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CORTO Y PUNTUAL: Vajilla y mina de gravilla

Por Diego Calle Pérez, profesor e investigador social independiente

banrepcult.com

La vajilla nunca se compró. La gerente de Empresas Públicas renuncio. El concejal que ataca y cuestiona era senador para ese entonces, fue doliente, pero no mártir. No se pudo hacer la adquisición por los controles de la veeduría ciudadana.

Era un contexto político muy sensible para la ciudad. Había campaña en pleno debate electoral. La vajilla tenía un costo que para la época era un escándalo de mucha monta. Cien millones de pesos, toda completa, plato pando, plato hondo, plato de postre, cuchara, cucharita y tenedor. Los pocillos se hubieran podido endosar para los que llegaban a servirse de lo público. Ni sirvieron el buffet y después hizo falta para los capuchinos.

La vajilla fue el florero y no del famoso Llorente. Todo se valía para hacer de la campaña un desprestigio a quien administraba y gobernaba. Los concejales no sumaban en manada, sino en bancada. Medellín como vamos, presentaba comentarios como en hípica, pero no balances. Todo era aprovechado por los que estaban en campaña, para hacer de su participación la mejor razón para sumar más electores. La sorpresa fue abrumadora. La ciudad cambio y se denominó: Medellín, la más educada. Se emprendieron obras que se continuaron y se ampliaron de la administración anterior. Se olvidaron a los pocos años de la vajilla.

Todo fue un sainete de campaña electoral.

La mina de gravilla es como la vajilla. Nadie daba un peso por el morro en Santa Rosa de Osos. Ni el propio dueño de las vacas del Norte Antioqueño, le presto interés a tan llamativo negocio. Demoras y trámites para una firma en busca de ser explotada, tal vez con asesoría de ingeominas, pero no con fines de exportación. El señor dueño de los terrenos de la mina de gravilla, tardo más de doce años en ver con licencia su morro sin antes tener mucha importancia. Hoy es la más cotizada.

Por la firma de la licencia empieza un proceso largo y tedioso en el país del nunca jamás. Los implicados en el asunto argumentan y justifican a su manera. El ente que vigila solo hace eventuales conjeturas. Nadie tiene nada concreto. El careo esta entre los enemigos del proyecto a futuro.

Campaña a la Presidencia. Otros esperan en butaca la gran noticia. Inhabilidad o revancha. Aunque se niegue a quien le sirvió en alguna oportunidad en una lista de la selección Colombia, lo importante es la coherencia. Todo vale en la conciencia de la nueva forma y estilo de hacer política.

El lema de campaña es la transparencia y la lealtad de quien sirve de Gobernador por la Antioquia, la más educada.

La vajilla se olvidó, las campañas empiezan aceitar la aventura y la desventura, la mina de gravilla tiene licencia, quedando muchos cuestionamientos solo en plena campaña, muy pronto todo se archiva en el sumario.

Y en palabras de Darío Echandía, no confundamos a Dinamarca con Cundinamarca. Eso sí guardando las debidas proporciones entre los competidores entre alcaldía y gobernación de Antioquia.

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