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Denuncia de un encubrimiento

Por Umberto Eco, L'Espresso

Umberto Eco (q.e.p.d.) Foto euro.mediotiempo.com

Cada vez me irrita más una expresión con que me topo en reportes parlamentarios, entrevistas, artículos de periódico y cosas por el estilo.

La gente dice que “cometió un error” cuando en realidad quiere decir que cometió un delito. Por ejemplo: “En el pasado pude haber cometido errores, pero ahora me voy a dedicar al trabajo voluntario”. O bien: “Si he cometido algún error, responderé ante el juez”. O un periodista puede decir que cierta persona “cometió un error” pero que debemos perdonarla.

Yo tengo la mala costumbre de consultar el diccionario cada vez que quiero comprender el significado pleno de una palabra. Un “error”, según el diccionario de la Real Academia, es “un concepto equivocado o juicio falso”, una “acción desacertada” o “una cosa hecha erradamente”.

A partir de esta definición parece claro que quienes “cometen errores” lo hacen involuntariamente. El contador que se equivoca al sumar una columna de cifras comete un error, como comete un error el cocinero que accidentalmente pone otros ingredientes en un platillo, o el médico que no acierta al diagnóstico de un paciente. En cada caso, la persona tenía la firme intención de hacer lo debido pero no lo logró, y en un principio ninguna estaba consciente de su error.

Sin embargo, hoy en día, con demasiada frecuencia se dice que delincuentes y asesinos han “cometido un error”, gente que practica la extorsión y recibe sobornos, hace uso ilícito de tarjetas de crédito ajenas, engaña a personas vulnerables y crédulas, gente que llega al grado de asesinar a su propia abuela con un hacha o a arrojarle ácido a la cara de su exesposa.

Pero, por supuesto, esa gente no solo cometió errores; hace lo que sabe que es contrario a la ley y a la moral pública. Comete un delito, para decirlo lisa y llanamente. En términos religiosos diríamos que “peca”, esto es, que intencionalmente hace el mal, aunque aquellos que se pasan un semáforo en rojo cometen una infracción venial y los que asesinan a su abuelita cometen una mortal.

Decir que malhechores reconocidos simplemente cometieron “errores” es un eufemismo desvergonzado que encubre su responsabilidad por sus acciones, como si fueran niños que descuidadamente sumaran dos más dos para tener cinco. Es criminal llamar “error” a un delito descarado.

* Última columna del autor de ‘El nombre de la rosa” y el “Péndulo de Foucault” , entre otros, antes de su muerte el 19 de febrero de 2016.

© 2016 Umberto Eco/L’Espresso

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