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Crecen los desastres

Por Jorge Eliecer Castellanos

univisión.com

En las últimas décadas, Haití, Chile, México, Italia, Japón y muchos otros países del mundo han padecido constantes fenómenos de movimiento de la corteza terrestre que les han implicado pérdidas materiales enormes aparejadas con miles de muertos y heridos como las que hoy estamos pavorosamente observando en Nepal que superan las 2.300 víctimas fatales. ¿Qué fenómenos se están desatando en nuestros días?, puede ser la lógica pregunta que nos asalta con estupor inevitable.

Ciertamente, la dinámica de los bloques tectónicos terrestres sigue en desplazamiento continuo y está provocando mayores rompimientos de las placas continentales a lo largo y ancho del mundo, principalmente en el cinturón de fuego del pacifico y en zonas críticas como las cordilleras del Himalaya y en los sectores surcontinentales de América. Hay evidencia de formación de nuevos bloques producto del estrujamiento de las placas de Cocos y Nazca con el continente americano, en lo que respecta al hemisferio occidental, y el planeta continua acomodándose, aquí y en medio y lejano oriente, día tras día y hora tras hora. Los geofísicos del mundo así contemplan y explican estos fenómenos no solo de terremotos sino tsunamis y volcánicos. Las tierra hierve por sus cuatro costados.

Vemos los terrícolas que tiembla todos los días en zonas de alta sismicidad en diversos países y se agita la dinámica del empuje de los continentes sobre placas tectónicas y viceversa, de manera inexorable.

Retrotrayéndonos un poco en la historia, 2000 años atrás, encontramos que Jesús, el Rey de Reyes, poco antes de su muerte, predijo sucesos y condiciones que probarían que este mundo habría entrado en “la conclusión del sistema de cosas”. Explicó que sería una etapa marcada por pestes, escasez de alimentos y guerras de alcance mundial, y que “en un lugar tras otro” ocurrirían “grandes terremotos” (Mateo 24:3, 7; Lucas 21:10, 11). ¿Haría referencia, entonces, a nuestra época?

Es conveniente anotar que el cumplimiento de la profecía consiste en que se presentarán grandes terremotos en un lugar tras otro. Además, reiteró el Nazareno que estos insucesos indicarían el “principio de dolores de angustia” (Mateo 24:8). Claro está que las angustias no se marcan a escala de Richter, sino por sus gravísimas consecuencias sucedidas a las personas y su género de bienes.

Aunque se hacen grandes esfuerzos por proyectar diseños poderosos de construcciones sismoresistentes ante el embate de la naturaleza nadie queda bien librado. Muchos dicen que Dios perdona, pero que la naturaleza no y que finalmente termina presentando su cruel factura.

En realidad, dicen expertos, que estos terremotos forman parte de un patrón constante que se ha visto desde 1900, cuando comenzaron los registros geológicos. Conforme a las estadísticas del Servicio de Inspección Geológica de Estados Unidos (USGS) los registros muestran que desde 1900 ha habido cada año en el mundo unos 18 terremotos “importantes” (con una magnitud de entre 7,0 y 7,9) y un “gran” terremoto (de magnitud 8,0 o mayor). Cifras, por demás, aterradoras y alarmantes.

Consideran los científicos que “Los terremotos son procesos condicionados en el tiempo en cada zona y si vemos la distribución a escala global podríamos considerarlos como un proceso aleatorio”, es decir que a ciencia cierta no sabemos dónde nos pueden sorprender. Lo que sí es un hecho, enfatizan los especialistas, es que estos fenómenos son cada vez más devastadores. Pero no solamente porque la tierra se sacude más, sino también por el crecimiento poblacional en zonas de riesgo geológico-tectónico.

Vale acotar que la percepción de que estos fenómenos están en aumento y que cada vez son más destructores se debe a que el público sólo se entera de los terremotos que devastan a zonas pobladas, como en el caso de Haití y Chile. No obstante, el Centro Nacional de Información de Terremotos del USGS actualmente detecta entre 12.000 y 14.000 sismos cada año -unos 50 por día- y muchos de estos de grandes magnitudes.

“A escala global, los terremotos destructores -que son los que hacen “noticia”- a veces parecen agruparse en el tiempo porque ocurren en zonas pobladas” explica el científico Francisco Vidal. “Pero hay ocasiones en las que ocurren más terremotos y no necesariamente son tan destructores porque no tienen un efecto en las personas”, puntualiza.

Hace sólo unas décadas el mundo no se enteraba de un gran terremoto en China o Indonesia, por ejemplo, sino hasta unos días o semanas después de que había ocurrido. Y para entonces la noticia quedaba relegada a las páginas interiores de los diarios, si acaso se informaba de ella. Hoy en día, gracias a la internet, las redes sociales y los noticieros de 24 horas, la información puede llegar a todo el mundo de forma inmediata, en tiempo real. Se ha logrado hoy a detectar más estos fenómenos debido al incremento en el número de estaciones de sismógrafos en el mundo y al mejoramiento en la comunicación global.

Es más, en 1931 operaban en el mundo 350 estaciones, según el USGS. Actualmente, hay más de 4.000 sismógrafos y los datos que recogen pueden viajar rápidamente a través del planeta vía satélite, computadoras e internet. “Las estadísticas geológicas nos dicen que los grandes terremotos, como este de Chile o el de Sumatra de 2004, son fenómenos que ocurren con una frecuencia de uno cada año”, explica el profesor Vidal. “Pero también pueden pasar cinco años sin ningún terremoto fuerte y después puede que ocurran cuatro o cinco seguidos en diferentes partes del mundo”.
Los desastres siguen creciendo en esta época del mayor de los desastres: la intolerancia y la degradación humana, tal como lo predijo el Mesías quien envía igualmente su consuelo y su favor: “Y oiréis de guerras, y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es menester que todo esto acontezca, pero aún no es el fin”.

Mientras todo esto acontece, hoy vemos por las cadenas de televisión el registro de más de 2.300 muertos, miles de heridos y numerosos edificios destruidos que se reportan desde Nepal, luego de que un sismo de magnitud 6,7 sacudiera el centro del país. Los esfuerzos de rescate se intensifican en el país asiático, que trata de recuperarse tras el sismo más fuerte de los últimos 80 años. Muchos países y organizaciones internacionales han ofrecido ayuda a Nepal para que pueda lidiar con el desastre. ¿Dónde será el próximo?.

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