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CORTE Y RECORTE: La “señita”

Por Oscar Alarcón Nuñez, Ambito Jurídico

Imagen guayoyoenletras.com

 

Colombia es un país de “señitas”. Durante la hegemonía conservadora los arzobispos desde los púlpitos hacían la “señita” para que el pueblo votara en favor de un candidato para presidente. Así salieron elegidos José Vicente Concha, Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía Méndez. Para las elecciones de 1930, monseñor Ismael Perdomo hizo originalmente la “señita” en favor de Alfredo Vásquez Cobo porque le habían dicho que el poeta Guillermo Valencia era masón. La orden la desconocieron otros prelados quienes ordenaron votar por Valencia. Tal parece que desde el más allá (o por orden del Supremo Arquitecto del Universo) lo indujeron a cambiar de opinión y dio una contraorden, que en este caso sería una contra-seña: votar por Valencia. Puso a dudar al electorado y se metió por la calle del medio Enrique Olaya Herrera, quien ante la “señita” de los liberales se vino corriendo en bajada, desde Washington, para asumir la candidatura de un partido que estaba proscrito de gobernar. Gracias a un conservatismo dividido entre Vásquez y Valencia, Olaya resultó ganador. Desde entonces al “gran elector” lo bautizaron monseñor Perdimos.

Cuando no había vicepresidente sino designado, era costumbre que el presidente hiciera la “señita” para que el congreso eligiera designado. Así lo fueron Darío Echandía y Alberto Lleras, de López Pumarejo; Roberto Urdaneta Arbeláez, de Laureano Gómez; José Antonio Montalvo, de Guillermo León Valencia; Rafael Azuero Manchola, de Misael Pastrana Borrero; Indalecio Liévano, de López Michelsen, entre otros. Carlos Lleras no hizo la “señita” y el Congreso le escogió, contra su voluntad, a Julio César Turbay. Igual sucedió con el mismo Turbay Ayala quien, siendo presidente, al no querer hacer la “señita”, la designatura se la disputaron Víctor Mosquera Chaux y Jorge Mario Eastman. Ganó el primero porque el segundo no vio lo que venía.

En las presidenciales que acaban de pasar hubo “señita”. El país eligió “al que diga Uribe”. 

Ahora quienes hacen “señita” son los aspirantes a llegar al gobierno. Cada cuatro años pasa lo mismo. Cuando López Michelsen llegó a la Presidencia, uno de los que decía ser de sus amigos cercanos, ansioso de que lo nombraran, fue a donde el mandatario.

–Presidente, todos dicen que me va a nombrar pero ya ha escogido, ministros, gobernadores (en esa época los designaba) y nada.  ¿Qué hago?

“No hay problema, diga que lo nombré pero que no aceptó”, le respondió López con el sarcasmo que lo caracterizaba.

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