difícil de contrarrestar.

También el procurador salió a la palestra (mejor dicho, siguió en ella) con sus dudosas dotes de analista de paz, a señalar los riesgos de un velado cese bilateral a espaldas de las instituciones y de la sociedad colombiana, afirmando (erróneamente) que con tal decisión el presidente viola la Constitución y que maniatar a la Fuerza Pública es casi una traición a la patria.

Este segundo ciclo de des-escalamiento se superpone a las dos decisiones que se habían anunciado previamente.
A su turno los militares retirados se aferraron a su argumento repetido e invariable: dejar de bombardear es anular la única acción que aseguró la superioridad militar del Estado colombiano y golpeó contundentemente a las FARC. Sin los bombardeos, las guerrillas aprovecharán para fortalecerse y recuperar la capacidad militar en sus zonas de repliegue, mientras sus negocios continúan.

La discusión sobre la paz sigue sin duda abierta en el país. Pero las decisiones políticas siguen su curso y, por ahora, se mantienen en una línea sostenida que apunta hacia el des-escalamiento.

Mientras tanto, la opinión pública parece mantenerse alejada y relativamente indiferente, aunque habrá que esperar las próximas encuestas para corroborar o desmentir esta afirmación.

 razónpublica.com *  Andrés  Dávila Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Exdirector del Programa Presidencial para la Acción Integral Contra Minas (Paicma).

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