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Cuatro años del TLC con Estados Unidos: ni pérdida ni beneficio

Por Sara Piñeros Castaño* - Martha Lucía Ramírez* (razonpublica.com)

Foto revistacorrientes.com

Compañías como la farmacéutica alemana Bayer mudaron su operación a México.

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Nuestras exportaciones aumentaron menos – y las importaciones aumentaron más- de lo previsto, pero esto no se debe tanto al TLC como a los cambios de la economía mundial. El error de Colombia ha sido abrir su mercado sin tener una sólida política industrial.

Una pregunta difícil
El domingo pasado se cumplieron cuatro años de haber entrado en vigencia el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos (EEUU), y por eso se oyeron otra vez las voces a favor y en contra del principal acuerdo comercial de Colombia.

Pero evaluar con rigor los resultados de un TLC es una tarea compleja por dos razones:

no es posible saber cómo habría evolucionado la economía en ausencia de este acuerdo, y
es muy difícil aislar su efecto del de otras variables relevantes como decir, el crecimiento económico, la evolución de la tasa de cambio, los precios internacionales o la demanda mundial de los bienes que cobije ese tratado.
Un punto de partida razonable sería entonces mirar la evolución del comercio bilateral, tener en cuenta el contexto y comparar los resultados con los de países similares, como sería el caso de México (cuyo TLC con EEUU está en vigencia desde 1994).

Un balance inicial
Pues bien: desde el 2012, cuando empezó a regir el TLC, se viene presentando una caída pronunciada de las exportaciones colombianas hacia EEUU y un aumento de las importaciones desde dicho país, lo cual explica por qué la balanza comercial pasó de un saldo positivo superior a 7.000 millones de dólares a uno negativo de casi 6.000 mil millones (Gráfica 1). Visto de esta manera habría que concluir que el TLC resultó perjudicial para nosotros.

Gráfica 1. Evolución del Comercio Bilateral Colombia – Estados Unidos (miles de dólares)

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Fuente: Datos DANE y cálculos propios.

Más todavía, al comparar 2012 con 2015 tenemos que las exportaciones de Colombia hacia EEUU han caído más rápidamente que las exportaciones hacia otros destinos y –también- que las importaciones desde EEUU aumentan mientras que las de otros países se reducen. Esto querría decir que a Colombia le ha ido especialmente mal con EEUU. Y no queda el consuelo de que hubiésemos importado sobre todo maquinaria de EEUU, porque estas no aumentaron.

El impacto del petróleo

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México es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos en la región.
Foto: Wikimedia Commons

La explicación de lo anterior tiene que ver más que todo con la composición de la canasta exportadora, pues en 2012 los combustibles y las piedras preciosas representaban el 74 por ciento de las ventas de Colombia a EEUU, y en consecuencia los precios del petróleo tienen un papel central en el comportamiento del comercio bilateral.

No es posible saber cómo habría evolucionado la economía en ausencia de este acuerdo.
La reducción de las exportaciones colombianas hacia EEUU ha sido tan marcada que logró mitigar el aumento de las importaciones provenientes de ese país, de suerte que el valor del comercio bilateral (suma de exportaciones e importaciones) bajó 30 por ciento y su participación en el PIB colombiano pasó de 14 al 8,7 por ciento entre 2012 y 2015 (periodo de vigencia del TLC).

Esto contrasta con lo que sucedió al entrar en vigencia el TLC entre EEUU, Canadá y México, puesto que los volúmenes de comercio entre estos países crecieron significativamente en los primeros años y, en particular, las exportaciones de México hacia EEUU mostraron un comportamiento muy dinámico.

Aunque los beneficios que proyectan los gobiernos al firmar los acuerdos de libre comercio no suelen cumplirse, en el caso de Colombia es evidente la brecha entre las proyecciones y los resultados, pues el gobierno esperaba un crecimiento adicional de un punto porcentual en el PIB de cada año, la reducción de dos puntos porcentuales en la tasa de desempleo y un aumento de 40,5 por ciento en el comercio bilateral.

Pero en defensa inicial del TLC habría que decir que comenzó a funcionar en un momento de desaceleración del comercio mundial y, en especial, de caída vertical en los precios del petróleo.

Tres procesos decisivos
Para explicar la reducción de nuestro comercio con EEUU es entonces necesario tener en cuenta tres aspectos centrales: las disparidades en el desempeño económico reciente de los dos países, los efectos de la política monetaria estadounidense sobre la evolución de la tasa de cambio, y el comportamiento de los precios del petróleo.

Respecto del primer punto, la lenta recuperación de la economía norteamericana a partir de la crisis financiera de 2008 contrasta con un periodo de buen desempeño de la economía colombiana a raíz del auge minero-energético entre 2012 y 2015. Por eso el crecimiento promedio anual del PIB de Colombia (4,2 por ciento) duplicó el de EEUU entre 2012 y 2015. Entonces, mientras que los colombianos gozaban de un creciente poder adquisitivo que les permitía consumir cada vez más los productos de EEUU, la demanda de los norteamericanos se encontraba deprimida, mitigando las potencialidades del tamaño de su mercado interno para los exportadores colombianos.
En cuanto al segundo punto, debido a la lenta recuperación de la economía norteamericana, ese país adelantó una política monetaria expansiva que consistió en reducir la tasa de interés a niveles reales negativos y en inyectar liquidez a los mercados financieros (compra de bonos). Estas medidas se tradujeron en la revaluación de la mayoría de las monedas del mundo frente al dólar hasta el año 2014; como producto de ello las exportaciones norteamericanas se hicieron más competitivas – y las exportaciones de Colombia se hicieron menos competitivas.
Solo a partir de 2015 se revirtió la tendencia anterior pues la Reserva Federal (autoridad monetaria de EEUU) suspendió las inyecciones de liquidez y comenzó a elevar la tasa de interés, de manera que la mayor parte de las monedas emergentes, incluyendo al peso colombiano, empezaron a devaluarse significativamente.

Respecto del tercer punto y como dije arriba, la reducción de la demanda externa de petróleo por parte de EEUU, conjugada con la caída de su precio en los mercados internacionales, tiene un impacto muy negativo sobre nuestras exportaciones al resto del mundo y, en particular, a EEUU.
Bajos estas circunstancias, Colombia pasó de tener un superávit comercial con el resto del mundo de 4.000 millones de dólares en 2012 a un déficit de casi 16.000 millones en 2015. Dicho de otra manera: el déficit comercial no es solo con EEUU, sino con el mundo.

El error
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Containers de carga en la bahía de Cartagena.
Foto: Jasperdy

Más todavía: cómo ha podido observarse durante el último año, una devaluación del peso colombiano no es suficiente para fortalecer la estructura productiva y aumentar las exportaciones, que dependen en alto grado de la demanda mundial.

En consecuencia, el error de Colombia consiste en tener una política comercial de apertura sin primero tener una política industrial y una definición de lo que nuestra economía tiene para ofrecerle al mundo. Habría sido -y sigue siendo – necesario comenzar por un análisis del potencial productivo local en sectores de alta demanda mundial y con buenas perspectivas de crecimiento a largo plazo, para entrar luego a elegir socios comerciales estratégicos.

Los precios del petróleo tienen un papel central en el comportamiento del comercio bilateral.
Los casos de China y México son bastante ilustrativos al respecto, pues el primer paso de estos países fue impulsar sus manufacturas y lograr costos competitivos antes de abrirse al mercado internacional. En lugar de eso – y antes del TLC con EEUU- Colombia tenía unas preferencias arancelarias unilaterales (ATPDEA) que le permitían buen acceso al mercado norteamericano y no es evidente que el TLC produjera beneficios adicionales.

Por otra parte – y aunque no hay consenso sobre la magnitud de los efectos o sobre quienes ganaron y perdieron en México a raíz de su TLC con EEUU- este país al menos logró desarrollar un buen modelo para negociar con otros países, tener avances en la electrónica, la industria aeroespacial, los químicos y los textiles, además de mejoras claves en el sector automotor haciéndolo más competitivo y moderno.

Lo anterior permitió crear empleos de mejor calidad, insertarse en las cadenas productivas internacionales, desarrollar una producción conjunta con EEUU para venderla en otros países y recibir importantes inversiones provenientes de Alemania, Japón y otras economías.

En el caso colombiano cabe preguntarse cuál es el sector que muestre beneficios de esta magnitud. El tratado de México lleva más de veinte años y el de Colombia lleva solo cuatro, pero al parecer cuando los resultados van a ser positivos no se hacen esperar. Nuestros negociadores argumentaban que Colombia se convertiría en el puente de exportación de otros países del mundo hacia EEUU, pero pasaban por alto que México ya lo era por su cercanía al mercado norteamericano y la buena calidad de su infraestructura de transporte. No en vano empresas domiciliadas en Colombia como Chiclets Adams y Bayer, trasladan sus plantas de producción a dicho país.

En conclusión,
Durante estos cuatro años no se han materializado las enormes pérdidas que anunciaban los detractores del TLC – pues este en apariencia se limitó a reforzar algunas de las tendencias prexistentes-. Aunque nuestras importaciones en efecto aumentaron, no provienen solo de EEUU sino de todas partes (por eso el déficit creciente de nuestra cuenta corriente).
Pero tampoco se han hecho realidad los enormes beneficios que pronosticaba el gobierno colombiano en términos de producción, empleo y comercio internacional. Para esto tendríamos necesidad de una sólida estructura productiva, que no se logra con los TLC ni con una tasa de cambio devaluada, porque el asunto no se reduce a lograr condiciones favorables. Después de todo, la tarea de política económica para la reestructuración y competitividad de la economía colombiana tiene que ir mucho más allá.

* Profesora de la Universidad de la Sabana y de la Universidad Nacional.

* Ex Ministra de Defensa y Ex Ministra de Comercio Exterior.

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