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¿Cuál defendería la democracia?

Por William Giraldo Ceballos

Imagen Canal Uno

Si gana Iván Duque, se consolidará una hegemonía que dejará a Colombia en manos del querer y parecer  político del uribismo.

La mayoría de las corrientes políticas perdedoras en la primera vuelta electoral corrieron hacia el Centro Democrático con la pretensión fundamental de no perder cuotas de poder, disfrazando su acción como “alianzas programáticas” que ya recibieron el rechazo -si se puede creer-  del candidato presidencial de la derecha que les “olió el tocino” burocrático  de los cínicos adherentes.

Ganando Duque y revisando la composición del Congreso, los poderes ejecutivo y legislativo quedarían en manos del expresidente Alvaro Uribe Vélez, quien es realmente el elector mayor hoy en día en el país.

Desde hace semanas se está gestando la presidencia del Senado en manos del senador Uribe, quien por razones de protocolo, será considerado presidente del Congreso de la República en algunas ceremonias y actos especiales como la posesión del nuevo mandatario de los colombianos.

Cada proyecto de ley para plasmar los ideales uribistas encontrarían el terreno abonado por liberales, conservadores, resanderos y demás grupos  políticos vergonzantes, arrimados al sol que más caliente.

No habría tampoco oídos para las minorías y dentro de ellas se enmarcaría el propio poder judicial, amenazado desde el ejecutivo hasta hace menos de diez años.

El uribismo representado en Iván Duque no renuncia a su pretensión de  establecer una sola corte, para cortarle las alas al Consejo de Estado que frena los abusos de quienes investidos de poder falso o cierto afanan los presupuestos y las instituciones o van más allá de las funciones asignadas por la ley para cada cargo público. Para acabar también con el control que ejerce la Corte Constitucional sobre leyes y decretos que vayan en contravia de  la Carta Política o la supresión de una Corte Suprema de Justicia que, amenazada y paquidérmica, avanza sin embargo en los ya incontables procesos judiciales contra Uribe Vélez y sus escuderos.

Duque solo ha gobernado en su casa.

Los poderes Ejecutivo y Legislativo concentrados en una sola cabeza, es lo que más se parece al castrochavismo que tanto  asusta al onanismo político de la clase dirigente tradicional.

La alternativa realmente democrática parece ser la de  Gustavo Petro.

Gustavo Petro, gobernó como alcalde de Bogotá hasta donde se lo permitieron los empresarios y contratistas que financiaron un Concejo Distrital de oposición a todo lo que afectara sus intereses y para vengar el daño que se le estaba haciendo desde el edificio Liévano a la corrupción institucionalizada en cuanta obra o servicio se comprometiera  la administración de la ciudad.

Los tradicionales líderes políticos  son de clase muy alta, del estrato 6 en adelante, y viven en exclusivos sectores del norte de la capital y por eso no han visto las razones del éxito electoral de la centro-izquierda: Antanas Mokus, Luis Eduardo Garzón y  Gustavo Petro  llevaron la acción del gobierno  de Bogotá a los lugares de la ciudad  a donde nunca había ido: llevaron educación con megacolegios, salud con una red hospitalaria intercomunicada y casi bien dotada; acción social para los pobres y los ancianos con comedores comunitarios; recreación  con la dotación de juegos y canchas deportivas en los parques, cultura, empleo, transporte…

Clientelismo, sí, pero con pobres.

¿Por qué el miedo a la izquierda en Colombia, si al lado de Uribe “la revolución social” de Alfonso López Pumarejo cincuenta años antes, fue un avance que él destruyó con la ley cien?

Elegido Petro, ahí sí habría  oposición desde el Congreso y los congresistas obedecerían y se opondrían a muchas iniciativas y dilatarían debates para hundir los proyectos de origen oficial.

Podría Petro hacer uso de herramientas  constitucionales como los Estados de Excepción para dictar decretos con fuerza de ley para consolidar la paz y así saltar los obstáculos que le ponga la “manguala” arribista tradicional, pero no podría ejercer el autoritarismo que le atribuyen, porque sus acciones estarían sometidas al control del poder judicial a través de la Corte Constitucional.

¿En cuál  de las dos fórmulas presidenciales habría democracia?

Como lo dice Antanas  Mokus es mejor “apoyar la paz y equivocarse que apoyar la guerra y acertar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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