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Del presupuesto para la ciencia: No al recorte

Por Gabriela Delgado* (razonpublica.com)

Bajo el eslogan “Colombia sin ciencia, país en reversa”, decenas de científicos e investigadores colombianos tuvieron que salir a las calles para expresar su tristeza y su impotencia ante una absurda decisión del gobierno.

Un ahorro muy costoso

Este año el Gobierno Nacional proyectó una nueva reducción en los recursos para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Cerca de 158 mil millones de pesos menos para el 2018, con lo cual Colciencias queda con apenas 222 mil millones que deberán destinarse a las becas doctorales concedidas en años anteriores y a cumplir otros compromisos adquiridos.

Esos 158 mil millones son poca cosa en comparación con los 2,5 billones adicionales que se prevén para el sector de Defensa (no obstante los acuerdos de paz). Sin añadir que la ciencia ya aportó 1,5 billones para ¡la construcción de vías terciarias!.

Dicho de modo muy simple: no habrá dinero para ejecutar nuevos proyectos de ninguna índole.

Y aún peor: los esfuerzos financieros de años anteriores podrían perderse por la falta de recursos para llevar a cabo las tareas, ampliaciones o extensiones que requieren casi siempre los proyectos de Ciencia, Tecnología e Innovación, que por definición son ejercicios de mediano-largo plazo que no se limitan a un año calendario. Sí, se sacrifican los avances o los logros (así sean parciales, incompletos o modestos), que son cruciales para el avance del país aunque no siempre sean visibles en el corto plazo –y por supuesto no sean susceptibles de ser cobrados el día de las elecciones-.

En defensa de lo que no tiene defensa, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas afirmó que “en ciencia y tecnología con muy pocos recursos las entidades hacen mucho”. Esto -tal vez- podría ocurrir en áreas como la economía, donde no se necesitarían recursos significativos para cumplir todas las etapas de un proyecto avalado por pares académicos. En todo caso, en muchas otras áreas de la ciencia sí es necesaria y vital la inversión sostenida, significativa y a largo plazo.

A lo largo de la historia, las sociedades no mejoraron su expectativa de vida tan solo pensando, sin experimentar, por ejemplo en cómo combatir las plagas y las enfermedades infecciosas y mortales, sin explorar los agentes asociados; o cómo producir energía hidráulica o eléctrica imaginando los usos de los ríos, el sol o las velas. Quienes alcanzaron la luna –literalmente- lo han hecho de modo distinto a escribir poemas donde la regalan como prueba de amor.

Saber es la prioridad

Colciencias.
Colciencias.
Foto: Procuraduría General de la Nación

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) –donde Colombia desea ingresar-, plantea que países como el nuestro tienden a caer en “la trampa del ingreso medio”.

Esta trampa consiste en “la prolongada desaceleración del crecimiento que muchos países experimentan cuando se acercan a los niveles medios de ingreso per cápita. Esto se relaciona con la incapacidad de algunos países para reorientarse hacia un modelo de innovación y de producción más intensivo en conocimiento….La trampa prevalece especialmente en las economías latinoamericanas debido a deficiencias relacionadas con el Estado de derecho, las prácticas rentistas y las estructuras productivas menos centradas en las actividades intensivas en conocimiento”.

Pensamos en seguir viviendo de la renta a corto plazo y despreciamos el conocimiento. Sin embargo, hasta para el fracking se necesitan el saber y la capacitación. Eso que pretendemos como políticas de Estado y que no hemos sido capaces de lograr como sociedad, no es otra cosa que:

  1. Confianza en que la comunidad científica del país puede aportar a un desarrollo económico distinto del extractivista e hidrocarbonífero,
  2. Seguridad de que la ciencia es un negocio rentable – y de hecho el más rentable que ha existido en la ya larga historia de la humanidad-
  3. Y generosidad política para que nuestros gobernantes sean capaces de sembrar, viendo con grandeza como otro se cuelgue la medalla de lo que ellos empezaron.

El valor tangible del conocimiento: ejemplo, las patentes

Esas tres características de una política de Estado en Ciencia, Tecnología e Innovación, nos involucran a todos, incluyendo a un sector también incrédulo y corto-placista: el de los empresarios. Nuestros empresarios no arriesgan, solo viven la incertidumbre cuando compran en China o India y no les cumplen con las garantías. Y su participación política casi siempre se limita a  apoyar al partido o candidato que les prometa más ventajas tributarias.

Muchos empresarios desconocen que en Colombia contamos, como el mundo desarrollado, con un mecanismo para proteger conocimiento único e innovador: patentar. Estas patentes permiten a los empresarios tener la exclusividad sobre ciertos hallazgos, el privilegio del mercado, y una oportunidad de negocio excepcional. Muchas patentes se basan en los menospreciados artículos científicos.

Es frecuente oír decir que “los científicos no hacen cosas aplicables al mundo real, ¿para que le sirve al país tanto artículo científico?”. En los países desarrollados los científicos no deben explicar para qué sirven sus hallazgos, ni sus publicaciones, menos aún sus patentes. Son las empresas y los gobiernos quienes supervisan el qué hacer de las comunidades científicas (sus artículos) para buscar que se creen productos y servicios innovadores, atractivos y competitivos.

Mal negocio de Colombia

Manifestación en contra del recorte presupuestal a ciencias.
Manifestación en contra del recorte presupuestal a ciencias.
Foto: @unimedios

SCImago– el portal web de más alto reconocimiento internacional en la valoración de productos científicos- reporta una cifra tan aterradora como satisfactoria: 3,2 por ciento de la producción científica colombiana entre 2003 y 2015 está citada y referenciada en patentes en el exterior. Esos productos citados son artículos científicos, particularmente de las Ciencias Biomédicas, los cuales han aumentado a pesar de las condiciones de financiación.

Cabe resaltar que para salud existe el Fondo de Investigación en Salud (FIS), que si bien es co-administrado por Colciencias y Minsalud, no depende de las voluntades y prioridades del  ministerio de Hacienda -aunque ya lo usaron para pagar residencias clínicas que a pesar de ser importantes, no son investigación-.

¿Por qué no hay productos y servicios a disposición de las empresas colombianas y sí del exterior? El problema es que el conocimiento generado, que es valioso para otros, no lo es para el sistema productivo colombiano, que tiene muy poca capacidad de apropiación. Este es un mal general de Latinoamérica, que se ha acentuado en Colombia en los últimos años. Es innegable que hay conocimiento de alto valor en la producción científica colombiana, que lastimosamente es apreciado por las empresas de decenas de países del mundo, sobre todo los desarrollados, pero no por la empresa colombiana.

El conocimiento made in Colombia regresará en unos años transformado en productos y servicios con el sello y el precio de empresas extranjeras. ¿Dónde estará el olfato de negociante, la “malicia indígena” que nos permita ver la oportunidad de negocio en la Ciencia? Se estima que 1769 patentes concedidas en el mundo, tienen como base de conocimiento, los resultados de investigaciones colombianas (publicadas en los últimos 12 años).

Inversiones perdidas

Ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas.
Ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas.
Foto: Sistema de Medios Públicos

Muchas investigaciones son llevadas a cabo por estudiantes, que en Colombia o en el exterior, se forman con gran esfuerzo; hoy estamos jugando con sus ilusiones.

Este fue otro componente sui generis del plantón del 24 de agosto que encabezaron la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, y donde se expresó un muy serio sentimiento de responsabilidad social y moral con aquellos estudiantes.

A estos estudiantes se les exige, se les inculca el amor, la mística y el rigor de un magíster o un doctor, pero en realidad se enfrentan a un país sin oportunidades. ¿Qué les vamos a ofrecer como opción laboral a los becarios que ya están por graduarse en el exterior y que como requisito de condonación de la beca deben volver al país?

Conozco el  caso de una doctora que regresó y ofreció gratis su trabajo, a cambio de una constancia de cumplimento de labores científicas en Colombia, un “sacrificio” de un año, para saldar la deuda. Ella busca ahora oportunidades en el exterior, en el mismo país donde se formó con recursos colombianos.

Costa Rica por ejemplo, está reclutando doctores para incorporar a su sistema educativo y productivo. Muchos colombianos están buscando trabajo allí. ¿No es un pésimo negocio formar con dineros públicos personas que acabarán aportando al desarrollo de países ajenos?

No se trata de señalar culpables sino de encontrar argumentos. Si se trata de responsabilidades, somos los científicos y educadores los primeros que debemos asumir qué tanta culpa tenemos al recibir estudiantes tan solo porque tienen una beca, aunque sabemos que estos apoyos económicos no incluyen el recurso del proyecto. Aunque nunca es tarde, estamos despertando y eso es positivo.

Por esto y más necesitamos recursos, políticas y sobre todo confianza. Si el Gobierno confíó en las FARC y los ciudadanos anhelamos una Colombia en paz, por qué no darles a los científicos un voto de confianza y otorgarles un presupuesto adecuado. La ciencia es el mejor negocio, es una fuente inagotable de oportunidades que se mantiene con presupuesto y políticas de Estado, a prueba de egos y por encima de intereses políticos.

Directora del Departamento de Farmacia de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional, académica correspondiente, Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, presidente de la Asociación Colombiana de Programas de Farmacia (Ascolprofar) y exdirectora de Fomento a la Investigación de Colciencias.

 

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