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“Cura para el guayabo de la enfermedad holandesa”

Por José Manuel Restrepo, El Espectador, Bogotá

(altonivel.com.mx)

 

Mientras las autoridades monetarias recortan una vez más los pronósticos de crecimiento económico del PIB hasta llegar a 2,8%, y se deteriora la confianza de los consumidores y de la sociedad en general hasta el punto que el 74% ve con pesimismo el futuro de la economía, según la encuesta Colombia Opina, el dólar sigue imparable al alza en correlación inversa a los precios del petróleo. Estos hechos se suman a un deterioro en la balanza en cuenta corriente y, en general, de las cifras fiscales de la Nación, que ya nos llevan a la urgencia de más endeudamiento.

Todo lo anterior, quizás como premonitorio, fue lo que muchos anticiparon que podría suceder desde hace cinco años, cuando se anunciaba la aparición en Colombia de la enfermedad holandesa y sus posibles impactos posteriores. Para no ir muy lejos, uno de los codirectores del Banco de la República, Carlos Gustavo Cano, alertaba con preocupación a inicios de 2013 sobre cómo el petróleo representaba ya en dicha época el 70% de las exportaciones, 40% de los ingresos de balanza de pagos, 8% del PIB, 25% del recaudo fiscal y 85% de la inversión extranjera directa. Cano mostraba los primeros signos del deterioro en los precios de varios de los bienes básicos, así como el inicio en el desplome de la industria. Para esa época el peso era ya una de las monedas más revaluadas de América Latina y aparecían preocupaciones en el sentido de que no se aprovechara el momento para ahorrar recursos públicos que soportaran una situación difícil más adelante.

Algo similar expresaron la Asociación Bancaria, la Andi y líderes de opinión. El expresidente César Gaviria, por ejemplo, señaló en 2011 que en Colombia “ya había enfermedad holandesa”, y se atrevió a dar algunas recomendaciones.

Reconociendo la enfermedad que vivíamos, varios propusieron agilizar, a través de un plan de choque, los programas para aumentar en competitividad y productividad, así como unos avances concretos en materia de infraestructura, desarrollo industrial y una regla fiscal. De todo lo anterior, finalmente llegó tarde una nueva regla fiscal, y las inversiones recientes en infraestructura.

El escenario que enfrentamos hoy es el del guayabo de una enfermedad holandesa que no supimos administrar, controlar, vacunar o contrarrestar. El guayabo viene con devaluación desbocada, desequilibrio fiscal y deterioro en el aparato productivo en agro e industria.

Es ahora que se hace necesario volver la mirada a casos similares en Noruega, Australia o Canadá, quienes han tenido que enfrentar salidas a dicho problema. Erling Roed Larsen, investigador del Departamento de Estadísticas de Noruega en 2004, recomienda un paquete de medidas que no hemos cumplido recientemente en Colombia, tales como: crecimientos en los salarios básicos que no superen la productividad del trabajador, inversión creciente en investigación y medidas tributarias que apoyen el desarrollo empresarial. Y el investigador recomienda otras medidas sobre las cuales hemos avanzado en alguna proporción aceptable en Colombia, como: un esfuerzo creciente de recursos en educación y capacitación, una política contracíclica en ahorro público (que podría asemejarse a la regla fiscal) y la creación de algunos fondos de ahorro y estabilización.

Pero posiblemente el camino más recomendado en buena parte de la literatura de los países que han vivido dicha enfermedad es rápidamente hacer un esfuerzo activo y generoso de inversión en medidas que promuevan la competitividad, que fomenten la investigación, innovación y el desarrollo tecnológico y que eleven rápidamente la productividad en la economía.

A la luz de las experiencias internacionales, y tal como lo propone también el investigador Jorge Katz para países como el nuestro, el reto de crecer en una nación con potencial de recursos naturales, es con más innovación, conocimiento y valor agregado.

Un camino, entonces, para enfrentar la enfermedad holandesa en Colombia es prender de nuevo la locomotora de la productividad y la innovación. De paso, bien vale la pena revisar en lo que terminó el sistema de regalías que supuestamente venía a apoyar la investigación y terminó convertido en un reparto burocrático regional bastante más complejo e ineficaz.

 

 

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